La abuela

Cuentos sobre abuelas para niños

La abuela es uno de los bellos cuentos sobre abuelas para niños de todas las edades, escrito por Carlos Rubio Cuevas.

Llegó de forma inesperada con su bandeja de servicio en las manos y una bolsa tipo saco de color negro raído, de material imitación cuero colgando del hombro, pidió sentarse en la mesa que ocupábamos en la cafetería y sin mayor preámbulo se acomodó y lentamente comenzó a comer…
Tenía el pelo rizado sin peinar, entrecano, más blanco que negro, de manera tal que reflejaba un tono gris opaco.
La cara totalmente arrugada y descarnada semejaba una uva pasa que alguna vez lució lozana. Su piel era de un color cobrizo indefinido, como de quien ha estado expuesto al sol en forma indiscriminada. La nariz delgada y larga, mirada inquisidora como la de quien no quiere perder ni uno solo de los más pequeños detalles de todo cuanto le rodea.
Los labios delgados apretados y recogidos, como una prenda con elástico, acusaban la ausencia total de dentadura.
Vestía ropa que en su momento fue elegante, de tela sedosa, entre naranja y café claro, con pequeñas pintas de color similar pero de tono más obscuro, la talla excedida pero sin verse ridícula, como de quien usa vestimenta de cuando tenía más peso.
Llegó con su bandeja, en ella un vaso de cartón lleno de refresco y un plato con arroz y plátanos fritos.
… Con cadencia de adagio sostenido tomaba a sorbos su refresco, alternándolo con cucharadas a medio llenar del arroz y de vez en vez uno que otro pedazo de plátano frito.
Mientras masticaba recorría con la vista a la gente, con esa mirada de vigía que escudriña el horizonte en busca de alguna señal.
Se acabó el refresco, reposó unos instantes, tal vez minutos, cinco, diez. Vació en el vaso el arroz y los plátanos que no había comido, más de la mitad de la ración. Con mucho cuidado dobló las orillas del vaso como formando una tapa para el contenido, tomó un par de servilletas de papel y meticulosamente lo envolvió. Abrió el bolso, acomodó su tesoro, cerró el bolso. Hizo una breve pausa, como la que se hace ante el final de una espera inútil, se puso de pié, y sin despedirse se marchó.
Y con paso elegante como de reina que ha sido destronada, pero que sabe que es reina, se perdió entre la gente.

Carlos Rubio Cuevas.
Enero de 1999.

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