Les Seixanta Escales (Las Sensenta Escaleras). Homenaje en el Día de la Mujer Trabajadora

Por Lydia Giménez Llort. Historia para el día de la mujer trabajadora

Les Seixanta Escales (Las Sensenta Escaleras) es una breve historia de la escritora española Lydia Giménez Llort en homenaje a las mujeres que han trabajado toda la vida.

Les Seixanta Escales es un cuento de Oyakudachi metafórico inspirado en vivencias personales junto a mi abuela Neus. Mi abuela recordó siempre sus años de trabajo con mucho orgullo y añoranza, sin darse cuenta que ‘su trabajo’ como mujer no fue solo el del telar.
Con motivo del día 8 de marzo, Día de la Mujer Trabajadora. En memoria de todas las mujeres trabajadoras que al final de sus vidas aún se sentían felices con su pequeña jubilación.”

Oyakudachi Stories – Lydia Giménez-Llort

¿Qué son Les Seixanta Escales?

El núcleo originario de El Masnou se formó alrededor de la iglesia de Sant Pere, entre los cerros conocidos como la Mesquita y la Roca de Xeix.
La orografía del terreno tiene grandes desniveles que se superan con pendientes o escaleras. Es así que, a la cima de la Roca de Xeix se llega por Les Seixanta Escales (Las Sesenta Escaleras), que se han convertido en una calle peatonal, parte de la actual avenida Joan XXIII, formada por una sucesión de escalones y rellanos con un acabado de ladrillos a sardinel muy característico.

¿Qué es Oyakudachi?

Oyakudachi es una palabra japonesa que significa “Ponernos en la piel del otro”, y funciona como un ejercicio espiritual. Los cuentos y libros de Oyakudachi se basan en el concepto de oyakudachi porque el lector puede sentirse identificado los personajes comprobando, a lo largo de la historia, que comparte con ellos sus sentimientos. Escuchando su experiencia, sintiéndose identificado, aprende a comprenderse a si mismo. También le ayudan a comprender a quienes son diferentes a él, a aprender a ponerse en el lugar del otro, desde la infancia.

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Les Seixanta Escales

En memoria de todas las mujeres trabajadoras ‘sin jornal’ que al final de sus vidas aún se sentían felices con su pequeña jubilación.

Abrí el pequeño cajón, saqué su cartilla y la acompañé a la Caja de Ahorros para cobrar su pensión.

– “¿Nena, lo han anotado bien? ¡Míralo! ¿Qué pone?” -me preguntó.

Balbuceé antes de poder leer “PENSION DE JUBILACION: 35.000 pesetas“. Estaba escrito en letras mayúsculas, a mi parecer demasiado fanfarronas al lado de una cifra tan pequeña.

Mientras caminábamos de vuelta a casa cogidas del brazo, a cada paso, mis pies y los suyos, casi a la par, pisaban baldosas… pequeñas baldosas en forma de flor de cuatro pétalos, pero a pesar de ello, la acera continuaba siendo gris. Treinta y cinco mil pasos y “Les Seixanta Escales“, sesenta escaleras para salvar el gran desnivel entre las calles.

Y mientras las subíamos, descansábamos en cada rellano, para recuperar el aliento.

– “¿Ves, reina? Me pagan aún cuando sólo pude trabajar unos años, en Can Maristany, tejiendo velas. ¿Qué te parece?” -me dijo con el brillo de felicidad en la mirada del que recibe un regalo.

Me explicó entonces lo afortunada que se sentía por recibir su pensión.

Recordó su primer día de trabajo con apenas 14 años, para costear la casa y la familia cuando el padre le faltó. Y de cómo, para convertirse en buena esposa merecedera, tuvo que decir adiós a su telar.

Estando en casa, a cada paso de escoba, a cada vuelta de tortilla, a cada golpe de hazada recordaba el tacto del hilo pasar.

Pero pronto, el día a día se la comió y no tuvo tiempo, no tuvo tiempo ni para añorar… su casa y la de los abuelos, luego la niña desvalida y el marido enfermo, padres ya demasiado ancianos para estar solos y una inmensidad de sábanas esperándola impacientes en el lavadero junto al tendedor y la tabla de planchar.

¿Y los vestidos? Los vestidos, siempre a medio hilvanar… al final de las sesenta escaleras siempre se giraba y miraba atrás pero nunca, nunca hacia abajo.

– “¡Fíjate, mira qué alto estamos! ¡Desde aquí se ve el mar!” -exclamaba como si lo viera por primera vez.

Y con aquella mirada satisfecha mirando el mar en la lejanía, me sonreía.

Parecía que ya no recordara que habían sido nada menos que sesenta escaleras las que tuvo que superar.

Y sus latidos medio atropellados se serenaban ante el azul casi celeste de nuestro mar.

Fin.

Les Seixanta Escales es un cuento de la escritora española Lydia Giménez Llort © Todos los derechos reservados.

Video de Les Seixanta Escales d’El Masnou

Lydia ha hecho, a partir de esta hermosa historia, un video para mostrar en imágenes lo que dice con sus maravillosas palabras e ilustrar con paisajes y lugares de su amado El Masnou y de Las Sesenta Escaleras.

¿Dónde se encuentran “Las Sesenta Escaleras”?

Y para quienes quieran conocer personalmente o en forma virtual Les Seixanta Escales, un mapa con la ubicación exacta de este importante punto turístico de El Masnou. Te invito a que lo visites virtualmente en Street View de Google aquí:

Vista inferior: Clic Aquí
Vista superior: Clic Aquí

Sobre Lydia Giménez-Llort

Lydia Giménez-Llort nació en El Masnou, una villa marinera en las marismas de Barcelona el 13 de septiembre de 1966. Es hija única de Mercè y Antonio.

Estudió licenciatura en Biología y luego un doctorado y postdoctorado en el Instituto Karolinska de Suecia. Ahora es investigadora en Neurociencia (envejecimiento y enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer) y es profesora en psiquiatría en la Universitat Autònoma de Barcelona.

“Yo, por suerte, o fortuna la mía, nací en El Masnou, una villa benéfica y marinera, junto a la brisa del mar, del Mediterráneo… pero el río Blanco (río Turia) y la falda del monte Los Zafranares donde descansa escalonadamente Ademuz, cuna de mi padre, me aportaron el sosiego de la montaña y me dan ese equilibrio perfecto, como si fueran mi yin y mi yang.”

Lydia es voluntaria del Servicio Civil Internacional con el que estuvo en Portugal, la antigua Yugoslavia y Bélgica. Participó en los Juegos Olímpicos y Paralímpicos Barcelona 1992 donde coordinó a los asistentes de las delegaciones de China, India, Pakistán y Unión de Myanmar (antigua Birmania). También coordinó el comité social y el infantil en el Wenner-Gren Center de Estocolmo y fundó la asociación sin ánimo de lucro ‘Oyakudachi’, inspirada en sus abuelas Neus y Ascensión, y el legado humanitario de Michael Jackson de quien es fan.

Si quiere conocer más sobre Lydia Giménez-Llort, puede leer la entrevista que le hicimos para EnCuentos Aquí.

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