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El terror debajo de la cama 😬 ¿Quién era el valiente que se metía debajo de ellas a buscar lo perdido? Nadie.

En el cuento «El terror debajo de la cama«, se explora el miedo común que sienten los niños al enfrentarse a la oscuridad debajo de sus camas. En un entorno donde la iluminación era escasa, las habitaciones se sumergían en una oscuridad perpetua. La falta de ventanas laterales y la luz mortecina de los bombillos contribuían a alimentar la imaginación infantil, llenándola de temores y fantasías. El relato de Samuel Gutiérrez Ospina destaca la reticencia de los niños a aventurarse a buscar cosas bajo las camas, imaginando criaturas temibles y seres malignos. En la historia se puede ver, que aunque la oscuridad les generaba miedo, esa casa representaba un refugio donde ocurrían los momentos más importantes de sus vidas.

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El terror debajo de la cama

Terror debajo de la cama - Cuento

En los años 50 al 60 la inmensa mayoría de la gente vivíamos en la isla, en las callecitas que eran nuestro mundo y el paraíso encontrado, pues allí pasábamos la mayor parte del tiempo libre que nos dejaba el asistir a la escuela. Era la luz del sol en todo su esplendor, la lluvia con toda su intensidad, y la luna con su brillo plateado que ayudaba a iluminar la calle, ante la poca capacidad del alumbrado público.

Pero la casa era otro cantar. Todas de madera y como en forma de tubo, pero cuadrado. Sin puertas ni ventanas a los lados. Como un cajón. Solo la puerta que daba a la calle.

Estaban construidas no sé por qué, de una manera particular que las hacía muy oscuras de la sala hacía dentro. Entraba uno en ellas (las puertas de la casa siempre estaban abiertas) y encontraba el salón o sala, para las visitas, ese si iluminado por la luz que entraba por una única ventana y por la puerta de la calle. Enseguida de frente interno, una pared de madera con una ventana minúscula, y en la mitad, un marco sin puertas casi siempre con cortina, y se iniciaba allí un corredor que conducía a las piezas interiores a lado y lado de dicho pasillo, sin puertas también, pero cada una con su marco y su respectiva cortina.

Todo ese pasillo y habitaciones, bajo una oscuridad perpetua así fueran las 12 meridiano, pues no había ventanas laterales y los bombillos, siempre prendidos, daban una luz mortecina.

Seguía la cocina con él comedor allí mismo, pero solo en algunas casas muy grandes como la nuestra, y allí jugábamos al botellón, la vuelta a Colombia dibujada con carbón en él piso y hasta montaban triciclos los pocos que lo tenían; estaba también la mesa de planchar, él radio de cajón de madera para oír las radionovelas, al comico Montecristo y a los Chaparrines. Ahí pasábamos todo el tiempo cuando estábamos dentro de la casa. Estaba la puerta que cerraba la casa por detrás, y seguía el pequeño patio donde se encontraba el inodoro de cadena y el lavadero, que era una minipiscina para los más pequeños.

En las oscuras habitaciones, unas con dos, tres y hasta cuatro camas solo íbamos a dormir y era donde ocurría una de las cosas que más temíamos; que un zapato, una prenda de vestir, una pelota o un balón, un carrito, una muñeca, fueran a parar debajo de esas camas y ¡con esa oscuridad! Allá se quedaban para siempre.

¿Quién era el valiente que se metía debajo de ellas a buscar lo perdido? Nadie. En nuestra mente infantil imaginábamos que podía haber ahí, serpientes, alacranes, arañas, sapos o lo peor, estar el diablo, la bruja o alguna calavera con o sin sus huesos.

¿Meter un palo de escoba para hurgar y sacar lo perdido de ese inframundo? Ni de riesgos, se podía despertar la serpiente y salir a mordernos las “patas”, el alacrán subirse por él palo de la escoba a picarnos, o los sapos al ser molestados arrojarnos su leche y dejarnos ciegos. Adiós zapatos, adiós juguetes, adiós balones, pero allá abajo no entrabamos ni por el p…s y menos arrastrándonos.

Pasado un tiempo, por un trasteo, un aseo general o con la ayuda de una linterna y una escoba el papá (nuestro héroe) rescataba los elementos perdidos, pero se los encontraba ya, llenos de moho los zapatos, de oxido el carrito metálico, la pelota desinflada y las prendas de vestir deshilachadas por los ratones y muy empolvada y sucia la muñeca.

Pero a pesar de todo esa casa-cueva, era nuestro refugio, la casa de los abuelos, papás, hermanos. Allí nacíamos, allí crecíamos, nos contaban las historias, los cuentos de miedo, hacíamos la fiesta de la primera comunión, pasábamos la navidad y también allí, se morían ellos, los abuelos.

Adiós casita, adiós.

Fin.

El terror debajo de la cama es un cuento del escritor Samuel Gutiérrez Ospina © Todos los derechos reservados.

¿El juego del botellón? y ¿La vuelta a Colombia?

Y ya que el cuento hace mención a dos juegos tradicionales Colombianos, vamos a ver de qué se trata el juego del botellón, y el de la Vuelta a Colombia.

¿Qué es el juego del Botellón?

El «botellón» es un juego tradicional colombiano que se juega generalmente al aire libre. Es especialmente popular entre los niños y se puede jugar con dos equipos o más. Para jugar al botellón, se necesita una botella de vidrio vacía y un espacio plano donde se pueda marcar un dibujo en el suelo que representa una ruta que simboliza un viaje o recorrido.
El juego comienza con un equipo que coloca la botella en una de las casillas del dibujo y el jugador que le corresponda tira la botella al aire, intentando que caiga de pie en otra de las casillas. Si la botella cae de pie en una casilla, el jugador avanza hasta esa casilla y pasa el turno al siguiente jugador de su equipo. Si la botella cae de lado o boca abajo, el turno pasa al equipo contrario.
El objetivo del juego es avanzar por la ruta marcada en el suelo, saltando sobre las casillas ocupadas por la botella, hasta llegar a la casilla final. El primer equipo en completar todo el recorrido gana el juego.

¿Qué es el juego «La vuelta a Colombia»?

«La vuelta a Colombia» es un juego tradicional colombiano que se juega con canicas. Es especialmente popular entre los niños y se puede jugar en un espacio plano, como una superficie de tierra o una acera. El objetivo del juego es completar un recorrido que simboliza un viaje alrededor de Colombia.
Para jugar se necesita varias canicas y un dibujo en el suelo que represente la ruta del recorrido. Cada jugador debe elegir una canica que será su «corredor» en el juego. El primer jugador coloca su canica en el punto de partida del recorrido. Luego, usando su dedo índice, lanza su canica intentando golpear las canicas de los otros jugadores y hacer que se salgan del dibujo o tocar las marcas en el suelo que representan los obstáculos en el camino.
Si la canica de un jugador es golpeada y sale del dibujo, ese jugador debe volver al punto de partida y comenzar de nuevo. Si un jugador logra tocar las marcas sin salirse del dibujo, avanza en la ruta según las reglas del juego.
El recorrido puede tener diferentes obstáculos y desafíos marcados en el dibujo, como montañas, ríos o ciudades. Los jugadores deben evitar tocar o salirse del dibujo al enfrentarse a estos obstáculos.
El objetivo del juego es ser el primer jugador en completar todo el recorrido y llegar al punto final.

Sobre Samuel Gutiérrez Ospina

Samuel Gutiérrez Ospina - Escritor

Por jugadas del destino, y en plena violencia política, año 1950, nació en el Puerto de Buenaventura, hijo de un manizalita y una armenita.

«¡Qué bueno ha sido ser porteño!»

El obispo Valencia Cano, quiso tener clero nativo y fue uno de los elegidos para ir al seminario. El sueño duro poco. Terminó el bachillerato y fue a Cali, porque quería licenciarse y ser maestro. Otro deseo fallido.

Sus cuatro hijos son profesores universitarios y de colegio de Bachillerato. Lo lograron por él, para cumplir su deseo. Su esposa da clases de manualidades y él trabaja con chicos como promotor de lectura.

Se graduó en el SENA técnico en Relaciones Industriales, y se dedicó a tender puentes con sus semejantes. Se convirtió en vendedor profesional.

Samuel Gutiérrez Ospina siempre ha estado ligado a los libros y la escritura ha sido una permanente compañera de vida. Caminar, mochiliar, montar bicicleta son sus pasatiempos.

Por su esposa, conoció a Historias en Yo Mayor y fue posible así, contar las historias que ya tenía escritas, y escribir otras.

Otro cuento de Samuel Gutiérrez

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