Un dulce cambio. Vivimos bajo el mismo techo, pero no nos hablamos, ni una sola mirada.

Por Marta Ximénez Gómez. Cuentos cortos sobre la vida

Las cosas no son siempre como las esperamos, a veces “un dulce cambio” provoca que una situación difícil se convierta en algo completamente diferente y se produzca el milagro 🙏🏼. El siguiente cuento, de la escritora española Marta Ximénez Gómez, es su primera, y esperemos que muy fructífera, participación en EnCuentos. Es un relato hermoso para personas de todas las edades. ¡Dejemos que nos sorprenda!

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Un dulce cambio

Un dulce cambio - Cuento corto sobre la vida

Vivimos bajo el mismo techo, pero no nos hablamos. Quizá, en otro tiempo, sí lo hacíamos, pero no lo recuerdo. Hoy, ni una sola mirada.

Mis días, y también los de él, transcurren siempre igual. Comemos, hacemos algo de ejercicio, dormimos, admiramos el entorno, incluso a veces soñamos, al menos yo, pero poco más. Somos, lo que se dice, un par de extraños, aunque compartamos la misma morada. A pesar de que hago ejercicio, a diario, últimamente, me muevo menos porque me siento más regordeta. Tengo cada vez más hambre y menos ganas de moverme. Bueno, lo de tener hambre no es extraño, porque soy de buen comer.

Llevo unos días rara y, especialmente, hoy. Estoy muy nerviosa y algo asustada. Me parece que mi casa se vuelve más estrecha, e incluso más oscura, por momentos. Le miro a él, y creo que también está inquieto, claro que él es mucho más tranquilo y no se le nota tanto.

En un instante, sin darme tiempo a reaccionar, todo se acelera. Escucho muchos ruidos que jamás he escuchado. ¡Tengo miedo! ¡Mucho miedo! ¡Me quedo paralizada! Muchas sensaciones que no sé describir se agolpan en mí. De repente, y sin explicación, todo pasa. La oscuridad reinante se transforma, ahora, en claridad. Es tal la luz que inunda mis ojos que no puedo ver nada. El temor que invadía mi cuerpo ha cesado. Siento una tranquilidad desconocida que, aunque quisiera explicar, no sabría.

Escucho una voz, pero ¿quién es?

Una imagen de verde atuendo le dice al doctor, la niña 2,700 y el niño 3,500.

Nos llevan “en volandas” y con un ajetreo, que ni te cuento.

Sinceramente, pensaba que nos caíamos. En un santiamén, nos acercan al regazo de una dulce señora que huele “de rechupete”.

Nos mira mucho y llora, no escandalosamente, sino que llora y a la vez sonríe. El señor de las gafas que está junto a ella también sonríe. ¡Menos mal que también ha sonreído! Al verla llorar, al principio, he pensado ¡A ver, no sé si soy guapa o fea, porque nunca me he visto, pero vamos, de ahí a provocar el llanto!

Al rato, nos han dejado en un sitio más pequeño, uno al lado del otro. Y, por primera vez, nos hemos mirado. Y ahora, viéndole más de cerca, parece como yo, quiero decir, pequeño y mofletudo y se mueve mucho, más que nunca, creo yo. Yo también me muevo más.

Todo es distinto, hay muchos más sitios a los que mirar y más colores. No sé qué pasará a partir de ahora, pero creo que este nuevo sitio me va a gustar. También me gustan los dos, él y ella, porque nos cogen y nos dan muchos besitos. Para mí, todo esto es muy novedoso, y para él, también. Una de las señoras de verde me coge y me dice ¡ven, chiquitina, vamos con Mamá! que resulta ser la señora que me mima mucho. ¡Mamá! A saber, lo que significa ¡Uf, cuantas cosas voy a tener que aprender!

Fin.

Un dulce cambio es un cuento corto de la escritora Marta Ximénez Gómez © Todos los derechos reservados.

Sobre Marta Ximénez Gómez

Marta Ximénez - Escritora

Marta Ximénez Gómez es española, vive en Madrid y es, por vocación, pedagoga. Mente curiosa, sensible e inquieta es, según ella misma, una apasionada de la escritura.

“Quizá esa inquietud naciera de tener un padre escritor de libros de medicina, pero, especialmente, por encontrar a través de la escritura el medio perfecto para fundir ficción y realidad, sueños, aspiraciones y hasta conversaciones que habría querido mantener”.

En sus breves relatos, intenta desgranar momentos importantes de su vida o situaciones a las que desearía abrazar en el camino.

“Los protagonistas son ‘mis modelos’, anónimos, pero muy especiales, a los que admiro profundamente, por ser transmisores de importantes valores. Mi infancia estuvo marcada por la enseñanza de grandes valores y deseo que siempre estén a mi lado”.

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