Camino al mar


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Camino al mar es unos de los cuentos fantásticos infantiles de la escritora Susana Solanes sugerido para niños a partir de diez años.

De la serie Sustos en la biblioteca

Un empleo en el futuro, también puede estar determinado por un libro. ¡Y cuántas posibilidades se nos abren cuando leemos algo que nos gusta! Hasta podemos encontrar una puerta hacia lo que, los demás, consideran imposible.

A la bibliotecaria, le gustaba el entusiasmo de Froilán cuando buscaba libros de aventuras, de piratas, de misterios. Ahora estaba leyendo “Veinte mil leguas de viaje submarino” y ya lo había renovado dos veces.

-¡Lo leí cinco veces y cada vez me gusta más! No hago más que pensar en el Capitán Nemo y en el Nautilus. El viaje fantástico a las profundidades del mar y en todas las aventuras que viven.

-Me alegro que te haya gustado. Hay otros libros del mismo autor que seguramente te van a interesar.

-Julio Verne es fantástico Liria, y me ha despertado ganas de viajar por el mar. Pero no en barco, eso lo hace cualquiera. Yo quiero recorrer las profundidades, observar esos mundos misteriosos que hay en el fondo del mar. ¿Cómo podría hacer?

-Cuando seas grande podés practicar buceo y estudiar oceanografía, y participar de alguna expedición científica o para encontrar algún tesoro.

-¡Uf! Cuando sea grande, para todo lo que quiero hacer tengo que esperar a cuando sea grande. Andá a saber si para esa época queda algo para explorar en el mar- Quedó refunfuñando, pero al momento se animó para preguntarle a la bibliotecaria:

-¿Me lo puedo llevar otra vez? Liria no pudo decir que no al pedido de Froilán, porque el entusiasmo del muchacho la conmovía. Seguramente iba a seguir leyendo a Julio Verne y después iba a querer viajar en globo o ir al espacio.

Los días siguientes fueron de lluvia. Caía suavemente pero sin parar, de modo que estaban todas las calles con agua y habían surgido algunos problemas en el barrio. Al tercer día dejó de llover, empezó a soplar un viento fresco y salió al fin el sol. Froilán no vino el jueves a devolver el libro, y Liria ya estaba por llamar a la casa, cuando el martes siguiente apareció el chico con el rostro muy serio.

-¿Qué pasó? ¿Estuviste enfermo? Estaba por llamar a tu casa.

-Me pasa algo rarísimo, Liria, y solamente a vos te lo puedo contar, porque me vas a entender. Creo que está relacionado con el libro que estoy leyendo. La bibliotecaria se dispuso a escuchar otra fantástica aventura del muchacho que no se hizo esperar:

-Cuando llovió se formaron varios charcos en el patio de casa, y después se fueron secando de a poco, a medida que avanzaba el buen tiempo. Pero quedó uno. Me llamó la atención porque el agua estaba clarita, y todos los días crecía un poco más, de a poquito pero el charco era cada vez más grande-

El muchacho tomó aliento y siguió

-Hoy a la siesta, cuando mi mamá estaba durmiendo, me acerqué y probé el agua, porque es tan clarita que da gusto verla. ¿Sabés qué gusto tiene? ¡Es salada! Entonces yo saqué en conclusión que puede ser un ojo de mar.

-¡No sé! Un ojo de mar no se forma así nomás. A lo mejor dentro de unos días se evapora y no tenemos que preocuparnos más del asunto- dijo Liria para quitarle importancia a la conversación

-¿Querés llevarte otro libro?

-Por ahora no, tengo mucho en qué pensar.

Pasaron algunos días y Liria ya se había olvidado del tema, cuando llegó Froilán más preocupado y más pálido que la vez anterior.

-Están sucediendo cosas extrañas dentro del ojo de mar, Liria. Te lo juro. Por las noches escucho ruidos raros, como si viajara algo metálico por el fondo. Mi mamá no escucha nada porque viene cansada de trabajar todo el día. Pero el que está al lado mío es Sultán, mi perro. Liria escuchaba con atención y le pareció que no todo era inventado por el chico.

-Anoche, Sultán ladraba y ladraba en el patio. Yo salí porque a veces son los gatos que molestan y cuando le hablo a Sultán, se tranquiliza. Pero no, ¡me llevé un susto! En el patio, ¿sabés qué veo? ¡Una luz que salía del ojo de mar! Y un ruido como de motores que hacía temblar la tierra. Me acerqué despacito y lo vi. Era un submarino que estaba pasando, te lo juro, Liria. Como el Nautilus me parece, y se iba hundiendo en el agua lentamente con todos sus motores haciendo un ruido fenomenal. Se iba alejando hacia el fondo y las luces iban desapareciendo y al final se vio un puntito nada más. Entonces recién Sultán dejó de ladrar. Yo estaba frío del susto por lo que había visto, pero al mismo tiempo emocionado porque mi teoría no estaba errada. ¿Y si por ese canal se llega al mar? ¡No te parece fantástico, Liria! Tal cual como yo quería, podría conocer el mar y a lo mejor, viajar en el submarino.

Por más que Liria, habló y habló, no pudo convencer al muchacho de que lo que estaba pensando era una locura. El chico salió, seguido por Sultán. Liria los acompañó con su mirada y, ¡qué cosa tan extraña!, antes de irse, el perro volvió la cabeza hacia ella y la miró profundamente, como si quisiera dejarle un mensaje.

Y así pasaron los días, hasta que un martes de la semana siguiente, apareció Froilán pálido y con cara de desesperación. Ni siquiera saludó y empezó a contar:

-Se me arruinó todo, Liria. Y la culpa la tiene Sultán. Decí que lo quiero mucho que si no, me lo como crudo. Sultán siempre duerme conmigo, pero anoche quiso quedarse en el patio. ¿Qué iba a sospechar? Además, la noche pasó tranquila, no hubo ni un ruido raro. Pero esta mañana, cuando me desperté fui al patio y ¿sabés que vi? ¡El patio estaba lleno de pozos y de montañas de tierra por todas partes! Sultán se dedicó a sacar todos los huesos que tenía escondidos y a hacer otros pozos para volverlos a guardar. Quiero decirte que el ojo de mar, quedó tapado por la tierra, no sé dónde está. ¡Qué desgracia, ahora que tenía la oportunidad de viajar por el mar!

-Mirá Froilán, hay que ver la parte positiva de todo esto. A lo mejor algún hueso de los que desenterró Sultán pertenecieron a ese ojo de mar y es de un dinosaurio, o algún otro animal extinguido. ¿Por qué no probás a vos que te gustan tanto las Ciencias Naturales?

Liria quedó tranquila porque vio que en la cara del muchacho, otra vez se había encendido el entusiasmo.

Fin

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Camino al mar es unos de los cuentos fantásticos infantiles de la escritora Susana Solanes sugerido para niños a partir de diez años.

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