¡Me aburro!

¡Me aburro! Licenciada Susana Passano. Psicopedagoga-Psicoanalista (especialista en atención niños y adolescentes. Orientación a padres e instituciones educativas).

Para comenzar quiero decir que me gustaría tratar este tema considerando algunos modos posibles de pensarlo.
En primer lugar, es frecuente escuchar a los niños en las escuelas, en los hogares, reclamar a sus padres o maestros cuando sienten que se aburren.

Siempre hay que escuchar cuando un niño dice “me aburro” porque puede querer decir: “mírenme que me siento solo”, “quiéranme porque siento que no me quieren”, “no sé que me gusta”, “no se que quiero hacer con mi tiempo libre”, o tantas otras cosas más.

Entonces, escuchar cuando esta demanda o reclamo se hacen presentes en las palabras de un niño porque sin duda está dirigida a otro y siempre que de alguna manera nos dirigimos a otro es porque esperamos que ese otro nos responda. Ahora bien, que el otro nos responda no significa necesariamente que satisfaga la demanda tratando en este caso, por ejemplo, de divertir, por eso la respuesta puede ser simplemente el reconocimiento de un estado de cosas; aburrirse es posible, sucede. Podemos decir: cuando yo era chico también a veces me aburría, a mí eso también me pasaba, tus hermanos también se aburrían, ahora que soy grande a veces, me aburro; esto abre la posibilidad de organizar un relato sobre la historia familiar de ese padre o de esa madre o de los hermanos. Además de hacerle saber al niño que eso que le pasa puede ocurrir y que también él solo puede resolver.

Por lo tanto, lo mejor es continuar con ese intento de conversación que se inicia ante la demanda: “¡me aburro”!. Entonces diremos: ¿qué es aburrirse?, ¿qué te aburre?, por qué te aburres? ¿Cuándo te pasa eso? ¿Qué sientes cuando eso te sucede?, en fin, cada situación abrirá el intercambio de diferente manera.

Otro modo posible de pensar el tema es ubicarlos en algunos contextos escolares:
“Ese cuento me aburre”, puede decir que la maestra no es una lectora atrayente, o que el cuento no interesa o que ya lo conoce.
“No quiero hacer esa actividad porque me aburre” puede manifestar que esa actividad no responde a los intereses del alumno.
En esta situación la escuela, representada por la maestra debería escuchar para reflexionar sobre la cuestión y ubicar las posibles causas para hacer más grata la vida en el aula, tanto para niños como para maestros.
La maestra debe escuchar esta demanda y diferenciar si se trata de un reclamo de un niño o de una parte del grupo de aula o bien de todo el grupo. Y aquí es posible interrogar sobre cuáles son las cosas que aburren, qué es aburrirse y abrir el camino para contar historias escolares.

Podemos preguntar, ¿por qué no aburrirse ante algún trabajo escolar? o ¿es que deben ser divertidos?¿Es que siempre trabajar es divertido?
¿Cómo definir el valor de una tarea escolar, sólo a través del valor aburrido-divertido? ¿No es una variable pobre y absurda para definir el valor de una tarea?.

Y una reflexión más para ampliar el tema nos lleva a pensar en esta cultura del mercado, consumista, posmoderna, que intenta ponernos en situación de diversión, placer, ego, que pretende que creamos que la felicidad es tener y estar contentos, parecería entonces, que esos momentos de aburrimiento, en los que “la nada” invade no se pueden tolerar o atravesar, por lo tanto hay que evitarlos.

Precisamente ese vacío puede inaugurar algo nuevo, y por lo tanto creado, creativo.
¿Por qué los niños creen que deben divertirse si realizan actividades que requieren concentración y esfuerzo para resolverlas?
Si lo creen es porque también nosotros así lo pensamos.

Licenciada Susana Passano

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Psicopedagoga-Psicoanalista
Especialista en atención niños y adolescentes. Orientación a padres e instituciones educativas.
Consultorio en Belgrano. C.A.B.A.
Cabildo 1370 PB
TEL 4786-3672 – 15 3624 4400

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