Inspirado en la novela de Susan Vreeland “La Pasión de Artemisa” la artista más importante del Renacimiento.

Atada de manos
ahí presente estaba,
la sibille aguardaba
el momento exacto.

Apretando mis sienes.
Apretando mis manos.

El inquisidor inmóvil
con la soga en alto.

¡Che Dio mi salvi!, rezaba
cuando el mundo giraba alrededor mío.

¡Madre di Dio!
¡qué tormento me aguardaba!

Juicio y tortura
era el modo de honrar
la dignidad femenina.

Apretando mis sienes
dejaba pasar imágenes
por mí elegidas
para no sentir la infamia,
cobardía y miseria
de la vanidad masculina
que allí se cernía.

Fin

Poesía sugerida para jóvenes y adultos

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