El sello de Lyrax – Capítulo IX

Cuentos infantiles latinoamericanos

El sello de Lyrax – Capítulo IX es uno de los cuentos infantiles latinoamericanos de la escritora mexicana Elizabeth Segoviano. Ilustración a cargo de Elizabeth Segoviano.

¡NO PASARAS!

En el jardín de la mansión Thorfax había una escena completamente distinta, Darian yacía sobre el césped inconsciente, pues al haber visto a su hermanita casi caer al vacío nuestro amigo usó toda su fuerza para concentrarse en poder tocarla, aquel acto de traspasar los mundos de aquella manera tan poderosa no podía ser llevado a cabo por cualquier persona, en especial una sin entrenamiento en la alta magia.

Pero Darian llevaba aquel conocimiento en sus venas, y había sido su preocupación y amor por Ivy el que había hecho crecer su fuerza de aquella forma tan increíble; aquel acto también había llamado la atención de Tandrara quien colérica por verse superada por un par de niños decidió reunir sus fuerzas para detener a Darian ahora que no podía defenderse y la noche comenzaba a caer. Así, encubierta por una noche sin luna la alquimista cruzó los mundos hacia la mansión Thorfax y escabulléndose entre las sombras llegó al jardín, por un momento se quedó contemplando a Darian, tenía el semblante tranquilo, su mano derecha estaba manchada del grafito de un lápiz muy pequeño, su otra mano estaba cerrada, la tenía muy apretada, seguramente ahí sostenía las monedas del libro del destino, Tandrara por un segundo dudó, por una fracción de tiempo pensó que debía detenerse, miró a su alrededor y sintió el perfume de las florecillas silvestres y de la hierba, sintió la suavidad del viento moviendo sus rizos … hacía tanto tiempo que no experimentaba algo así, no desde que se encerró en su mundo de oscuridad, entre polvorientos libros de recetas mágicas y frascos llenos de pociones hechas con ingredientes repulsivos … antes las cosas no eran así, ella era buena, su magia hacía crecer las flores y los árboles, su voz atraía las corrientes de los ríos, sus manos curaban a las criaturas de los bosques, los elfos y las hadas eran sus amigos, Tandrara por un momento quiso llorar, llorar por haberle dado la espalda a la luz, poco a poco bajó la guardia y por entre las nubes que cubrían la noche se asomó una estrella, la alquimista la vio ¡era hermosa!

Ya había olvidado lo hermosa que era la luz; pero entonces lo recordó, ¿por qué ella debía conformarse con ser la sirvienta de un dragón? ¿Porque si ella era tan poderosa no podía ser la guardiana del portal entre los mundos? ¿Por qué no podía ella ser parte de los Lyrax? ¿Porqué debía quedar relegada y ser ignorada?

¡No! ¡Eso no era justo! ¡

Todos debían respetarla, todos debían saber quién era, incluso si eso significaba sumergir a todos y todo en las sombras! Tandrara volvió a envolverse en su enojo y tomó el libro del destino que había quedado sobre el pecho de Darian, se inclinó sobre él y tomando su mano izquierda le quitó las monedas, y sosteniendo las cosas en sus manos comenzó a soplar y soplar hasta que el libro y las monedas se desvanecieron con su aliento; una sonrisa malvada se dibujó en su rostro, pero no duró mucho pues en ése momento Darian recobró la consciencia, la sujetó del brazo y la obligó a sentarse en la fuente de mármol del jardín.

– ¡No voy a permitir que le hagas daño a nadie! –exclamó el muchacho–

– ¡No me hagas reír niño! Tú nada puedes hacer, es mejor que te quites de mi camino.

– Es demasiado tarde Tandrara, estás en mi mundo y aquí tu poder no cuenta.

– ¿Cómo te atreves? ¡insolente! –de repente la oscuridad de la noche se intensificó, inmensos nubarrones cubrieron el cielo hasta donde la vista alcanzaba a ver, relámpagos y truenos cimbraron la tierra, pero Darian no se asustó y eso desconcertó a la alquimista–

– No te tengo miedo, puedes ennegrecer aún más la noche, y poblar el cielo con todas las tormentas que desees, pero no me asustas, y no te voy a dejar regresar al mundo de papel en donde se encuentra Ivy ¡NO VAS A PASAR! –gritó el muchacho, y mientras lo hacía las horribles nubes se dispersaron, y el cielo quedó cubierto de estrellas–

– Tandrara no podía creer lo que aquel niño estaba logrando, estaba peleando su magia y ni siquiera necesitaba decir algún encantamiento, ya no podía percibir miedo alguno en su corazón, y eso asustó a la alquimista, que intentaba alejarse de Darian, pero por alguna razón no podía moverse–

– No puedes y no podrás moverte Tandrara, estás sentada sobre el sello del los Lyrax, esta rosa de los vientos, y no sólo me indicó hacia qué camino debía guiar a Ivy, también movía las páginas del libro del destino …

– ¡Ese libro ya no existe!

– ¿Te refieres a que lo desapareciste?

– Si – Detalles –decía el chico con un tomo muy seguro mientras ponía sus palmas sobre la tierra del jardín y decía: “por entre los mundos, por entre la niebla, nada se pierde, todo regresa” –y de la nada regresó el libro del destino completamente intacto junto con las monedas–

– ¡Esto no es posible! –gritaba la alquimista– ¡no hay forma de que un simple niño pueda saber tanto!

– Ni siquiera yo lo creía –interrumpió Darian– pero el libro dijo: “el destino está escrito, pero la suerte aún o está echada”; mi destino es ser un Lyrax, y eso significa que no puedo permitir que hagas daño

–Tandrara no podía moverse, se sentía debilitada, pero su enojo era más grande e intentó una vez más lanzar sus sortilegios, pero antes de que pudiera mover un sólo dedo Darian la interrumpió–

– ¡Ya te lo dije! ¡NO PASARÁS! – fue entonces cuando Tandrara cerró los ojos y se convirtió en una sombra, así rápidamente se escabulló hacia el libro que seguía en el jardín y desapareció entre las hojas, de inmediato Darian se paró sobre el libro y también desapareció– ¡A DONDE QUIERA QUE LLEVES OSCURIDAD YO TRAERÉ LUZ! ¡A DONDE QUIERA QUE ESPARZAS EL MIEDO YO TRAERÉ CALMA! ¡NO PASARÁS!

Continuará…

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Capítulo VI

CapítuloVII

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