Leyenda: “Confesión a la cabeza cortada de un cadáver”


Por Carlos Cebrián González. Leyendas históricas

Confesión a la cabeza cortada de un cadáver es una leyenda que Carlos Cebrián González como escritor español e Investigador Histórico Nacional ha rescatado para todos nuestros lectores. Es la historia de Alejandra, una hermosa mujer cuyo amor se disputaban dos valientes caballeros. Es una leyenda histórica en la que pudo haber intervenido Santo Domingo Guzmán.

Confesión a la cabeza cortada de un cadáver

Confesión a la cabeza cortada de un cadáver - Leyenda histórica

En la esquina de la Casa de los Condes de Atarés, que hacía ángulo con las calles Cuchillería y Mayor, de Zaragoza (España), estuvo durante muchos años entronizada una imagen de la Virgen del Rosario; la cual según dicen los cronistas consultados, protegía a los vecinos de la zona, hasta el punto de que era considerada como su Santa Patrona.

Fue en mil doscientos, o mil doscientos uno, cuando una bella mujer llamada Alejandra, de la que desconozco sus apellidos y que pertenecía a la nobleza de Zaragoza, era pretendida por dos jóvenes, que se disputaban su amor.

Ella, que había oído predicar a Santo Domingo Guzmán la devoción al Rosario, se sintió prendada por las palabras del predicador, tal y como indica el Rvdo. Padre Fray Alonso Fernández de la Orden de Santo Domingo. Por esa razón se afilió a su Cofradía para rezar el Rosario cada día; aunque por sus labores cotidianas y por el tiempo que dedicaba a acicalarse, para mostrarse cada día más bella en público, dejó con bastante frecuencia de rezarlo.

Sus dos enamorados llegaron a desearla tan ardientemente que, celosos el uno del otro, se desafiaron a muerte. Y un mal día, ambos cumplieron su promesa y se batieron en armas. Y al parecer fue tanto el ímpetu con el que combatieron, que ambos pretendientes murieron en el lance, sin lograr cumplir su propósito amoroso.

Cuando los padres y otros familiares de los difuntos, se enteraron de las terribles consecuencias de la pelea en el campo del honor, se unieron en el dolor y acusaron a Alejandra, de haber sido la culpable del fallecimiento de los dos jóvenes aspirantes a conseguir su amor. Y siguiendo los dictados de una feroz Ley del Talión, cuando la mujer se encontraba sola en su casa, la atacaron y agredieron brutalmente. Alejandra al recibir varias puñaladas en su cuerpo, les rogó a sus atacantes que le permitieran confesarse antes de morir.

Los asesinos no atendieron sus súplicas y tras acabar con su vida, le cortaron la cabeza a Alejandra. Ese trofeo macabro lo arrojaron a un pozo, que estaba ubicado en la casa de la víctima. Tras consumar su crimen las dos familias hicieron las paces y dieron por concluida su venganza.

La angustiosa petición que hizo Alejandra antes de morir, llegó a Nuestra Señora la Virgen del Rosario, quien intercedió ante su Hijo, pidiéndole que el alma de la víctima no saliera de esa cabeza, que había sido cortada por sus verdugos.

Cuando se enteró del suceso Santo Domingo de Guzmán, que se encontraba en la ciudad de Osma y que llegó a Zaragoza unos cinco meses después del trágico suceso. El santo se dirigió al escenario del crimen y colocándose ante el pozo, en cuyo fondo se encontraba la cabeza de la difunta Alejandra, la llamó diciéndole con insistencia, que en el nombre de Dios Nuestro Señor, saliese fuera del pozo.

Cuando la cabeza oyó la voz armónica e imperativa del Santo, subió poco a poco a la superficie, siendo transportada por los ángeles, que la colocaron en el brocal de dicho pozo.

Al ver a Santo Domingo la cabeza que mostraba la herida aún fresca y casi sangrante, le dijo al religioso: “Padre bienaventurado y Siervo de Dios, con vos me quiero confesar, pues a esto habéis venido”. Luego dicen las crónicas, que Santo Domingo confesó a la cabeza, dándole después el Santísimo Sacramento de la Eucaristía.

La cabeza de Alejandra, la finada, le agradeció al religioso, que primero le hubiera concedido el honor de ser miembro de su Cofradía del Santo Rosario y en el momento más decisivo, después de muerta le había dado el perdón a sus pecados, la ansiada absolución, como una concesión milagrosa de María Santísima del Santo Rosario.

El Padre Faci en su libro: “Aragón Reyno de Christo y Dote de María SSma fundada sobre la Columna Inmobil de Nuestra Señora en su Ciudad de Zaragoza”, sigue informándonos de este hecho prodigioso y que aparece expuesto en un ejemplar, primorosamente encuadernado del libro “Cofradía de la Virgen del Rosario y visita domiciliaria establecida en la Iglesia de la Exaltación de la Santa Cruz”, que es similar al que le ofrecieron a S.S. Juan Pablo II durante su visita a Zaragoza, que tuvo lugar en noviembre de mil novecientos ochenta y dos.

En el relato de este evento milagroso, dice el Padre Faci, que la cabeza de Alejandra aún permanecería durante dos días en el lugar del milagro; mientras los cofrades del Rosario, rezaban por su alma. Posteriomente los miembros de la Cofradía del Rosario enterraron la cabeza, junto al resto del cuerpo de Alejandra.

Según el ilustre cronista, quince días después del prodigio, Alejandra, hermosa y resplandeciente como un ascua de luz, se le apareció a Santo Domingo. Le comentó al religioso que le había dado la comunión y la salvación de su alma, que Nuestra Señora estaba muy complacida con ella, por la devoción que siempre había sentido por el rezo del Rosario.

Gracias a este prodigio, Santo Domingo logró que se incrementase considerablemente la devoción a rezar el Santo Rosario en la Ciudad de Zaragoza. Como recuerdo de este evento él colocó personalmente un cuadro pìntado de Nuestra Señora del Rosario, en el sitio que fue escenario de la confesión a la cabeza de Alejandra y que al destruirse, por el paso implacable del tiempo, lo sustituirían por una talla de dicha advocación, la cual, como señalaba anteriormente, ha servido de protección a los vecinos de la calle y de las zonas limítrofes.

La imagen de madera de la Virgen del Rosario estuvo colocada en un hermoso tabernáculo, iluminado por una lámpara, con la llama temblorosa que ardía permanentemente por el aceite y gracias a la generosidad de los vecinos de la calle. Al llegar la festividad de Nuestra Señora del Rosario, se conmemoraba con brillantez ese día, en la que fue la calle Botigas Hondas de Zaragoza.

Ante la celestial imagen de la Virgen el Rosario, que estuvo ubicada en la casa de los Atarés y que se conoció popularmente con el nombre: “Del Cabo de la Calle”, los vecinos rezaban fervorosamente el Santo Rosario”.

Dejándome llevar por mi afán, como Investigador Histórico, de conocer si era este suceso algo real o una leyenda, hace muchos años, contacté por carta con el Convento de Santo Domingo de esta Orden, ubicado en Torrente (Valencia) y tuve el honor de comunicarme con el Rvdo Padre don Vito T. Gómez, biógrafo de Santo Domingo Guzmán, quien respondió entonces a mi pregunta, de si estaban o no, reflejados en la vida del Santo, este hecho milagroso, acaecido en nuestra Bimilenaria urbe de Zaragoza y me respondió así, el ilustre investigador:

“Nada puedo aportarle sobre la estancia de Santo Domingo en Zaragoza. Las fuentes del Santo, relativas al Siglo XIII, no aluden, en absoluto, al paso o a la estancia de él en Zaragoza. No sabemos con certeza por donde entró en España, en 1218, aunque se cree que fue por Barcelona. Pero ya le digo que no hay constancia de este hecho por los primeros narradores. Estimo que lo que se atribuye en Zaragoza, pertenece a la leyenda. Esto es lo que puedo decirle en relación a su consulta”.

Fin.

«Leyenda o realidad no importa. Haya sido Santo Domingo de Guzmán u otro Santo, este hecho aparece en la Historia de Zaragoza, reflejado por ilustres expertos y he querido que figurare entre las hermosas leyendas que publica esta querida página “EnCuentos.com”, que nos permite contactar con millones de niños de muchos países de habla hispana.»

Carlos Cebrián González

Confesión a la cabeza cortada de un cadáver es una leyenda que nos envió Carlos Cebrián González para publicar en EnCuentos.

Sobre Carlos Cebrián González

Carlos Cebrián González - Escritor e Historiador

«Un día, casualmente, descubrí que había alguna web hispanoamericana, en la que podía publicar mis cuentos. Lo hice y escribí varios. Pero, aún no sé por qué, quise que mis modestos cuentos y relatos instructivos y ejemplarizantes, llegaran mucho más lejos… Por eso envié a Encuentos.com mi cuentecillo «El perrito sin dientes» y me lo publicaron.»

Carlos Cebrián González es Técnico de Publicidad, Titulado en Marketing y Dirección Comercial. Además de miembro de la Asociación Aragonesa de Escritores e Investigador Histórico Nacional.

Ha trabajado más de cuarenta años como publicitario y ha sido Jefe de Publicidad de periódicos como El Noticiero, Aragón/Exprés y Zaragoza/Deportiva. Durante casi la misma cantidad de años de actividad literaria, ha sido articulista, comentarista, y guionista radiofónico en diversos medios de comunicación aragoneses.

También publicó cuentos infantiles en sitios webs de España y Argentina, obteniendo en 1982 el Primero y Segundo Premio en el Concurso de Cuentos C.C.C. de San Sebastián (España). Fue finalista de la Tercera Edición de los Premios ATLANTIS La Isla de las Letras y Pregonero de la Semana Santa de Zaragoza de 1996.

Los libros del autor de “Confesión a la cabeza cortada de un cadáver”

Como escritor, ha publicado quince libros entre los que se encuentran:

  • Zaragoza, mi abuelo y yo,
  • Historia de la Carnicería Zaragozana,
  • Así celebra Aragón sus Fiestas,
  • La Semana Santa Zaragozana (que le proporcionó el honor de ser Pregonero de la Semana Santa de Zaragoza en el año 1996),
  • Aragón: Leyendas y Prodigios,
  • Zaragoza desde la Nostalgia,
  • Zaragoza a través de su Historia,
  • Conjura en los Sitios,
  • Historia de la Publicidad (solo textos), Tomo I (1900-1950),
  • Historia de la Publicidad (solo textos) Tomo II (1951-2000),
  • ¿Vuelve la Inquisición?,
  • Te robé tu identidad,
  • Consejos para conseguir empleo,
  • El Tarot mortal

Si quiere conocer un poco más sobre Carlos Cebrián González, puede hacer clic Aquí.

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