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Un sospechoso en la escuela – Capítulo II. Cuentos con misterio

Un sospechoso en la escuela – Capítulo II. Cuentos con misterio

Cuentos con misterio. Cuentos de la escuela.

La desaparición del borrador

Ya era casi la hora en la que tocaba el timbre de salida, cuando la maestra comenzó a ordenar todo para el día siguiente.

Matilda era una maestra muy especial, era dulce muy dulce. A sus alumnos solía llamarlos “corazón” o “pichoncito” y siempre tenía palabras de cariño para con todos. Y eso no era lo único, a todo le daba un toque especial. Como le gustaban mucho las flores, solía pintarlas en todas sus pertenencias: su agenda, sus cuadernos y carpetas y hasta en el borrador que usaban todos los días en clases.

A Oliverio le encantaba esa ceremonia de todos los días, ver cómo su señorita ordenaba y guardaba todo con el mismo amor, con que lo usaba al día siguiente.

Cuando sonó el timbre de salida, todo estaba en orden, tal como lo dejaba Matilda antes de irse del aula.

Mientras caminaban de regreso a casa, Simón notó en su amigo esa cara que tan bien conocía y que, más de una vez, les había traído algún que otro problemita.

-¿Se puede saber qué te pasa?-preguntó Simón.

-¿Has visto que extraño parece el nuevo alumno?-contestó Oliverio.

-Es callado y muy alto, no veo qué tiene de extraño eso.

-Su mirada es extraña, no dijo una palabra, casi ni saludó, se sentó atrás como para no ser visto, tal vez tenga algo que esconder-

-¿Y por qué se sentó atrás tiene algo que esconder? ¿No se te ocurrió pensar que se sentó allí porque todos los otros asientos estaban ocupados?

-Buena observación Watson-bromeó Oliverio-aún así me resulta extraño.

-Yo dejaría de leer tantas novelas amigo, creo que viviríamos más tranquilos.

La mañana siguiente Oliverio desayunó más rápido que de costumbre y casi corriendo fue a la escuela. Tenía ganas de volver a ver detenidamente a su nuevo compañero.

Entró, acarició a Pancho quien movió su colita feliz y luego de saludar a la bandera, entró a clases junto con todos sus compañeros.

La señorita entró con su sonrisa habitual y comenzó a copiar en el pizarrón. Se equivocó en una palabra y cuando fue a borrar se dio cuenta que su borrador con florcitas no estaba.

Buscó, buscó y buscó y pidió a los niños que buscasen también. Todos, excepto el alumno nuevo, colaboraron en la búsqueda.

Matilda le pidió a Oliverio que preguntase en la secretaría por su amado borrador, pero tampoco estaba allí.

-¡Qué extraño!-dijo Matilda- ayer estaba, lo dejé aquí estoy segura-

-Lo tendrán en otro aula señorita- dijo Simón.

-Mi borrador no es como cualquiera, tiene mis florcitas pintadas, no pueden confundirse.

Matilda casi lloraba por su borrador perdido y aunque le trajeron otro nuevito y reluciente, ya no borraba con el mismo esmero.

Para el resto de los niños la desaparición del borrador no representaba gran cosa, pero para el aspirante a detective sí.

Aprovechó los recreos para preguntar en todos lados por el famoso borrador de florcitas, revisó los baños, el gimnasio y no encontró nada de nada.

Como cada vez que creía tener un caso, Oliverio observó atentamente a todos y en especial al compañero nuevo quien para él, se había transformado en su primer sospechoso.

-No entiendo por qué relacionas a Tobías con la desaparición del borrador-dijo Simón a su amigo.

-¿No te parece sospechoso que el mismo día que llega Tobías haya desaparecido el borrador de la maestra? ¿No es mucha casualidad?-

-No está bien que desconfíes, además ¿dime para qué querría un niño alto, serio y con mirada extraña un borrador de pizarrón pintado con florcitas rosas? ¿No te parece ridículo?-preguntó Simón.

-Si todos tuviesen tu pensamiento, no se habrían descubierto grandes misterios de la humanidad amigo.

-Pues éste no es un gran misterio de la humanidad, es sólo un borrador, vaya a saber dónde fue a parar.

-No es cualquier borrador, es el borrador de la señorita Matilda.

-Aun así no lo convierte en un gran misterio de la humanidad ¿No crees?

-Yo lo encontraré, no te preocupes, y encontraré también al culpable.

-Si tú lo dices-dijo resignado Simón.

-Palabra de detective- contestó Oliverio y cuando el niño daba su palabra, la cumplía siempre.

Continuará…

Todos los derechos reservados por Liana Castello

Ilustración de María Bullón
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Face: DejArte Huella F B

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