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La Pasteler铆a 馃 Era tiempo de ense帽ar el oficio a otras manos j贸venes y 谩giles que pudieran continuar con su tarea.

Por Liana Castello. Cuentos sobre la vida cortos.

La Pasteler铆a es un bello cuento sobre c贸mo pasa el tiempo y la necesidad que tienen las personas de delegar y trascender a trav茅s de transmitir los conocimientos que tienen a otras personas, entendiendo que no se puede vivir para siempre. Es una historia de la escritora Liana Castello, de Argentina, recomendado, como casi todas las cosas que escribe Liana, para todas las edades.

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La Pasteler铆a

Todos los d铆as, a las cinco en punto abr铆a la peque帽a puerta que daba al costado de la calle.

La pasteler铆a - Cuento

Todos los d铆as, a las cinco pasadas encend铆a el horno y comenzaba su trabajo. La pasteler铆a no abr铆a sino hasta las ocho treinta, pero el maestro pastelero deb铆a amasar y preparar sus dulces para que estuviesen tibios y humeantes para sus primeros clientes. Se serv铆a un t茅, que indefectiblemente se enfriaba en el fragor de su tarea, pero que tomaba igual al cabo de unas horas.

Y all铆 comenzaba la magia, luego de las cinco, todo era posible.

Una tosca masa de levadura, se transformaba en un almohad贸n suave, redondo y tibio. El chocolate tomaba formas inesperadas. Las medialunas se tomaban de las manos y hermosamente estibadas, esperaban en forma ordenada a ser introducidas en el horno, no sin antes darse un tibio ba帽o de alm铆bar.

Los muffins eran cobijados por decorados pirotines y abrigados por una crema que los cubr铆a y que adem谩s los vest铆a de gala con granas de todos colores. Pasadas las cinco, la magia comenzaba y la soledad ya no se sent铆a.

El maestro pastelero no ten铆a familia, pocos amigos, pero s铆 muchos clientes.

Era viudo y no hab铆a tenido hijos. Daba entonces a sus cremas, pasteles y panes un trato que iba mucho m谩s all谩 de colocarlos en el horno y prepararlos con dedicaci贸n. La pasteler铆a era su vida. La decoraba, la limpiaba y ordenaba.

Pasaba noches enteras pensando nuevas recetas o alguna innovaci贸n en las ya consagradas. Mo帽os y envoltorios que diesen la terminaci贸n que cada peque帽a obra de arte merec铆a. Cierto d铆a, se dio cuenta que eran las seis y no hab铆a encendido el horno 芦隆Caramba qu茅 descuido!禄 pens贸, pero al d铆a siguiente not贸 que el fino trazo de la manga, ya no era tan exacto y preciso como siempre. A la semana siguiente, olvid贸 los muffins en el horno y comenz贸 a preocuparse.

Pero no fue hasta una ma帽ana en que se qued贸 dormido y no abri贸 la peque帽a puerta que daba al costado de la calle a la cinco en punto, en que se dio cuenta lo que ocurr铆a. Estaba cansando y se sent铆a viejo. Su amor por ese negocio que hab铆a convertido en su vida misma, no hab铆a mermado en absoluto, pero si sus fuerzas.

Era hora de comenzar a delegar.

Era tiempo de ense帽ar el oficio a otras manos j贸venes y 谩giles que pudieran continuar con su tarea. No quer铆a, no pod铆a. Dejar sus masas en manos de otra persona era algo impensado. Permitir que otros ayudasen a que las medialunas se tomasen de la mano y brillasen como reinas, no era algo que el maestro pastelero se hubiese planteado jam谩s.

Pero el tiempo no consulta nuestra voluntad y muchas veces -no todas- decide por nosotros. Pens贸 en cerrar la pasteler铆a, pero aquello era igual a morir en vida y no estaba dispuesto a morir, no todav铆a.

Fue entonces, cuando coloc贸 en la vidriera un cartel que dec铆a 芦Se necesita aprendiz禄.

No le gust贸 como quedaba en medio de los budines y bombones. Le pareci贸 que ese cartel era un intruso en la intimidad de esa vidriera que s贸lo 茅l armaba con un infinito amor. No iba a ser sencillo encontrar al joven que pudiese aprender todo lo que 茅l sab铆a, pero m谩s dif铆cil a煤n, ser铆a encontrar a alguien que le diese el mismo sentido, la misma dedicaci贸n y el mismo amor que 茅l daba a cada producto manufacturado.

芦No tiene buen pulso禄, pens贸 del primero. 芦Sus manos son 谩speras, no amasar谩 con delicadeza禄, pens贸 del segundo. 芦Es ansioso, sacar谩 las cosas del horno antes de tiempo禄, dijo del tercero y con el 煤ltimo muchacho se qued贸. No fueron sus manos, ni su pulso lo que lo hizo tomar la decisi贸n, sino su mirada. El joven miraba la pasteler铆a con un dejo de 茅xtasis y fascinaci贸n. Observaba los panes y los bombones como a obras de arte y tom贸 un muffin con la misma delicadeza con que se toma a un reci茅n nacido en brazos. 芦Es 茅l禄 se dijo.

Pasadas las cinco del d铆a siguiente comenz贸 el entrenamiento.

A las cinco en punto del otro d铆a abrieron juntos la peque帽a puerta y a las ocho treinta levantaron ambos la persiana de ese mundo de levadura y az煤car que hac铆a un poco menos dolorosa la vida de muchos.

En ese peque帽o gesto de levantar la persiana junto al joven, el pastelero se dio cuenta que hab铆a sido acertada la decisi贸n de tener un ayudante. No hab铆a querido aceptar, hasta ese d铆a, que ya le costaba mucho levantarla solo. Las persianas suelen ser como la vida, con los a帽os, se ponen m谩s pesadas o mejor dicho, se va teniendo menos fuerza y se hace m谩s necesario otras manos que nos ayuden.

El joven aprend铆a con una velocidad impresionante y no s贸lo eso, con el tiempo, comenz贸 a crear sus propias recetas.

S贸lo unas pocas correcciones deb铆a hacerle el pastelero muy de vez en cuando.

Haz repetido grana del mismo color en este muffin.

Recuerda que la manga es como ciertas personas, necesita firmeza para ir derecho por la vida.

Debes cuidar el ba帽o Mar铆a, al chocolate hay que tratarlo con dulzura y tranquilidad, como a las personas irascibles.

Una ma帽ana el pastelero se quedo muy dormido y sali贸 apresurado de su casa, ya no podr铆a abrir la pasteler铆a en punto. Llegando a la calle donde estaba su negocio, el aroma le indic贸 que el joven hab铆a estado a las cinco en punto, que el horno hab铆a sido encendido a las cinco pasadas y que todo hab铆a estado en orden a las ocho treinta cuando la persiana debi贸 haberse levantado. Un t茅 tibio lo estaba esperando y respir贸 tranquilo.

El tiempo fue pasando y el joven se convirti贸 en un experto.

No s贸lo era un buen alumno, sino que ten铆a eso que hay que tener muy dentro de uno para que las cosas salgan bien, amor mucho amor y orgullo. El tiempo fue pasando y el joven dej贸 de ser tan joven y el maestro pastelero dej贸 de sentirse viejo para ser viejo.

Y como en uno de esos trueques que la vida nos ofrece, los roles se intercambiaron. Ahora era el muchacho quien correg铆a con infinito respeto el pulso tembloroso del maestro, quien recordaba la hora en que el horno deb铆a prenderse y el tiempo de levado de cada pieza. A las cinco en punto, el muchacho abr铆a la peque帽a puerta del costado de la calle, pasadas las cinco encend铆a el horno y ocho y treinta levantaba la persiana y el maestro lo acompa帽aba en esos rituales que tan suyos hab铆an sido.

Un d铆a el maestro enferm贸 y ya no pudo levantarse.

Ya no le molestaba morir. Lo que hab铆a sido su vida entera, no morir铆a con 茅l, hab铆a un joven que seguir铆a d谩ndole sentido a ese mundo que con tanto amor, 茅l hab铆a construido.

Tranquilo y feliz, como quien deja el m谩s hermoso legado en las manos de un hijo, el maestro muri贸.

Y como el m谩s respetuoso y amoroso de los homenajes, a las cinco en punto del d铆a siguiente, el joven abri贸 la peque帽a puerta del costado de la calle, pasadas las cinco encendi贸 el horno y a las ocho y treinta subi贸 la persiana de la pasteler铆a. Se sirvi贸 un t茅, que tambi茅n dejar铆a enfriar, y comenz贸 a trabajar.

Fin.

La Pasteler铆a es un cuento de la escritora Liana Castello 漏 Todos los derechos reservados.

Sobre Liana Castello

Liana Castello - Escritora

芦Nac铆 en Argentina, en la Ciudad de Buenos Aires. Estoy casada y tengo dos hijos varones. Siempre me gust贸 escribir y lo hice desde peque帽a, pero reci茅n en el a帽o 2007 decid铆 a hacerlo profesionalmente. Desde esa fecha escribo cuentos tanto infantiles, como para adultos.禄

Liana Castello fue, durante varios a帽os,聽Directora de Contenidos del portal EnCuentos. Junto con este sitio, recibi贸 la聽Bandera de la Paz de Nicol谩s Roerich聽y se convirti贸 en聽Embajadora de la Paz en Argentina聽en 2011.

Si quiere conocer m谩s sobre esta impresionante escritora, puede leer su biograf铆a聽Aqu铆.

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