Por Carmen María Rondón Misle. Cuentos con moraleja para niños

El burrito inteligente es un bello cuento infantil sobre el valor de la superación y el aprovechamiento de las oportunidades. También nos deja un mensaje sobre el destino de las personas y el amor por lo que nos toque ser y hacer. Es un cuento de la escritora venezolana Carmen María Rondón Misle, recomendado para niños de todas las edades.

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El burrito inteligente

El burrito inteligente - Cuento

Había una vez en una aldea muy lejana, un burrito que soñaba con estudiar pero nadie le hacía caso. Sólo se burlaban de él cuando decía que quería ir a la escuela a aprender.

Tomás lloraba triste. Lo hacían trabajar sin descanso, arriando carretas, cargando pajas y labrando la tierra. Lo mantenían ocupado para que no pensara más tonterías. Tomás no entendía el por qué de tanta injusticia, por qué no le daban una oportunidad de demostrar que era inteligente.

Que tenía el mismo derecho que todos a de estudiar, pero su fama de tonto lo seguía a todos lados, así que decidió marcharse de allí. Tomás se alejó hasta no ver más su aldea, caminaba muy triste ya que ni sus padres lo apoyaban. Llegó al claro de un bosque y escuchó a unos chicos riendo que jugaban de lo más alegres.

Tomás se acercó y los miró con asombro, ellos se dieron cuenta y lo saludaron cordialmente.

– “Hola amiguito ¿Cómo estás? ¿Qué haces por acá?” -preguntó Carlitos el osito.

– “Yo estoy bien, un poco sorprendido de verlos acá ¿no deberías estar en la escuela?”

– “¿Quién eres, nuestra madre ja ja?” –rieron burlones.

– “No, pero yo daría cualquier cosa por estudiar y aprender y ustedes que si la tienen ¿la desaprovechan?”

– “¿Tu estudiar?” -se rio burlándose Luisito el tigrecito

– “Pues si yo” -dijo molesto.- “estoy seguro que se arrepentirán algún día. Adiós.”

Sintió rabia, pero mientras más se burlaban, más fuerza le daba para seguir adelante. No descansaría hasta encontrar a un profesor que de verdad lo aceptara en su clase y le diera una oportunidad.

Siguió caminando hasta casi anochecer. Llegó a una casita, tocó a la puerta y la señora tigresa atendió.

– “Hola hijito ¿cómo estás, que deseas?”

– “Disculpe señora, no quisiera molestar, pero vengo de muy lejos, y estoy cansado y hambriento. Si me da algo para comer y un sitio donde dormir, le compensaré se trabajar muy duro.”

– “Claro que si, no lo dudo cariño. Pero los niños no son para trabajar duro, sino para estudiar, jugar y aprender a obedecer a sus mayores. Para más tarde, cuando sea grande, hay leyes que respetar en nuestra sociedad y eso le ayudará a ser buenas personas. ¿No te parece amiguito?” -dijo sonriente, la amable y dulce señora tigresa.

– “Ya lo creo que sí, señora…”

– “Señora Amanda.”

– “Claro que si, señora Amanda.”

– “Y dime mi linda criatura, ¿Qué haces tan solo por acá y lejos de casa y de tus padres?”

Tomás contó a la señora tigresa toda su historia mientras esta le servía un plato de frijoles y pan. Ella lo escuchó atentamente. Y finalmente, hasta que éste terminó su relato, ella suspiro y dijo triste:

– “Qué historia más triste mi pequeño, ojala mi Luisito fuera como tu y le gustara estudiar así. Ven, te digo algo: desde ahora este será tu hogar, acá serás muy feliz y serás tratado como mereces. Hiciste bien en seguir tus sueños, nunca se debe renunciar a ellos, debes buscar dentro de tu corazón y que el te guie hasta tus sueños y luego a esforzarte muy duro para lograrlos. Sin embargo, le escribiremos a tus padres y le diremos que estás bien, y en cuanto al trabajo, colaborar un poco trabajando está bien. Eso te crea responsabilidades. Ojala mi Luisito aprenda algo de ti.”

Asi fue como Tomás encontró un nuevo hogar. Pasó un tiempo allí ayudando a la señora tigresa a hacer los mandados, limpiar el huerto y a hacer otras tareas. El señor tigre también estaba complacido con su estadía. Todos menos Luisito, a quien le molestaba que lo compararan con ese desconocido.

Sin embargo, Tomás siempre trataba de ayudarlo y hasta hacía sus tares y lo cubría en sus escapadas para no entristecer a su mamá. La señora tigresa le enseñó a leer, contar, sacar cuentas. Tomás estaba feliz, hasta que un día un coche se detuvo al frente de la casita de sus protectores. Bajaron el señor y la señora burro.

A Tomás se le detuvo el corazón mientras leía un libro que la señora Amanda le había prestado. Se acercaron a Tomás, mirándolo severamente sin decir una sola palabra, pero éste levantó la mirada desafiante. Nadie lo haría desistir. Estaba decidido a seguir adelante. Los señores tigres salieron a recibirlos.

– “Siéntanse bienvenidos” -dijeron.

– “Ah sí jovencito, ¿Qué tienes que decir a tu fuga de la casa?”

– “Que si no lo hacía de esa manera no me hubiesen dejado ir”

– “Claro que no ¿Quién te dijo a ti que los burros nacieron para aprender?

– “Pues, no se si los burros nacieron o no para eso, pero yo si voy aprender. Es más, ya se leer y escribir, sacar cuentas y no me iré de aquí.” -dijo molesto Tomás, dio media vuelta y se alejó.

Su padre furioso se disponía a seguirlo y su esposa lo detuvo mirando a los señores tigres que los miraban sin decir nada. Más tarde, en la sala de estar, tomaban te y galletas. Amanda le contó todo a sus padres, que finalmente entendieron, y permitieron que Tomás se quedara allí.

Así fue como este pequeño, que no se dejó vencer por nada para lograr su sueño de estudiar y llegar a tener un título universitario, fue a la escuela. Estudio mucho y siguió su camino al ser mayor.

Consiguió un trabajo y estudió mucho más. Luisito, en cambio, sólo llego a duras penas a mitad de escuela y comenzó en trabajar en un taller mecánico. Su amigo oso se fue lejos y solo se supo que trabaja en una tienda de ropa. La mamá de tigrito acepto que no todos nacen para tener títulos universitarios, lo importante es que siempre luchemos por ser mejor cada día, y ser una mejor persona en nuestro mundo, y ser feliz con lo que realicemos.

Se lo que tu quieras ser pero con amor, y con libertad para ser cada día mejor en lo hagas… El burro Tomás se graduó con honores de médico, se casó, y sus padres se sentía orgulloso de él, Luisito se hizo su mejor amigo al igual que sus padres de los papás de Tomás.

Fin.

El burrito inteligente es un cuento de Carmen María Rondón Misle © Todos los derechos reservados.

Sobre Carmen María Rondón Misle

Carmen María Rondón Misle - Escritora

Carmen María nació el 6 de abril de 1966 en La Victoria, estado de Aragua en Venezuela. Se graduó de Bachiller en Humanidades de la secundaria, no realizó estudios universitarios solo cursos de redacción literaria, de teatro, actuación para televisión y se formó como escritora solo leyendo, y con mucha imaginación.

Su primer cuento fue “El Burrito Inteligente” que escribió a los doce años, fue reescrito a los 30 y revisado varias veces hasta que fue publicado en EnCuentos a los 44 años, conjuntamente con cinco cuentos mas, “La cúpula de cristal” “El maravilloso mundo de los libros” “El futbol no tiene la culpa” “El valle de las muñecas” “El viejo y el tren”. Posteriormente escribió su novela Buenos días buen amigo y luego El Piano roto. También tiene escritos en casa Eolo varios artículos de diferente temas.

Actualmente tiene terminada dos novelas más sin publicación y, estrenándose en el género de terror, escribió un cuento llamado “La piñata” que participó en la categoría de terror del concurso Solsticio de verano.

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6 pensamientos sobre “El burrito inteligente”

  1. ESTE CUENTO ME GUSTO MUCHO POR QUE TAMBIEN CUANDO LO VI PENSE QUE ERA UN BURRITO QUE QUERIA APRENDER A
    SER INTELIGENTE PERO
    ES CIERTO LOS
    BURROS NO
    SOLAMENTE
    VIENEN AL MUNDO PARA CARGAR COSAS
    SI NO PARA A PRENDER Y TENER UNA VIDA FELIZ,
    Y SIN MALTRATOS POR ESO
    TAMBIEN SIENTEN COMO SIENTEN LAS PERSONAS COMO TAMBIEN
    SIENTEN TODAS LA NATURALEZA.

  2. Muy hermoso el cuento del burrito inteligente muchos nos identificamos con ese burrito que tuvo que luchar contra todos aquellos que no confian en nuestras capacidades inclusive nuestros padres que son los que deberian apoyarnos dede el primer momento.

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