La procesión de las farolas

La procesión de las farolas

La procesión de las farolas

La procesión de las farolas. Kike el Duende, escritor español. Cuento infantil. Cuento sobre farolas.

Lo que aquella noche pasó, pasó. Pero lo bueno es que todavía hoy sigue pasando.

Me llamo Jesús, tengo ahora 13 años y os voy a contar lo que ocurrió en la villa de Bayona cuando tan solo contaba con siete años. Vivo en una pequeña casa de dos plantas. Antes de dormir, siempre me asomaba a la ventana de mi habitación y contaba las cuarenta y tres farolas que dejaban ver en las frías noches de invierno un tenue paseo triste y solitario.

Aquella noche, cuando me asomé, todo estaba muy oscuro, ni siquiera la luna se había dignado en aparecer. – ¿Por qué están apagadas hoy las farolas?- pensé.

Me quedé escuchando el silencio y no me moví. Pasaba el tiempo y con una extraña incertidumbre en mi cabeza, me acosté. Cuando ya estaba dormido, un ruido me sobresaltó, miré el reloj despertador de mi mesilla, las cuatro en punto. Me levanté corriendo y fui a la ventana.

La luna había salido y entre sombras logré distinguir figuras en movimiento. Abrí bien los ojos y distinguí a las cuarenta y tres farolas caminando en procesión por el paseo.

Todas al mismo paso y chispeando pequeñas ráfagas de luz de vez en cuando. Pude divisar desde mi ventana cómo se dirigían al monte.

Después de una hora bajaron a la playa y escuché con voz clara y metálica: ¡Rompan filas! La formación se deshizo, todas corrieron y haciendo el mínimo ruido, se metieron en el agua y jugaron, saltaron y hasta bailaron, luego, con una lentitud asombrosa, se dirigieron a su lugar de origen, al paseo, y haciendo un pequeño movimiento de asentamiento se fijaron de nuevo en el suelo.

Todas, una vez situadas en su sitio, comenzaron a encenderse por orden, de izquierda a derecha. A la mañana siguiente, la prensa local contaba que un apagón había tenido al paseo de la villa de Bayona sin luz de cuatro a seis de la madrugada.

Todos los ciudadanos notaron que esa mañana las farolas estaban más limpias y brillantes que nunca, la luz parecía más potente. Yo nunca dije nada.

Y he observado que, cada año, hay una noche de verano, no os puedo decir cuál, que salen en procesión, para ir hasta el monte y después bajar a la playa para darse un chapuzón.

Fin

 

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