La mujer “pulpo”


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La mujer “pulpo”. Liana Castello, escritora argentina. Ilustraciones a cargo de Fernanda Forgia y Lautaro Botana Castello. Reflexión sobre las mujeres. Día Internacional de la Mujer.

Nosotras las mujeres, si bien tenemos sólo dos, pareciera que tenemos muchos más. La multiplicidad de tareas es algo muy femenino. Podemos estar en muchas partes a la vez, ocuparnos de varias cosas al mismo tiempo y todas, o casi, con el mismo esmero y atención.

El hogar, los niños, el trabajo, el esposo, las amigas, alguna actividad que nos ayude a mantenernos en forma, algún hobbie, entre otras cosas forman parte del múltiple universo femenino.

De todos modos, lo que más rescato de esta facultad meramente femenina de poder hacer tantas cosas al mismo tiempo, es que, a cada una de estas actividades la mujer las “abraza”.

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Es muy extraño que encontremos alguna mujer que hagas las cosas sin ganas, que no ponga amor en cada una de sus actividades, que no abrace con cada uno de sus múltiplos brazos, cada una de sus múltiples tareas.

Creo, sin equivocarme, que realmente ese don nos hace “grandes”. Una mujer pone amor en el cuidado de sus hijos, pero también lo pone para su hogar, y además lo pone en el trabajo y escucha con el mismo amor a una amiga, compra un regalo, ayuda con una tarea escolar o cocina algo, le salga más o menos rico.

Habrá alguna tarea de las tantas que nos tocan hacer que no nos guste, seguramente, pero a la mayoría –sin dudas- les pondremos el hombro y por sobre todo, les pondremos amor.

No es descabellado hacer un paralelo entre los pulpos y las mujeres, si bien más bellas y estéticas, nosotras también pareceríamos tener una cabeza de gran tamaño donde se acumulan todos los datos familiares, los gustos de comida, los turnos de los médicos, los sueños de los niños, los avatares del trabajo, los cumpleaños, etc. Y si bien, como decía al principio sólo tenemos dos brazos, éstos de multiplican como tantas tareas tengamos que abarcar, y a cada una de ellas se las abraza y se le pone el corazón.

Una mujer puede, con sus invisibles múltiples brazos, darle un toque especial a cada cosa que toma con sus manos, dejar una estela especial por cada lugar dónde pasa y por sobre todas las cosas, acariciar cada persona o tarea que Dios pone en su camino.

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Fin

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