En el país de las flores

Cuentos de hadas

En el país de las flores es uno de los bellos cuentos de hadas escrito por Gisela de la Torre, un fantástico cuento sugerido para niños de todas las edades. 

Era una vez un país en el que había muchas flores y los habitantes se alimentaban solo de ellas. Allí vivía una mujer que dio a luz una hermosa niña a la que le puso por nombre Adoración. Un día se le apareció un hada y le dijo:

—Ella no podrá alimentarse con estas flores —y desapareció.

Natalia se preguntaba cómo iba a nutrirla cuando sus senos no tuvieran leche; y ese día llegó. La niña lloraba de hambre y la madre, desesperada, se acercó a una flor con intención de darle uno de sus pétalos, pensando que a lo mejor el hada le había gastado una broma, pero la flor habló:

—No lo hagas, recuerde las palabras del hada. Vaya al nacimiento del Río Dorado, encontrarás lo que necesita tu hija.

Natalia pensó: “Allí vive un monstruo y, según cuentan, no deja con vida a quien se atreve a invadir su territorio, pero lo intentaré”. Sin pensarlo  mucho colocó a la niña en una cesta, la escondió entre unas enredaderas y se marchó al lugar indicado.

—Has demostrado que eres valiente llegando hasta aquí con tal de buscar alimento para tu niña, por eso no te haré nada. Ven conmigo.

Era el monstruo quien así le hablaba, sintió espanto, trató de disimularlo y lo siguió.

Luego de andar un buen trecho advirtió una flor con matices dorados, de cuyos pétalos brotaba agua a borbotones.

—Acércate a ella y toma en tus manos un poco de esa agua, luego frótate el rostro y pregúntale qué alimento puede comer tu hija —dijo el monstruo.

Cuando hubo terminado, se escuchó una voz que provenía de las aguas:

—Le darás de comer las hojas y los frutos de los árboles que tengan flores verdes con ribetes plateados, o negras con franjas doradas, nada más, no lo olvides.

Natalia se quedó pensando y se dijo: “Nunca he visto por estos lados ningún árbol con flores parecidas, ¿dónde las voy a encontrar?”. Las aguas volvieron a hablar:

—Irás al Monte Refulgente, que está al sur, y preguntarás por el Anciano de la Barba de Seda, él te mostrará.

El monstruo la guió hasta donde estaba el anciano, quien la condujo al lugar donde estaban esos árboles.

—Tienes que venir a vivir con tu hija aquí hasta que ella cumpla diez años, luego podrás regresar con los tuyos.

— ¿Por qué? —preguntó.

—Porque así está establecido, mientras tanto te ocuparás de cuidar de estos árboles, regándolos diariamente para que puedan tener en abundancia las flores y los frutos que nutrirán a la pequeña.

— ¿Quién ha puesto esa ley?

—El hada —dijo el monstruo y dando un chiflido ensordecedor desapareció.

Natalia fue trasladada por una brisa al sitio  en que estaba su hija y nuevamente al Monte Refulgente.

Apareció el hada  cuando Adoración cumplió los diez años y le dijo:

—Serás como yo, porque te alimentaste con las flores y los frutos de estos árboles.

Y en un  instante la convirtió en hada. La madre regresó entonces con los suyos y en los atardeceres contaba cómo vivió feliz con su hija, rodeada del aroma de las flores y del trino de los pájaros que habitaban en el Monte Refulgente.

Cuando aparecía el crepúsculo, Adoración la visitaba en compañía del hada, le traían como regalo una flor del Monte Refulgente. Luego ambas marchaban envueltas en una nube brillante.

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En el país de las flores es uno de los bellos cuentos de hadas escrito por Gisela de la Torre, un fantástico cuento sugerido para niños de todas las edades. 

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