Largometraje


Por Liana Castello. Cuentos sobre la vida.

Largometraje es un emotivo e inspirador cuento sobre una mujer que decide cambiar su vida inspirada por las películas que ve todos los días. Es un breve cuento de la escritora argentina Liana Castello. Cuentos cortos para mujeres. Historias de la vida real para jóvenes y adultos.

Largometraje

Largometraje - Cuento corto sobre la vida

A Julia le gustaba mirar películas, fuese ir al cine o en su casa, sentarse a ver un film era, sin dudas, su pasatiempo favorito.

Julia no estaba conforme con su vida. Su matrimonio no era lo que había soñado, no tenía un trabajo que amase y ser madre le había resultado mucho más difícil de lo que había supuesto.

Para evadirse una y otra noche, recurría a sus películas. Distraerse con otras historias que no fuesen la suya, vivir en cierto modo otras vidas, le daba –por el tiempo que durase el film- una especie de respiro de esa realidad que tan poco feliz la hacía.

Toda película tiene magia, una historia que empieza, se desarrolla y termina en noventa minutos, proezas que en la vida real tal vez nunca nadie haría, amores apasionados o tormentosos poco probables en el día a día. Vidas de una riqueza y una intensidad tal que contrastaban bruscamente con la monotonía de su realidad.

Frente a la pantalla, Julia sentía otras cosas, imaginaba que todo era posible, se paraba en una vereda que no era la suya y desde allí el panorama era muy diferente. Noche tras noche, Julia cumplía el mismo ritual y luego de haber visto su película diaria, se iba a dormir más aliviada. El día siguiente otra nueva historia la estaría esperando frente a la pantalla.

Una noche, terminado el film, Julia no podía conciliar el sueño. A veces, cuando eso ocurría, repasaba una y otra vez la historia que había visto momentos antes

Mas una noche fue distinto porque hay noches –si nos atrevemos- que nos dan la posibilidad de encontrarnos con nosotros mismos, sin máscaras, sin maquillajes, ni distracciones.

Julia comenzó a pensar en su película y en por qué no era feliz con el guión que ella misma había escrito. Por primera vez tuvo la valentía de pensar que la protagonista de su film no era más que ella y lo que era más cruel aún, ella había escrito el guión y dirigía su historia.

Esa noche diferente Julia tomó conciencia que cada uno de nosotros va haciendo las escenas, va escribiendo un libreto, va diseñando las imágenes. Muchas veces, se consoló, la vida nos pone en el camino sucesos que jamás imaginamos y que no hemos provocado, pero muchas otra no.

Ella había elegido a su coprotagonista. Si no era feliz ¿por qué lo seguía eligiendo? ¿Era la queja la solución? ¿Por qué cómo madre tampoco se sentía plena? Sin dudas, más allá del carácter con que un niño nace, mucho tenemos que ver en cómo vamos formando a nuestros hijos.

Julia se vio (a oscuras, que a veces resulta la mejor forma de vernos) sentada en su cama, tal como se sentaba a ver esas películas que le ofrecían otras realidades. Sin embargo, esa noche ella estaba dispuesta a mirarse, a repasar su guión, a analizar a cada uno de los personajes que componían su historia.

Se dio cuenta que siempre había puesto la insatisfacción que sentía en el afuera, como si realmente hubiese sido una actriz a la que le hubiesen entregado el guión de una historia mediocre y triste y que no tenía más remedio que actuarlo. No era así. Dios nos da libre albedrío y una pluma hermosa con la cual podemos escribir la historia de nuestras vidas.

Y pensó también en cuánto más fácil es pensar que los demás no nos hacen felices, como si la carga de nuestra felicidad tuviese que sí o sí depender de los demás. ¿No estaría ella haciendo algo para que los demás fuesen como eran con ella? O pensando de otro modo ¿No estaría dejando de hacer algo que los demás necesitaban de ella?

No es fácil hacerse cargo de la realidad que cada uno de nosotros construye, de ese largometraje que vamos escribiendo a lo largo de nuestra vida, pero sólo nosotros podemos cambiarlo, tal vez con ayuda, tal vez solos, pero siempre nosotros.

¿De qué servía “ser feliz” viviendo vidas ajenas frente a una pantalla cuando no estaba conforme con su vida?

Julia fue valiente, quizás por primera vez en mucho tiempo, y pudo ver lo que hasta ese momento le había sido imposible. Se merecía ser feliz y no lo lograría mirando una pantalla. Primero tenía que reescribir el guión de su vida, luego perdonar y perdonarse muchas cosas, porque a través del perdón nos acercamos al otro. Tenía que parase en su vereda para mirar cada una de las escenas que la habían llevado a esa insatisfacción que sentía y procurar cambiarlas.

Esa noche sentada en su cama pudo ver el largometraje más importante, su vida misma. Decidió tomar un papel y un lápiz imaginario y reescribir su historia. Sabía que no sería fácil, pero también sabía que valía la pena, porque la única historia que vale la pena ser vivida, es la que escribimos día a día, tratando de hacer la mejor letra posible que no sólo nos haga felices a nosotros, si no a quienes amamos también.

Fin.

Largometraje es una de las mejores historias de mujeres enviadas por la escritora Liana Castello para publicar en EnCuentos.

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