30 de abril, Día internacional de la concientización sobre el problema del ruido


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30 de abril, día internacional de la concientización sobre el problema del ruido. Conciencia ambiental

 

Las principales fuentes de contaminación sonora son los vehículos, los aeropuertos, la industria, y los locales destinados al ocio (bares, pubs, discotecas, etc.). Actualmente, 3 de cada 4 ciudadanos sufre niveles de ruido excesivos que ponen en peligro tanto su salud física como psíquica.

El límite aceptado por la OMS y las legislaciones europeas es de 65 decibelios, pero según la OCDE (Organización para la Cooperación Economía y Desarrollo) 130 millones de personas en el mundo sufren un nivel sonoro superior en su entorno, mientras otros 300 millones padecen ruidos que imposibilitan una calidad de vida media. El progreso técnico, el auge de los medios de transporte, el hacinamiento, los hábitos culturales y el crecimiento urbano sin una planificación correcta son algunos de los factores que han contribuido a la degradación acústica del medio y al deterioro de las relaciones entre las personas y su entorno. La Unión Europea estima que el ruido ambiental se ha duplicado en todos los países miembros en los últimos años, hasta el punto que hoy los expertos consideran la contaminación acústica como una de las más molestas y de las que mayor incidencia tienen sobre el bienestar de los ciudadanos. Cabe señalar, no obstante, que no existe una correlación absoluta entre el desarrollo económico y el nivel de ruido, sino que éste último viene determinado por otros factores como por ejemplo el grado de concienciación ciudadana sobre sus efectos y sobre la posibilidad de evitarlos.

Ruido y salud
Es difícil definir el ruido con precisión. Una de las definiciones más utilizadas es la de sonido no deseado o dañino para quien lo percibe. El ruido actúa a través del órgano del oído sobre los sistemas nerviosos central y autónomo. Cuando el estímulo sobrepasa determinados límites se produce sordera y efectos patológicos en ambos sistemas. Uno de los efectos más comunes del ruido y que mayores quejas provoca es el malestar. Las personas afectadas hablan de intranquilidad, inquietud, desasosiego, depresión, desamparo, ansiedad o rabia. Durante el día se suele experimentar malestar moderado a partir de los 50 decibelios, y fuerte a partir de los 55. En periodo vespertino, en estado de vigilia, estas cifras disminuyen en 5 ó 10 decibelios. Otro de los efectos psicológicos de la contaminación acústica es la pérdida de atención, concentración y rendimiento. En ciertos casos las consecuencias será duradera, por ejemplo, los niños sometidos a altos niveles de ruido durante su edad escolar no sólo aprenden a leer con mayor dificultad sino que también tienden a alcanzar grados inferiores de dominio de la lectura. El ruido influye negativamente también sobre el sueño de tres formas diferentes, produciendo trastornos que se dan, en mayor o menor grado, según peculiaridades individuales a partir de los 30 decibelios. Uno de los trastornos es la dificultad o imposibilidad de dormirse, otro es la interrupción del sueño que, si se padece de forma repetida, puede llevar al insomnio. Y por último, la pérdida de la calidad del sueño, volviéndose éste menos tranquilo y acortándose sus fases más profundas. Como consecuencia de ello aumenta la presión arterial y el ritmo cardíaco, hay vasoconstricción y cambios en la respiración. Las personas sometidas de forma prolongada a ruidos que hayan perturbado y frustrado sus esfuerzos de atención, concentración o comunicación, o que hayan afectado a su tranquilidad, descanso o sueño, suelen desarrollar algunos de los síndromes siguientes: cansancio crónico; tendencia al insomnio; enfermedades cardiovasculares (hipertensión, cambios en la composición química de la sangre, etc. se han mencionado aumentos de hasta el 20% o el 30% en el riesgo de ataques al corazón en personas sometidas a más de 65 decibelios en periodo diurno); trastornos del sistema inmune responsable de la respuesta a las infecciones y a los tumores; trastornos psicofísicos tales como ansiedad, estrés, manía, depresión, irritabilidad, náuseas, jaquecas, y neurosis o psicosis en personas predispuestas a ello; y cambios conductuales, especialmente comportamientos antisociales tales como hostilidad, intolerancia, agresividad, aislamiento social y disminución de la tendencia natural hacia la ayuda mutua. En cuanto a los efectos sobre la capacidad auditiva que puede producir el ruido, éstos no dependen de la cualidad más o menos agradable que se atribuya al sonido percibido sino de la intensidad. En la sordera transitoria o fatiga auditiva no se produce lesión. La recuperación es casi completa al cabo de dos horas y completa a las 16 horas de cesar el ruido, si se permanece en un estado de confort acústico (menos de 50 decibelios en vigilia o de 30 durante el sueño). La sordera permanente está producida, bien por exposiciones prolongadas a niveles superiores de 75 dBA, bien por sonidos de corta duración de más de 110 dBA, o bien por acumulación de fatiga auditiva sin tiempo suficiente de recuperación. Es entonces cuando se produce una lesión en el oído interno que puede ir acompañada de zumbidos de oído (acúfenos) y de trastornos del equilibrio (vértigos).

Fuentes del ruido
El exceso de ruido proviene de diversas fuentes, entre ellas, el 80% se debe a los vehículos de motor, el 10% a las industrias, y el resto a ferrocarriles, bares, locales públicos y talleres. El parque automovilístico ha convertido al coche en el factor de degradación acústica más importante.

Qué hacer
Para contrarrestar un ruido excesivo, hay métodos activos y pasivos, y en efecto estos últimos son los más empleados. Las personas intentan insonorizar sus viviendas con pantallas acústicas, materiales porosos, soportes antivibratorios, etc. En cualquier caso, nosotros, los usuarios, podemos contribuir a que disminuya la contaminación acústica. Eso significa evitar producir ruido, por un lado, pero también ser capaces de llamar la atención a quien lo provoque de forma innecesaria y excesiva, sin quedarnos callados. Hay muchos ruidos que se podrían evitar: golpes fuertes de puertas, música alta en casa, televisores a todo volumen.
Algunas sugerencias para disminuirlos son:

Evitar ruidos de tráfico
– Realizar un buen mantenimiento de su vehículo, con especial hincapié en el silenciador.
– Evitar acelerones y frenazos bruscos en los semáforos.
– Utilizar la bocina sólo cuando sea necesario o en caso de emergencia.
– Hacer uso de los transportes públicos siempre que se pueda.

Evitar ruidos en la vivienda
– Moderar el sonido del televisor, de la radio, cadenas de música, instrumentos musicales, etc.
– No hacer ruido en los espacios comunitarios, sobre todo a partir de las 22 h. (escalera, veredas, patios, terrazas)
– Tener cuidado a la hora de usar los electrodomésticos en horas de descanso nocturno, sobre todo en el caso de lavadoras.

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Fuente: mec.gov.py

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