Saltar al contenido

Año Rural | El dinero de su padre, su inteligencia, su medicina, de nada le servía allí…

Por José jair Nieto González. Cuentos cortos para adolescentes.

En «Año rural«, conocemos a un joven médico lleno de orgullo y escepticismo hacia lo divino. Su destino lo lleva a un año de trabajo en una región desfavorecida, una experiencia que cambiará su perspectiva de la vida. En este tragicómico relato de transformación y humildad, del escritor colombiano Jair Nieto, aprendemos que la vida nos enseña lecciones inesperadas cuando nos enfrentamos a nuestras debilidades y prejuicios. Una muy breve historia, inspiradora para jóvenes y adolescentes.

Luego, si te gusta esta breve historia que nos cuenta Jair, por favor, deja algunas palabras en la sección de comentarios (✍🏼), califica con estrellas a este cuento para que otros lo encuentren y lean (⭐) y comparte con algunos amigos y conocidos, principalmente adolescentes, a través de tus redes sociales. También puedes descargarlo como PDF y enviarlo por Whatsapp, Telegram o correo electrónico (🙏🏼). ¡Gracias!

Año Rural

La familia estaba preocupada por él, por su orgullo desmedido, su ateísmo y un constante alabarse, por demás incomodo. Solía manifestar, que Dios debería ocuparse de los pobres, feos, y desamparados. Pero del bonito, inteligente, de buena posición, no.

Cuando decían gracias a Dios, manifestaba:

Cuál gracias a Dios, si el que trasnocha, quema neuronas y pestañas soy yo.

Un día llegó a la casa, reunió la familia, padre, madre, hermana mayor casada, con hija, su novia y dijo:

Recibí una carta de la U, donde dicen que, el año rural será en Quibdó-Chocó, a donde fui asignado.

El padre inmediatamente apuntó:

Hijo, ¿Vas a irte para allá? Hablaré con el gobernador y te haré asignar algo mejor.

No papá. Hasta aquí me cargaste; veremos si es verdad que soy tan bueno como creo, y es mejor empezar entre la pobreza y sus enfermedades; es mi gran reto. ¡Me salvó o me hundo!

Fue tan enérgica la posición del médico, que la familia y su novia lo aceptaron. Iniciaron los preparativos del viaje, con abrazos y llantos lo despidieron.

Cuando fue a tomar el avión, todos se hacían cruces, pues era viejo y pequeño con solo dos tripulantes, un mecánico, y ocho pasajeros. La familia observaba preocupada, ese remedo de avión, pero así era como se volaba al Chocó y a los territorios nacionales. Despegó a las 3.50 pm para un vuelo de cuatro horas.

El vuelo fue normal, hasta que cayó la tarde y la lluvia constante fue empeorando, convertida en tormenta con rayos y truenos. El avión era zarandeado por el viento, y el miedo se veía en los rostros de todos, menos en él. Todo se oscureció, los rayos convertidos en un espectáculo aterrador, y la nave bajaba y subía constantemente, y por esto, gritaban y clamaban a Dios, menos él.

En una turbulencia el avión se fue a pique, caía a tierra en esa oscuridad, arrasando copas de árboles, para caer en la orilla de un río, caudaloso y no tan hondo. Al despertarse, vio el total desastre, se incorporó y comprobó que estaba bien y procedió a revisar a los otros. Ya había luz, pues era media mañana.

Sintió una gran tristeza al saberse el único vivo. Los pilotos y pasajeros estaban muertos. Una señora que encontró viva, murió enseguida. Cojeando supero la situación y pudo salir, ya que al caer cerca a la orilla, un ala hacia puente con la playa. Pensaba, ¿Me voy o me quedo? pues el clima acelerará la descomposición de los cadáveres, más el mal olor. Y esa selva tan inhóspita. Se quedó.

Año rural - Cuento con final cómico

Al segundo día del accidente la familia se enteró; se comunicaron con el hospital y supieron que allá no había llegado. El padre sufrió un infarto, lo que sembró más el caos en ellos. Encargaron a la novia de la búsqueda.

El médico entre tanto, con dolores y malestares, decidió enfrentarse a la selva. Los mosquitos, las arañas, las serpientes, lo atemorizaron y decidió volver al avión. Pero regresó a ella empecinado. Ya era el cuarto día. En la selva con sed, la ropa hecha jirones, barbado, quemado por el sol, se sentía triste e impotente.

El dinero de su padre, su inteligencia, su medicina, de nada le servía allí. Ella se lo tragaba, lo enredaba al caminar en círculos, caía en tremendo hojarascales; loros, micos, y otros animales lo asustaban con sus gritos y rugidos. No podía dormir.

Varias veces le vino la idea de implorar a Dios, pero algo se lo impedía, no era el orgullo ya perdido, era la vergüenza. Llegó a un claro del bosque y encontró un laguito; logró llegar a él, rendido del cansancio, y al meter la cabeza en el agua, se levantó y grito:

¡Dios mío, no me has abandonado, he visto en el agua el rostro de Cristo, Señor!

Salió dando gritos y alaridos que fueron escuchados por el lanchero que traía a su novia. Fue rescatado. Estando hospitalizado recibió la visita de su familia y al verlo su sobrina exclamó:

¡Tío, así de quemado, peludo y barbado, estás igualito al Sagrado Corazón de Jesús, que vi en un almanaque!

Fin.

Año Rural es un cuento del escritor José Jair Nieto González © Todos los derechos reservados.

Sobre José Jair Nieto González

José Jair Nieto González - Escritor

José Jair Nieto González nació el 15 de marzo de 1947 en Armenia, en el departamento de Quindío en Colombia. Jair estudió en Sevilla y Cali, ambos del departamento de Valle del Cauca.

Es tecnólogo del Sena Colombiano y trabajó 35 años en una empresa privada. Actualmente es pensionado.

Otro cuento de Jair Nieto

¿Qué te pareció el cuento «Año rural»? Por favor, déjanos algunos comentarios (✍🏼), califica con estrellas a este breve cuento para que otros lo encuentren en el sitio (⭐) y compártelo con otras personas a través de tus redes sociales (🙏🏼), puedes utilizar los botones que están a continuación. ¡Gracias!

5/5 - (2 votos)

Por favor, ¡Comparte!



Por favor, deja algunos comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *