Marcelino, el descubridor

Marcelino, el descubridor

Marcelino, el descubridor

Marcelino el descubridor. Kike el duende, escritor español. Cuento infantil.

Vivía en un lugar, de cuyo nombre no me puedo acordar. Pasaba las horas encerrado y delante de un encerado, un niño de cabellos largos y con cuatro guisantes en cada mano.

Con ellos pretendía calcular de qué color se pone un zapato blanco si lo pones en una tartera a fuego lento un rato. Cogió con una sola mano los ocho guisantes y se descalzó, dejó caer los guisantes en uno de sus zapatos y los agitó, sin mirar echó los guisantes en la tartera y después el zapato también.

Todavía con los ojos cerrados, la tartera tapó y apretando los dientes hasta cien contó. Según él, lo importante era calcular un número mágico que saldría de la inteligencia de los guisantes, sería suficiente para averiguar el color del zapato.

En una esquina del encerado había dibujado minutos antes un pequeño arco iris, un arco iris especial de unos treinta colores, al lado de cada color escribió un número, del uno al treinta por supuesto.

Mientras se cocinaba su zapato, sacó de uno de sus bolsillos otros ocho guisantes, los metió en una caja y, al azar, sacaba una y otra vez entre los dedos una cantidad de ellos. Cuatro, dos, siete, dos de nuevo, tres, cinco, uno y cuatro.

Escribió separadamente esas cantidades en el encerado y, también al azar, situó entre los números los cuatro signos aritméticos más usuales. Cuatro más dos, más siete, menos dos, más tres, por cinco, más uno y todo ello entre cuatro. Diecisiete con setenta y cinco.

Escribió ese número subrayando con fuerza y, sonriendo, dijo en voz alta, “rojo melocotón”. ¡El zapato saldrá rojo melocotón! Notó enseguida cierto olor a quemado y, cogiendo un trapo que tenía para borrar la pizarra, destapó la tartera.

-¡¡Bingo!!, grito, -he acertado.

El pequeño Marcelino, una vez más, soñaba sus descubrimientos cuando se quedaba dormido en clase. Al despertar no existía ni un zapato rojo melocotón ni ocho guisantes dentro de una tartera pero, aunque no está bien dormirse en clase, sí está bien soñar que eres un gran descubridor o descubrir que eres un gran soñador.

Fin

 

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