Cuando una media se va…


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Cuando una media se va… Liana Castello, escritora argentina. Historias con humor sobre la vida cotidiana.

Existen enigmas universales de difícil respuesta:

– ¿El hombre desciende del mono si o no?
– ¿Es correcta la teoría del Big Bang?
– ¿Quién fue primero el huevo o la gallina?

Muchas discusiones al respecto, no han arrojado hasta ahora, luz alguna sobre estas cuestiones.
El universo femenino, infinito por cierto, está también plagado de este tipo de preguntas sin una respuesta concreta.

Una de ellas es:

¿Dónde van las medias que, tras haber pasado por el lavarropas, abandonan a su par?

Si hay algo que hacemos las mujeres, entre nuestras múltiples tareas, es lavar ropa. Una de las más típicas complicaciones de esta habitual y rutinaria tarea es, al abrir la tapa de la máquina, descubrir que un par de medias, ha dejado de serlo. Dicho de otro modo, una media se ha ido, dejando huérfana y desamparada a la otra.

Sin resignarnos a su partida, revisamos prenda por prenda. Miramos una y otra vez dentro y fuera del tambor, atrás del lavarropas, al costado, por delante y nada. Se fue, no está.

Esta situación se repite con frecuencia, por lo que son muchas las medias que hacen abandono del par que les tocó en suerte.

La pregunta es: Si no están ni dentro, ni por los alrededores del lavarropas ¿Dónde están?

Voy más allá: ¿Hay una fuerza desconocida que las abduce, llevándolas a otras galaxias?
¿Existe un universo paralelo donde sólo habitan estas medias? En su caso, ¿no extrañan a sus otrora compañeras?
¿Tendría el par algún conflicto interno? ¿Sería un par “disfuncional” y por eso hizo abandono del hogar?
Una media y sólo una ¿cumple con su cometido en la vida sin su media naranja?
¿En qué condiciones quedan las medias que se quedaron, ésas las realmente fieles que continúan en nuestro hogar? ¿Nos querrían estas más que las otras?
¿Qué hacer con todas las medias huérfanas que nos han quedado? Imposible hacer un par nuevo, pues para darle gusto a Murphy seguramente nos ha quedado una negra, otra blanca, una con ositos, una calada para ocasiones especiales y otra del Real Madrid.
¿Habrá alguna civilización de otro planeta que sólo tenga un pie?

Difícil, muy difícil responder a estos grandes enigmas del universo cotidiano femenino.

Tal vez, ya que no encontramos la respuesta, podríamos pensar en cómo evitar esta tan desagradable disolución de calcetines.

Algunas alternativas podrían ser:

– Atarlos antes de colocarlos dentro de la máquina.
– Cocerlos, abrocharlos, engramparlos (demasiado, tal vez…)
– Lavarlos a mano, mirando fijo a una sola de las medias y en todo amenazante decirle: “ni se te ocurra escapar de la palangana”
– Al tiempo que lavamos las medias, recitar la parte del Martín Fierro que dice “los hermanos sean unidos…”

Como sea, no es fácil aceptar que una media “abandonó el nido”, el vacío es doble, no sólo su par lo siente, sabiendo que ahora –huérfano- ya casi no tiene razón de ser, sino que nosotros también nos vemos perjudicados, pues de pasar a tener un par ya no tenemos nada. Una media no sirve, mientras conservemos nuestros dos pies.

Será cuestión de esperar que la ciencia avance en los enigmas antes planteados y haya lugar para investigar, debatir y profundizar dónde van las medias que nos han dejado ese vacío imposible de calzar.

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Fin

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