Amamantar más allá del año

Amamantar más allá del año

Amamantar más allá del año. Consejos sobre lactancia.

 

Aquellas madres que han amamantado a sus hijos dos, tres, cuatro, o más años, concuerdan en la sensación de absoluta naturalidad con la que la relación de lactancia se sostuvo en el tiempo.

Es probable que estas madres no puedan ni pensar en la posibilidad de no amamantar a un hijo de, digamos, dos años. Es que amamantar más allá del año es una experiencia tan vital e íntima, como natural. Durante siglos y siglos, y en especial en determinadas culturas, la edad promedio de destete de los niños estaba más cerca de los 4 o los 6 años, que del año o los 6 meses como estamos socialmente condicionados a considerar normal.

Quizás la clave más intensa en este tema sea la posibilidad de mirar a nuestros niños. Son ellos los que nos dan la pauta de cuándo la necesidad de seguir de esta forma vinculados con su mamá, va desapareciendo. Si nos animáramos a seguir más sus pistas y sus señales (y eventualmente sus palabras), es probable que la edad promedio de destete se acercaría a lo que mencionábamos antes: quizás a los tres, quizás cerca de los cinco años.

Desde esta óptica, no sería necesario enumerar los beneficios de amamantar a nuestros “bebés mayores” y a nuestros niños pequeños. Simplemente el beneficio sería estar respondiendo a una necesidad muy genuina y natural que se despierta en ellos el día que nacen, y se va transformando gradualmente a lo largo de los años, muchas veces sin desaparecer del todo hasta la edad pre-escolar.

De todas formas vale recordar la sugerencia que hace la Organización Mundial de la Salud sobre la necesidad de amamantar a los niños durante dos años por lo menos, y luego de estos dos años todo el tiempo que madre e hijo consideren necesario o placentero.

Es que los beneficios de amamantar a estos niños son muchos. En cuanto a la incidencia en la salud física, existen investigaciones científicas que demuestran que aquellos niños mayores de 2 años que continúan lactando, se encuentran mejor protegidos contra enfermedades infecciosas, o lidian mejor con cuadros de este tipo. Esto es especialmente relevante en sociedades con escasos recursos económicos.

Por otro lado, cualquier niño, cuando se enferma, se beneficiará del tipo de contacto único que ofrece la relación de lactancia. Y toda madre de un niño que se enferma sabe que tener un recurso poderoso para calmarlo y contenerlo, es de un valor enorme.

Sabemos también que amamantar más allá del año es una forma muy efectiva de evitar o demorar la aparición de alergias. La necesidad de succionar es algo muy presente en los niños pequeños, de forma que sucede a veces que cuando algunos se destetan adquieren o hacen más frecuente el hábito de “chuparse el dedo”, algo que suele redundar en contra de una sana alineación de la dentadura.

Amamantar a demanda a nuestros niños, los ayuda a saciar esta necesidad de succión sin tener que recurrir a hábitos que puedan ser nocivos.

Quizás el beneficio más profundo que tiene el amamantamiento de bebés mayores es el de la alegría que produce tanto en el niño como en la madre. Cuando esto es así, la intimidad y la sensación de seguridad que generan la sana relación de amamantamiento, en la que la madre respeta la necesidad del niño, y puede hacer ésto disfrutándolo, es de un valor que perdura para siempre.

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Fuentes: Norma Jane Bumgarner, “Mothering your nursing toddler”. La Leche League International.
“El arte femenino de amamantar”. Liga de la Leche.

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