Nicoletta – Capítulo IV. Cuentos con valores



Nicoletta es un cuento de la colección cuentos con valores de la escritora de cuentos infantiles Liana Castello  sugerido para niños a partir de nueve años.

IV- ¿Hotdog o Nico?

Cuando Nicoletta llegó a la casa con el perrito, tuvo que dar muchas explicaciones.

-Te hemos dicho que no queremos perros aquí, no entiendo por qué estas trayendo uno.

-Será sólo por una tarde te lo prometo mamá, luego debo devolverlo-respondió la niña

-¿Devolverlo? Nicoletta ¿De quién es ese perro? ¿Qué haces con él? Dime algo que tenga lógica antes de que te ponga en penitencia a vos y ese perro.

El pobre Hotdog miraba a una y a otra y no entendía por qué no estaba en su casa, qué hacía allí y con una niña que discutía con su madre.

Si Nicoletta decía que debía hacer el trabajo de ciencias naturales, su mamá podría comprobar fácilmente que eso no era verdad. Entonces le dijo que Doña Elisa le había pedido que lo cuidase durante la tarde porque ella tenía cosas que hacer.

-¿Doña Elisa no es esa anciana que tiene tantos perros? Si tenía que hacer ¿por qué no dejó a este perro con todos los demás?

-Porque éste no tolera quedarse sin ella y pelea con los demás. Es sólo por hoy a la tarde, a la nochecita se lo llevo, verás que se porta bien, mira la cara de perro respetuoso que tiene.

-Yo veo cara de perro salchicha común y corriente, pero más te vale que se porte bien, sabes que no me gustan los perros.

-Será un santo verás-afirmó Nicoletta que no estaba nada segura.

Al rato llegó la antipática compañerita, muy puntual y con muchas ganas de conocer al famoso perro de extraña raza que se llamaba casi igual que su dueña.

El pobre Hotdog luego de presenciar la discusión entre madre e hija, se había ido a un rincón de la sala y ahí se había quedado hecho un bollito.

Cuando la niña entró y vio al perro se sintió desconcertada.

-¿No habías dicho que tu perro era de una raza extraña?

-Sí sí, es alemán-contestó Nicoletta rápidamente.

-Yo veo un simple y común perro salchicha-retrucó la pequeña.

-¡Salchicha alemana querrás decir! Así como lo ves, con ese aspecto tan vulgar, es un perro de estirpe y tradición alemana.

-Tú sabrás, si me preguntas a mi parece un perro cualquiera, llámalo para que venga, quisiera hacerle unas caricias.

Nicoletta miró a Hotdog. No había tenido tiempo de explicarle al pobre perro la situación y contarle que por esas horas era necesario que respondiese al nombre de Nico, de todos modos hubiese sido difícil que el perrito entendiese tal embrollo, o sea que, para el caso, fue lo mismo.

-¡Nico, Nico, ven aquí!-Decía la niña una y otra vez.

-El perrito la miraba como pensando a quién estaría llamando esa desconocida y rara pequeña.

Levantó los ojos y volvió a poner su cabecita sobre el piso.

-Parece que no te hace mucho caso ¿verdad?-dijo la compañerita que cada minuto que pasaba estaba más antipática.

-Espera, ten paciencia ¡Nico, Nico, ven aquí tenemos visitas!

El perro seguía sin inmutarse, no se le movía ni un músculo, la miraba pero no tenía la menor intención de levantarse y menos aún de responder a un nombre que no le correspondía.

-¡Qué cosa! Es evidente que no tienes autoridad con tu perro, míralo ni se mueve.

Nicoletta ya no toleraba a la niña y menos aún que la hiciera sentir como una tonta.

-¡Es sordo! Eso es lo que ocurre, por eso no escucha que lo llamo. Como hace tan poquito que lo tengo lo olvidé.

-¿Sordo? ¿Tienes un perro sordo? ¡No te lo puedo creer!-dijo la compañerita.

-¿Qué tiene eso de malo? ¿Tú no adoptarías un perrito que no escucha?

-Bueno… no sé… realmente no lo sé-contestó confundida.

-Tendrías que saberlo, no deberías discriminar a los perros sordos, tienen tanto derecho a ser adoptados como cualquiera ¿no te parece?-contra atacó NIcoletta feliz de hacerla sentir mal a la niña.

-Bueno sí, supongo que sí, no sé realmente-respondió la compañerita sintiéndose culpable.

Hotdog sería mirando la escena sin entender por qué ahora discutían esas dos niñas.

-Mira cómo se ha puesto el pobre Nico, lo has hecho sentir mal.

-No fue mi intención-dijo casi llorando la niña-pero además si es sordo, no pudo escuchar lo que dije.

-Los perros intuyen ¿no lo sabías? Ahora seguro se deprimió por tu culpa.

Nicoletta se estaba excediendo, no estaba bien ni mentir, ni hacer sentir tan mal a alguien.

-Mira mejor vete a tu casa, ya has visto que tengo perro ¿estás conforme?, ahora déjame consolar a solas a mi pobre perrito.

Y la compañerita se fue tan rápido como le daban las piernas. Se culpó de haber dudado de Nicoletta y más aún de haber hecho sentir tan mal al pobre perrito.

-¡Esta niña no me molestará más!-dijo Nicoletta equívocamente satisfecha con lo que había hecho. Aprovechando que la visita de la niña había sido más corta de lo pensado, decidió devolver a Hotdog a su Doña Elisa y así no molestar más a su mamá con la presencia del perro quien se había quedado dormidito en el rincón.

Continuará…

Todos los derechos reservados por Liana Castello

Nicoletta es un cuento de la colección cuentos con valores de la escritora de cuentos infantiles Liana Castello sugerido para niños a partir de nueve años.

Capítulo III

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