El Milagro de la Virgen del Pilar, en Calanda

Por Carlos Cebrián González. Leyendas

Leyenda: “Milagro de la Virgen del Pilar en Calanda (Teruel)”. Por Carlos Cebrián González, escritor e investigador histórico nacional español.

El Milagro de la Virgen del Pilar

El milagro de la Virgen del Pilar de Calanda

El 27 de abril de 1647 el arzobispo don Pedro Apaolaza, dictaba sentencia positiva. Declarando oficialmente que a Miguel Juan Pellicer Blanco, le había sido restituida de forma prodigiosa y milagrosamente la pierna derecha, amputada por los cirujanos dos años antes, en el Hospital de Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza.

Con este veredicto eclesiástico se concluía un proceso complejo, que el arzobispo Apaolaza, había presidido como Juez único. Asesorado por un equipo de ilustres teólogos y juristas, escuchando pacientemente, desde el 5 de junio de 1640, en el que se inició el mismo. Al beneficiado con dicho milagro de Nuestra Señora la Virgen del Pilar, Reina de los Ángeles, el citado Miguel Juan Pellicer y los testimonios de otros veinticuatro testigos.

Todos los datos relacionados con el milagro, estaban especificados en una Célula de 33 artículos, que le entregaron al doctor Juan Perat, vicario general y oficial eclesiástico principal del Arzobispado. Los tres ilustres juristas elegidos entre los miembros del Consejo Municipal promotor del proceso. Estos fueron: Micel Felipe de Bardaxí, catedrático de Prima de Cánones, micer Gil Miguel Fuster, catedrático de Prima de Leyes y el doctor Miguel Ciprés, Fiscal de S.M. en el Reino de Aragón.

Un milagro incomparable

Resulta muy difícil explicar en breves palabras, un milagro tan singular y archiconocido como es el de Calanda. A grandes rasgos diré, basándome en los datos del Proceso Canónico, que sobre las 10 ó las 11 de la noche del Jueves de Pasión de 1640, concretamente en el día 29 de marzo de dicho año. Cuando la madre de Miguel Juan Pellicer, en su domicilio de Calanda (Teruel), fue a ver si su hijo dormía. Al taparlo observó que asomaban dos pies de la capa que le abrigaba…

¿Cómo podía ser lo que veía, si al joven le había sido amputada su pierna derecha, cuatro dedos por debajo de la rodilla, dos años antes, a consecuencia de un grave accidente, que había sufrido?

Miguel Juan, les contó a sus padres, Miguel Pellicer Maya y María Blasco, que estaba soñando. Que se encontraba en la Capilla de la Virgen del Pilar en Zaragoza, como lo había hecho realmente tantas veces. Durante su convalecencia en Cesaraugusta, ungiéndose el muñón con el aceite de las lámparas, que ardían en la misma. Entonces el cabeza de familia le dijo a su vástago:

“—Dale infinitas gracias a la Virgen del Pilar, tu abogada, porque esta Señora te ha curado y restituido tu pierna”.

El muchacho atónito al ver que efectivamente tenía las dos piernas, no daba crédito a lo que le sucedía. Tal vez se creyó en esos momentos de sorpresa que era víctima de un sueño maravilloso del que no podía despertar. Al darse cuenta de que había sido protagonista de un milagro, comenzó a loar a la Virgen. Y los tres, llorando de felicidad, rezaban y gritaban jubilosos, por el hecho sobrenatural, que le había sucedido a Miguel.

Dice también el Proceso que, después del milagro, quedó el ambiente impregnado de un grato aroma. Continuó bastante tiempo en la estancia, como signo evidente de la intervención celestial.

¿Cómo perdió su pierna, Miguel Juan?

Buscando información en la Historia, debo señalar que Miguel Juan era el segundo de los ocho hijos, de una familia modesta de agricultores. Obligado por las circunstancias económicas desfavorables, a los diecinueve años se fue a Castellón, a trabajar a casa de su tío, Jaime Blasco.

Siendo criado en la hacienda de su tío y conduciendo un carro en el que transportaba una carga de trigo. Cayó desde una de las mulas que tiraban del mismo y fue arrollado por una rueda del carruaje, que le destrozó la pierna derecha al fraccionarle la tibia por el centro de la misma.

He de señalar, que a pesar de que era analfabeto, tenía una sólida formación sacramental. Esta se basaba precisamente en los sacramentos de eucaristía y confesión, que en los momentos cruciales de su vida recibió. Como cuando llegó herido de Valencia y al llegar a Zaragoza, lo primero que hizo fue dirigirse al Pilar donde confesó y comulgó. Él era muy tenaz y tuvo siempre un profundo sentimiento de libertad.

Para definir caracterológicamente a Miguel Juan. Es preciso resaltar que a pesar de ser el protagonista de un milagro de la Virgen del Pilar, él se mantuvo en un segundo plano, sin querer ser una reliquia viva, ni que lo presentaran como santo en la Basílica del Pilar.

Este hecho prodigioso no cambió su vida y he de mencionar que fue en el año 1647, cuando lo situaremos en Mallorca, acompañando al recolector de limosnas de la isla para el Pilar.

Pero además él era un mozo que seguía frecuentando las tabernas. Su muerte acaeció, entre los años 1654 a 1659 y terminó siendo un modesto empleado en el Pilar, que atendía las lámparas y afinaba el órgano. En definitiva podemos definirlo como un hombre de carácter simple y lineal.

Personajes importantes de este milagro

Indagando en la Historia, he encontrado personajes que tuvieron un papel destacado, como testigos de la amputación de la pierna de Miguel Juan, que a continuación les enumero:

El cirujano que le amputó su pierna fue don Juan Estanga, miembro de la Cofradía de San Cosme y San Damián, catedrático de Cirugía y que ejercía su labor en el Hospital de Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza.

El segundo cirujano que intervino en la amputación fue don Diego Millaruelo y aún hubo otro tercer cirujano, don Miguel Beltrán, que no pudo participar en el Proceso del Milagro de Calanda, al encontrarse gravemente enfermo, falleciendo poco después.

Don Juan Lorenzo García fue el practicante, que llevaba los cauterios para cortar la hemorragia durante la amputación de la pierna del joven, a una altura de cuatro dedos por debajo de la rodilla. Siendo también el encargado de enterrarla en el cementerio del Hospital de Gracia, a finales de 1637. Es decir, dos años y cinco meses, antes de que la Virgen se la restituyera milagrosamente.

Otros personajes de esta historia singular

Supe también en el curso de mis investigaciones, que Miguel Juan, cuando disponía del dinero suficiente, iba a comer y a dormir al Mesón de Tablas. Ubicado en el Trenque, situado en la actual Plaza de Sas de Zaragoza, en la que es hoy la calle de Alfonso I.

Importante es señalar que en el Jueves de Pasión de 1640, Miguel Juan tuvo que cederle su cama a un militar perteneciente a una de las Compañías del Ejército del Rey, en tránsito para Cataluña, que tenían alojado en su casa.

En esa noche se encontraban en la casa de los Pellicer, dos vecinos: Miguel Barrachina y su esposa, Úrsula Means, quienes participaban con los padres de Miguel Juan, en una animada velada.

El joven, protagonista de este milagro, tras dejar en la cocina su pierna artificial de palo y los paños de la misma, con dificultad, casi arrastrándose, llegó hasta el aposento de sus padres donde iba a descansar en un improvisado y humilde lecho.

Cuando se fueron los citados vecinos a su casa, la madre quiso tapar a su hijo. Entonces se dio cuenta de que asomaban dos pies debajo de la capa que le abrigaba… ¿Qué podía haber sucedido si él era cojo y su pierna de palo estaba en la cocina?

Numerosos investigadores del milagro

Resulta difícil enumerar a los numerosos investigadores españoles e internacionales, que han analizado este milagro de la Virgen del Pilar, acaecido en Calanda (Teruel).

Entre ellos destacaré a los siguientes:

Don Petrus Neurath, autor de la Relación Latina del Milagro, publicada en 1642. Siendo reeditado en 1648 al latín, por el Embajador Plenipotenciario de España, Conde de Peñaranda.

El padre Marina que investigó con gran entusiasmo este milagro de Calanda.

Don Eduardo Estella, don Leandro Aina, el Abate Pedro Deroo, etc.

Y muy especialmente, don Tomás Domingo Pérez, que fue Canónigo, Archivero Bibliotecario del Cabildo Metropolitano de Zaragoza. Al que conocí hace muchos años, allá por 1998. Y que con su sapiencia y gran generosidad, me fue contando mil y un detalles sobre este singular Milagro de Nuestra Señora, del que él fue un gran experto de talla internacional.

El Milagro de la Virgen del Pilar en Calanda es una leyenda enviada por el escritor español Carlos Cebrián González.

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