historias para reflexionar

De cómo un cedro se convirtió en violín

De cómo un cedro se convirtió en violín. Deanna Albano, escritora. Cuento sobre la perseverancia en los sueños.

José Vicente es un adolescente de dieciséis años –del otro lado del mar, en un pueblo venezolano, adentro, muy adentro en el llano, – . Se crió en El Socorro, Estado Guarico, su papá es agricultor. Son nueve hermanos. Tiene buenos recuerdos de su infancia: Recuerdos de niños corriendo detrás de los pájaros, de mamá llamando para el desayuno, de leche recién ordeñada, de arepitas de budare, de queso fresco, de caraotas refritas….

José Vicente desde pequeño salía temprano para ayudar a su papá en el campo. Escuchaba el canto de los pájaros con especial atención. A veces se quedada embebido y dejaba de hacer cosas. Adquirió fama de distraído y a veces lo regañaban. José Vicente, un jovencito de ademanes tranquilos y hablar pausado, de aspecto muy limpio, y pelo rizado.

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El helecho y el bambú

El helecho y el bambú. Javier Miguel García, escritor español. Cuento espiritual sobre la perseverancia.

Renuncie a todo y me di por vencido. Decidí que iba a dejar a un lado a mi trabajo, a mi mujer, mi religión e incluso a mi propia vida. Cogí mi coche familiar y fui al campo para tener una última visión del mundo natural y alejarme de la jungla de asfalto, polución y asfixiante actividad.

Una vez hube entrado en la naturaleza detuve mi coche en mitad de la nada y me interné en el bosque. Cuando ya me había alejado de la carretera lo suficiente, grité con todas mis fuerzas:

-¡Dame una buena razón para no darme por vencido!

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La carrera. Cuentos con valores

La carrera. Cuentos con valores

Cuentos con valores: La carrera

La carrera. Escritora de cuentos infantiles de Buenos Aires, Argentina.

Tema del cuentoLa competencia

 

El Rey Augusto era un rey justo y bondadoso. No había podido tener hijos y ésa era su mayor tristeza. No había riqueza, ni poderío que supliera la ausencia de un hijo. Siendo ya mayor, le preocupaba no tener herederos. El trono debía quedar en manos de alguien cuando él muriese y no confiaba en nadie, excepto en su amada esposa, pero la ley no admitía que el reino quedase en manos de una mujer. Todo el pueblo quería a Augusto y él amaba a su pueblo, sin duda mucho más, que a las personas que trabajan en el reino.

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