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El Rapto ♀ ¿Pero qué presagiaba esta ausencia de mujeres? ¿Será acaso el fin de la humanidad?

Por José Jair Nieto Gonález. Cuento sobre un mundo sin mujeres.

El cuento «El Rapto» nos sitúa en la experiencia cotidiana de un hombre que, al despertar, se encuentra con un mundo alterado. Desde el primer instante, el narrador nos lleva por su rutina matutina, llena de detalles sensoriales que nos transportan a su entorno familiar y natural. Sin embargo, a medida que avanza la narración, el protagonista percibe una ausencia inquietante: la falta de mujeres en su entorno. Este vacío se convierte en el centro de su preocupación y reflexión, planteando preguntas profundas sobre la naturaleza humana y el papel fundamental que desempeñan las mujeres en la sociedad y en la vida de los hombres.

“Envío una historia acorde al mes de las mujeres, marzoˮ.

Jair Nieto

El cuento nos invita a reflexionar sobre la importancia de reconocer y valorar el papel de las mujeres en nuestras vidas y en la sociedad en general, así como a cuestionar las consecuencias de su ausencia en un mundo dominado por hombres.

El Rapto

Cuento de un mundo sin mujeres - El rapto de Jair Nieto

Amaneció. Acostado en mi cama veo la llegada de un nuevo día. El sol salió y sus rayitos pasan por chispas irisando mi ventana y filtrándose a través de las cortinas. Yo espero que mi bella esposa, que no está a mi lado, esté preparándome y pronta, a traerme una taza de café humeante de esta, nuestra tierra.

Como eso no sucede, me levanto a hacerlo y llevarlo a donde ella está.

Empiezo a bajar las gradas del segundo al primer piso, paso por el cuarto de mi hija María Fernanda, pero no está, ya se levantó. En cambio, mi hijo sigue durmiendo. Bajo despacio, -cualquiera diría que estoy contando las gradas- que me separan de la sala y cocina.

Desemboco en esos recintos y afuera el sol hace su agosto, disparando sus rayos benefactores. Olores del jardín penetran trayendo aromas agradables a toda la casa. Se ven pajaritos que están de visita en el pequeño soto que con amor cultivamos, mi esposa, mis hijos y yo.

Salgo al antejardín, saludo con la mano a mi vecino, quien me contesta con desgano. Esta solo y algo le molesta, pero no sé qué. Pasa por mi lado un colibrí que va a libar el néctar de las rosas. Las begonias y hortensias también están en flor, igual que los geranios y jazmines.

Pero hay algo que no encaja en su sitio. Algo raro, lo barrunto, lo alcanzo a percibir, lo siento en el aire, pero no caigo en cuenta qué es.

Ya el hormiguero humano empieza su labor diaria. Todos salen hacia esa inmensa colmena que es la ciudad, a sus labores. Cantidades de obreros, también zánganos, -pero que extraño- no veo reinas.

Como vivo en el oeste, me da por hacer ejercicios en los cerros tutelares de la ciudad de Cali. Salgo al trote de la casa en camiseta y sudadera. Voy rumbo al cerro de las tres cruces, y como dije antes, el sol a salido con fuerza y lamento no llevar la gorra. Al llegar a la altura más o menos de la mitad de la montaña, he subido bastante; al parar a descansar, veo que aún me falta lo más pendiente.

Me doy cuenta que no he visto pasar cabelleras hermosas, con moños cola de caballo, en rubias o trigueñas. Tampoco formas armoniosas estratégicamente puestas en sus caderas. No hay niñas que con sus voces cantarinas saluden a quien pase por su lado, o pregunten por su mamá. ¿Qué pasó con las mujeres?

No quiero caer en el ridículo de preguntarle a alguien, por qué no hay mujeres. Si lo hago correría el riesgo de que crea que no voy a hacer ejercicio sino a mirar chicas, -aunque internamente sé que así es-.

Esta es una situación rara. Para un señor a descansar al lado mío y me atrevo a preguntar:

Qué raro, ¿están escasas las mujeres?

Esto es anormal, me contestó.

Charlamos por espacio de quince minutos y en ese tiempo, no pasó ninguna cerca de nosotros. Le pedí un permiso, y bajé a la carretera a buscar a las mías, pues sin ellas soy incapaz de vivir, lo confieso.

Al ir bajando del cerro y mirar la colina, noto como se derrumba la montaña erosionada falda abajo en busca del río. La mano dañina del hombre como especie, es determinante en esto.

Los sabios han opinado que la salvación del planeta, depende mucho de la extinción de la raza humana. Los animales cuidan su entorno, usan solo lo necesario. En eso difieren de nosotros los «pensantes», que acabamos lo que nos corresponde y agotamos lo que corresponde a las generaciones futuras.

¿Pero qué presagiaba esta ausencia de mujeres? ¿Será acaso el fin de la humanidad? ¿Acaso será el crepúsculo del alma?

Mi susto era tremendo. Seguí bajando y me encontré con mi hijo que me buscaba.

¿Qué hubo, papá?, ¿Dónde estabas que no te encontraba?

Aquí, en el cerro. ¿Tu mamá y tu hermana, están bien?

No sé dónde están. Cuando salí, no estaban en la casa. ¿Las viste?

No, por eso te lo pregunto.

Nos fuimos preocupados por la ausencia de ellas y en general de las mujeres. Que perspectiva tan negra un mundo sin ellas. Era aterrador. Empecé en mi mente a elucubrar.

… Será que el creador cansado de nuestras infamias hacia ellas, resolvió raptarlas. He leído en la Biblia que habrá un rapto, es más, se habla de los 144 mil que serán escogidos, pero ¿van a ser solo mujeres?

¿Se cansó el padre celestial de la cadena de opresión soportada por las mujeres, a través de la vida? Los acosos, insultos, agresiones en contra de ellas, causadas por amantes, amigos, esposos, enemigos o en general por nosotros los hombres.

También leí que Dios prometió que el mundo jamás volvería a ser destruido por un diluvio. Tampoco por el fuego. Pero destruirlo así, llevándose las mujeres.

Se me antoja pensar, que no hay una crueldad peor.

Oh Dios, que estos pensamientos míos no sean realidad. Te clamo, no nos quites las mujeres que son el azúcar de la vida. Tú sabes son el polo a tierra, el ancla al piso, sin ellas los estúpidos hombres no seremos capaces ni de pensar.

Cuanto tiempo pasará para que los hombres solos, empecemos a mostrarnos los dientes. ¿Cuánto para que nos tiremos enloquecidas cantidades de bombas a la cabeza? Solo de pensarlo, solo de creer que pueda haber un mundo sin ellas, me trae la idea del suicidio. No nos las quites ¡por favor Señor!

Me arrodillé a llorar desesperado, cuando sentí que alguien entraba a mi cuarto y vi a mi esposa que se arrojaba sobre mi diciéndome:

¿Mi amor que te pasa?

Sentí también a mi hija a mi lado y las miré avergonzado.

¡Que horrible pesadilla!

Fin.

El Rapto es un cuento del escritor José Jair Nieto González © Todos los derechos reservados. Prohibida su reproducción total o parcial sin la expresa autorización de su autor.

Sobre José Jair Nieto González

José Jair Nieto González - Escritor

José Jair Nieto González nació el 15 de marzo de 1947 en Armenia, en el departamento de Quindío en Colombia. Jair estudió en Sevilla y Cali, ambos del departamento de Valle del Cauca.

Es tecnólogo del Sena Colombiano y trabajó 35 años en una empresa privada. Actualmente es pensionado.

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