Al compás de Canaro


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Por Carlos Savariano. Historias cortas para adultos

Al compás de Canaro es una inquietante historia corta para adultos de Carlos Savariano, escritor argentino. Historias de guapos porteños.

Al compás de Canaro

Al compás de Canaro - Historias cortas

“Por si no alcanza con la faca”, le habló el Anselmo Fuentes a su imagen en el espejo manchado y se calzó la Ballester Molina.

Se había bañado, afeitado, recortado el bigote. Se pavoneó mirándose de reojo enfundado en sus mejores pilchas.

Por la ventana abierta se colaban los compases de un valsecito criollo. Era la orquesta del maestro Canaro. Debía venir de enfrente.

De la pieza de la Gringa. Tarareó Anselmo la melodía recordando que era la preferida del viejo Jacinto. “La venganza, pensó, es como un vals, como un duelo criollo donde se avanza y se retrocede, se amaga y se aguanta, se acelera y se frena, que se allana o se enrula, pero que solo termina con la muerte”.

El viejo afirmaba y la frase le venía redondita, sin miedo a tergiversarlo. “Se puede arrugar ante la muerte, pero que no tiene perdón el que arruga ante la vida”. Sonrió Anselmo y se echó un poco de colonia. Jacinto Fuentes.

Los había criado desde que los encontrara de cachorros por los bañados.

-Me van a salir derechos como varas de fierro, carajo- los regañaba.

-Mocosos de mierda- los llamaba.

-Hijos del Diablo- meta rebenque.

En un último gesto se guardó en el bolsillo las fotos de las finaditas, su mujer y su hija, muertas malamente por la impiedad del fulano, aquel que era la contracara de la moneda, con quien había compartido amores, miseria y latigazos.

“Él se vengó, duplicó la apuesta”. Fuera como fuera, las tierras del viejo quedarían para el fisco o para algún juez de paz medio pícaro.

Lo cruzó al Eleuterio detrás del galpón donde se guardan las tijeras para tusar las ovejas.

-Hermano- le dijo y con el brazo de tomar por la cintura, el derecho, le entró el puñal por los riñones. El otro que lo esperaba, completó el abrazo, gritó y le mandó el cuchillo entre las costillas. Cayeron despaciosamente. Sin ningún vértigo, sobre mechones de lana desparramados.

No sabía si era su imaginación pero Canaro tocó una y otra vez el mismo vals hasta que se le fue la conciencia.

El amanecer los recibió fríos y ausentes, amortajados por la escarcha, tumbados y a los tumbos como los guachos que habían sido.

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Fin.

Al compás de Canaro es una historia corta que nos envió Carlos Savariano para publicar gratuitamente en EnCuentos.

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