La Lechuza y la Luna


¡Qué triste está la Lechuza,
porque no puede volar!
¡Hay sus espejuelitos,
ya los tiene que cambiar!.

“Entre señora Luna,
a mi cueva”, suplicó,
pero la Luna dormía,
y a su amiga no escuchó.

Y cuando el sol despertó,
a la reina de la noche,
la lechuza, sin reproches,
al astro sol saludó.

Fin

Del libro: «Rimando con los niños»

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