El gatito Pitusín

El gatito Pitusín

El gatito Pitusín. Mercedes Martínez “Morimó”. Escritora española, Poesía infantil.

Una vez tuve yo un gato,

blanco… rubio… chiquitín,

el rabo era así de gordo,

Y por nombre yo le puse… Pitusín.

¿De qué os reís…?

¿O es que un gato no puede llamarse así?

Mi gatito era pequeño, travieso, intrépido y juguetón.

Saltaba, brincaba, acechaba,

astuto no paraba de hacer trastadas,

metido siempre en un cajón.

Hacía muy lindas piruetas,

en el aire o en la alfombra,

agazapado o debajo de la mesa.

Mientras que enredaba escondido,

y metido entre mis madejas.

Las sacaba picaron una a una de la cesta,

mi minino… ¡Era todo una pasada!.

Acostumbraba mi gato,

a dormirse en un sillón,

todas las tardes en casa,

acurrucado en cualquier rincón.

Mientras calentaban su lomo,

todos los rayitos del Sol.

Allí dormía tranquilo, haciéndose el remolón.

¡Qué morrongo era mi gato…!

Y también que tunantón.

Dormitando hacía su siesta,

Rempantingado (=comodón)en el butacón.

Aquella tarde a mi casa,

llegó una vieja amiga de mamá,

a tomar un té con pastas, y algunas golosinas más.

También para hacer mucho palique (=tertulia),

o simples cotilleos nada más.

La señora era muy oronda,

y también estaba sorda,

pero lo peor, lo peor… de todo,

¡Tan cortísima de vista…!

¡Que no veía hasta allá!

Entra la vieja en la sala,

con las gafas sin poner, y sin enterarse siquiera,

en el sillón de mi gato… ¡Pumba!

Va, y se dejó caer.

Siempre que lo cuento lloro,

no lo puedo resistir,

aplastó a mi pobre gato,

espachurrándole las costillas,

por delante y por detrás, dejándolo muy chafado,

en el consabido sofá.

¡Ay! ¡Que penita madre! ¡Madre!

¡Que penita tengo! ¡Malayase la vieja gruesa!

¡Pobrecito… Pitusín!

Y colorín, colorín…

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ya he llegado sutilmente hasta el… fin

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