Tablín

Cuentos infantiles sobre celulares

Tablín es uno de lo interesantes cuentos infantiles sobre celulares escrito por Teresita Vago, un cuento sugerido para niños de todas las edades.

Erase una vez en el Reino de la Tecnología un celular que estaba muy solo. El celular, llamado Tablín, estaba en el local de una galería con muchos celulares igual a él, pero no tenia amigos. ¡Pobrecito!, ¡Las cosas que tenia que hacer para ser uno más! Tablín era muy bueno, compañero, buen amigo, guardaba los mejores secretos que solo le podés contar a tu mejor amigo como de quien te enamoraste, si a la seño la querés mucho o nada, cuanto te gustan las milanesas, los caramelos, andar en bici con rueditas, y muchas cosas más. Pero Tablín, estaba solo.
Una tarde, una nena que paseaba por la galería junto a sus papás pasó por el local y vio a Tablín. A la nena, que se llamaba Alma, no le gustaban los celulares, pero al ver a Tablín su carita cambió. Tablín a la nena no la vio, él seguía cantando, silbando melodías, pero eso a Alma le encantó y les pidió por favor a sus papas que le regalaran ese celu.
– ¡Pero Alma!, ¿No era que a vos los celulares no te gustaban? Además sos muy chica, no te lo podemos comprar -comenzó a decir su papá, un señor de bigotes muy serio
– Dale pá, mirá que lindo que es, ¡habla y canta!, ¿no lo ves? –le respondió Alma
– Almita, hijita de nuestro corazón, ¿Qué te dijo papá? Hasta que no cumplas los doce no vas a tener celular –interrumpió su mamá, una mujer pelirroja cuyas pecas decoraban toda su cara
– ¡Ufa!, ¡Yo lo quería!- respondió Alma, y no le quedó otra: se tuvo que resignar.
Los días pasaban. Tablín seguía tristón por no encontrar un amigo, alguien en quien confiar. Alma no quería tomar la leche, ¡sólo quería ese celular tan simpático! El destino sabía bien.
Y como el destino sabía tan bien, Alma que dibujaba precioso hizo un dibujo: dibujó a Tablín. Escribió sobre la hoja letras de todos los colores pidiéndoles a sus papás que le comprara el celular, pero nada.
Nada, nada, nada, y nada de nada en las horas que pasaban se daba como Alma quería. Sus papás no querían comprarle el telefonito. Pero ella no se dio por vencida.
Una mañana que su papá salió a trabajar, antes de que ella fuera a la Escuela, le dejó sobre el respaldo de su cama el dibujito, pidiendo ese regalo tan especial. Tablín, mientras tanto, ¿Qué hacia? Seguía ahí, en el local. Triste. Cuando el papá de Alma volvió a su casa, vio el dibujito. Aunque no le quería regalar el celular, se le llenó el corazón de ternura.
Entonces, cambió de idea. Fue hasta la galería, habló con el vendedor y cuando el papá de Alma lo vio a Tablín, le dijo Vos sos Tablín, ¿no? Mirá, soy el papá de la nena que quiere ser tu amiga, te voy a llevar a casa así se conocen, ¿dale?
Tablín se dio cuenta enseguida de quien hablaba: de Alma. Entonces, ¡se puso feliz! Encendió su pancita táctil en señal de agradecimiento, entonces el papá de ella se asombró, lo agarró, ¡y lo llevó a su nueva casa!
Cuando el señor de los bigotes serio llegó a su casa, Almita lo esperaba en la puerta. Entonces Tablín que iba en la mano de él, pasó a los brazos de Alma, y ambos se dieron el abrazo más lindo del mundo.
Desde ese entonces, Tablin y Alma son los mejores amigos. Se cuentan todo: en eso Tablín es un genio. Es un celular diferente, porque no tiene maldad, sino toda la bondad del mundo. Y Alma está feliz. Sus papás, también. Todo es alegría. Y colorín, colorado, esta historia tecnológica se ha acabado.

Erase una vez en el Reino de la Tecnología un celular que estaba muy solo. El celular, llamado Tablín, estaba en el local de una galería con muchos celulares igual a él, pero no tenia amigos. ¡Pobrecito!, ¡Las cosas que tenia que hacer para ser uno más! Tablín era muy bueno, compañero, buen amigo, guardaba los mejores secretos que solo le podés contar a tu mejor amigo como de quien te enamoraste, si a la seño la querés mucho o nada, cuanto te gustan las milanesas, los caramelos, andar en bici con rueditas, y muchas cosas más. Pero Tablín, estaba solo.
Una tarde, una nena que paseaba por la galería junto a sus papás pasó por el local y vio a Tablín. A la nena, que se llamaba Alma, no le gustaban los celulares, pero al ver a Tablín su carita cambió. Tablín a la nena no la vio, él seguía cantando, silbando melodías, pero eso a Alma le encantó y les pidió por favor a sus papas que le regalaran ese celu.
– ¡Pero Alma!, ¿No era que a vos los celulares no te gustaban? Además sos muy chica, no te lo podemos comprar -comenzó a decir su papá, un señor de bigotes muy serio
– Dale pá, mirá que lindo que es, ¡habla y canta!, ¿no lo ves? –le respondió Alma
– Almita, hijita de nuestro corazón, ¿Qué te dijo papá? Hasta que no cumplas los doce no vas a tener celular –interrumpió su mamá, una mujer pelirroja cuyas pecas decoraban toda su cara
– ¡Ufa!, ¡Yo lo quería!- respondió Alma, y no le quedó otra: se tuvo que resignar.
Los días pasaban. Tablín seguía tristón por no encontrar un amigo, alguien en quien confiar. Alma no quería tomar la leche, ¡sólo quería ese celular tan simpático! El destino sabía bien.
Y como el destino sabía tan bien, Alma que dibujaba precioso hizo un dibujo: dibujó a Tablín. Escribió sobre la hoja letras de todos los colores pidiéndoles a sus papás que le comprara el celular, pero nada.
Nada, nada, nada, y nada de nada en las horas que pasaban se daba como Alma quería. Sus papás no querían comprarle el telefonito. Pero ella no se dio por vencida.
Una mañana que su papá salió a trabajar, antes de que ella fuera a la Escuela, le dejó sobre el respaldo de su cama el dibujito, pidiendo ese regalo tan especial. Tablín, mientras tanto, ¿Qué hacia? Seguía ahí, en el local. Triste. Cuando el papá de Alma volvió a su casa, vio el dibujito. Aunque no le quería regalar el celular, se le llenó el corazón de ternura.
Entonces, cambió de idea. Fue hasta la galería, habló con el vendedor y cuando el papá de Alma lo vio a Tablín, le dijo Vos sos Tablín, ¿no? Mirá, soy el papá de la nena que quiere ser tu amiga, te voy a llevar a casa así se conocen, ¿dale?
Tablín se dio cuenta enseguida de quien hablaba: de Alma. Entonces, ¡se puso feliz! Encendió su pancita táctil en señal de agradecimiento, entonces el papá de ella se asombró, lo agarró, ¡y lo llevó a su nueva casa!
Cuando el señor de los bigotes serio llegó a su casa, Almita lo esperaba en la puerta. Entonces Tablín que iba en la mano de él, pasó a los brazos de Alma, y ambos se dieron el abrazo más lindo del mundo.
Desde ese entonces, Tablin y Alma son los mejores amigos. Se cuentan todo: en eso Tablín es un genio. Es un celular diferente, porque no tiene maldad, sino toda la bondad del mundo. Y Alma está feliz. Sus papás, también. Todo es alegría. Y colorín, colorado, esta historia tecnológica se ha acabado.

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