Síndrome de Down: Un motivo más para Lactar

lactancia materna

Como todo en la vida, lo que se aprende con perseverancia nos queda en la mente para siempre. Y lo mismo sucede con la Lactancia Materna. La misma es un proceso de aprendizaje mutuo, madre e hijo interaccionan en busca de un mismo objetivo: Alimentación, calor, apego, contacto. Un lenguaje creado únicamente para madre- hijo. Un lenguaje especialmente ideado, por la naturaleza, para la supervivencia.

Hoy se sabe mucho sobre Lactancia Materna y sus beneficios, se sabe de la importancia de amamantar a las crías de cada especie con la leche que fue ideada para esa estirpe, pero qué sabemos sobre la alimentación de niños que poseen trisomías y cómo podemos ayudar a mejorar su salud y cómo su interacción.

Una de las respuestas a estos interrogantes están en la Lactancia Materna. En ese primer mundo que conocen cuando nacen. Los bebés desde la panza atraviesan una etapa oral que va a acompañarlos los primeros años de su vida, por allí pasan sus estados de saciedad, de calma, de tranquilidad, de calor, apego y, fundamental, su vínculo corporal más cercano con la madre. Ahí nace su primer vínculo con el otro, en el regazo de su madre, en estrecha relación con su olor, su piel y su leche.

Esta estimulación sensorial ayuda a los bebés a desarrollar más plenamente sus capacidades. La acción de amamantar ayuda también en la tonicidad de los músculos faciales y mejora la coordinación boca-lengua.

El acople a la teta es una estimulación para succionar y más tarde una ayuda para la modulación al hablar. Los niños con síndrome de Down que son amamantados reciben una estimulación que los vuelve más despiertos, más receptivos, y disminuye la hipotonía que, por su condición, ya tienen.

Los lactantes con síndrome de Down que muestran problemas cardíacos asociados no solo pueden realizar la succión, la deglución y respiración con menos esfuerzo cuando son amamantados que cuando son alimentados mediante biberón, sino que también reciben un líquido nutricio que es más fisiológico para sus necesidades.

Si la madre desea dar de mamar al niño, se le debe ofrecer todo el estímulo y apoyo necesario. Inicialmente, el lactante con síndrome de Down puede presentar un tono adecuado; sin embargo, los problemas suelen aparecer una vez que la madre y el niño han recibido el alta hospitalaria. El apoyo brindado por la madre para la cabeza, la hipotonía corporal en general y la mandíbula del bebé van a requerir de un proceso de coordinación de parte de esta. Una posición cómoda y una buena técnica van a ser de gran ayuda para lograr una succión efectiva.

Por la hipotonía característica del bebé con este síndrome, y hasta que logre la succión efectiva, tal vez será necesario que la madre se saque leche mediante la extracción manual o bombas extractoras. Esto va a ayudar a mantener la producción de leche hasta que el bebé succione con más vigor.

Las posiciones, tal vez, más adecuadas para que el lactante aprenda la técnica y no derrame leche es en La posición de sandía (llamada también de jugador de fútbol) permite sostener la cabeza y ver bien su cara, para detectar si hay problemas de succión o de posición al seno. Con la posición de sandía la madre tiene a su bebé de frente y su cuerpo reposa alrededor del cuerpo de su madre, bajo su brazo. Sus nalguitas reposan en una almohada cerca al codo. La mano de su madre sostiene su cabeza y cuello y lo guía hacia el pezón. Conviene usar una almohada pequeña para apoyar el brazo y muñeca que sostienen al bebé. Al presionar suave y constantemente la nuca del bebé, la madre lo puede ayudar a succionar bien sin que se canse.

Otra posición, igual de efectiva, es la de “mano de bailarina”. En una posición cómoda para ambos, sostenga su seno con la mano en C (pulgar arriba, los demás dedos por debajo). Resbale la mano que sostiene el seno hacia adelante, sosteniendo el seno con tres en vez de cuatro dedos. Su dedo índice y pulgar debe estar libres ahora frente al pezón. Doble el índice un poco de tal forma que sostenga suavemente una mejilla del bebé, mientras que el pulgar sostiene la otra mejilla. El dedo índice y el pulgar forman una “U” con el mentón del bebé apoyado en la parte de abajo de la “U”. La posición de “mano de bailarina” hace que el peso del seno no se apoye en el mentón del bebé y le ayuda a sostener su cabeza derecha mientras amamanta.

Muchos son los especialistas que van a ayudar al desarrollo de ese niño y es, para la madre, muy reconfortante saber los beneficios que tiene la leche materna para su bebé y hasta qué punto está ayudando a su optimo crecimiento. Entender estos beneficios nos abre innumerables posibilidades de acción, nos deja ver el poder de nuestro propio cuerpo y por sobre todo saber que, sea cual fuese la dificultad, siempre hay un camino posible para dar lo mejor de nosotros a nuestros hijos.

Por: María Luz Baschong Puericultora

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