El sello de Lyrax – Capítulo VI

Cuentos con ilustraciones para niños

El sello de Lyrax – Capítulo VI es uno de los cuentos con ilustraciones para niños de la escritora mexicana Elizabeth Segoviano.

NO ESTAS SOLA

Darian apenas podía creer lo que sus ojos habían presenciado, vio como un inmenso cuervo salvó a Ivy de una oscuridad siniestra, de inmediato el chico dio vuelta a la página pero el resto del libro estaba en blanco.

El joven volvió a tomar las tres monedas y las arrojó, sólo que esta vez el libro no reaccionó, así que recordando el acertijo, (el destino está escrito, pero la suerte aún no está echada, tira con fe las monedas y avanza, tíralas con miedo y nada volverá a ser igual, tíralas tres veces si quieres hacer a la rosa girar) el muchacho respiró profundo, trató de no sentir miedo y las arrojó una vez más … pero en cuanto lo hizo la mansión entera se oscureció, Darian sacó su linterna y pudo ver la sombra de una mujer alta envuelta en una túnica, aquella sombra intentaba llevarse las monedas, pero el chico se abalanzó sobre ellas lo más rápido que pudo, al hacerlo, la linterna quedó apuntando hacia la sombra y esta se desvaneció, al igual que la extraña oscuridad que había cubierto el lugar.

Entonces nuestro amigo supo que algo quería detenerlo, algo o alguien sabía que estaba tratando de recuperar a su hermanita, sin embargo nada de eso importaba, nada ni nadie en este mundo o en cualquier otro iba a separarlo de Ivy.

–la sangre es más gruesa que el lodo– pensó el chico, era una frase que su abuelo solía decir, Darian nunca la había comprendido … hasta ahora, aquellas palabras significaban que el lazo que lo unía a su hermana era más fuerte que todo, incluso más fuerte que la oscuridad, así que tomó las monedas y el libro y salió corriendo al jardín, donde el sol brillaba esplendorosamente, hay ninguna oscuridad intentaría tocarlo.

Sentado sobre el césped el muchacho tiró las monedas, ahora el libro volvía a moverse, y apareció el retrato de una mujer muy bonita, con ojos grandes, pero algo apagados y cabello oscuro rizado, cualquiera hubiera podido pensar que era un elfo o un hada, pero al pie del retrato decía: “Kandrara, la alquimista que le dio la espalda a la luz”.

En cuanto Darian terminó de leer aquella frase la vieja fuente de mármol que adornaba el jardín comenzó a moverse igual que una veleta, cosa que era muy desconcertante, porque era muy pesada y no había viento, al cabo de unos minutos dejó de moverse y apuntó hacia el sur; nuestro amigo miró alrededor como esperando encontrar a alguien que le diera respuestas a sus miles de interrogantes, pero estaba solo, lo único que podía hacer era seguir su instinto, así que se dirigió hacia donde apuntaba la rosa de los vientos y ahí arrojó sus monedas, esta ocasión no apareció ningún dibujo sino instrucciones:

“Del sur y hacia el sur deberá partir la guardiana, siempre con el sol o la luna en la espalda, ni un sólo paso deberá dar si en el cielo reina la oscuridad, hacia el sur y en el sur encontrará buenos amigos y aliados. El guardián vigilante deberá dejar señales, deberá construir en lugares donde reina la soledad y el vacío”.

Luego de leer estas palabras la página se volteó y apareció la imagen de Ivy con el cuervo al otro lado del bosque, de inmediato notó que la niña llevaba las botas que él había dibujado, Darian sonrió, se llevó la mano al bolsillo y sacando su lápiz comenzó a trazar un par de líneas que formaban un lindo abrigo con muchas bolsas para guardar todo tipo de cosas, y una capucha por si hacía mucho viento o llovía, también le dibujó una linterna, una que brillara como ninguna, y junto al cuervo pintó un árbol lleno de manzanas, en el tronco Darian hizo un grabado, era una carita sonriente y debajo escribió:

“ Ivy, no estás sola”.

En el mundo de papel el cuervo Haibane e Ivy de inmediato notaron el árbol y la niña sonriendo se abrochó su reluciente abrigo, se acercó al tronco y acarició el dibujo, la noche estaba muy oscura y el cuervo le había dicho a la pequeña que sería mejor esperar a que amaneciera, el cuervo redujo un poco su tamaño y se posó en la copa del árbol, y entre sus alas arropó a Ivy que pudo dormir tranquila porque sabía que Haibane y su hermano protegerían su sueño.

Entretanto Darian comenzó a trazar un camino, cuidando que fuera hacia el sur, pero mientras lo hacía notó que el resto del paisaje comenzaba a expandirse hasta que llegó a la página contigua y su camino se topó con una gran colina; eso le preocupaba, pero decidió ocuparse de ello cuando su hermana estuviera más cerca.

Tan pronto salió el sol en el mundo de papel Ivy se bajó del árbol, se guardó varias manzanas en los bolsillos y comió una, aunque no tenían color estaban muy jugosas, dulces y fragantes, a lo largo del camino la niña pudo ver flechas hechas con montoncitos de rocas o talladas en los árboles, así sería mucho más sencillo saber a dónde ir, además su amigo la seguía brincando de rama en rama.

Mientras avanzaban, Ivy comenzó a recordar la historia que le había contado el abogado Blicke en la mansión Thorfax, él le dijo que existía un mundo entre nuestro mundo, un lugar que era el hogar de todas las criaturas que cuidan y guían nuestros sueños, un mundo lleno de luz, color, y fantasía, una puerta entre la imaginación y la realidad, y que había sido custodiado desde tiempos milenarios por los descendientes de una espléndida criatura sumamente poderosa; pero aún las criaturas más poderosas comienzan siendo pequeñas, incluso las criaturas cuya fuerza es incomparable y avasalladora necesitan ser cuidados, protegidos y amados; ahí es donde entraba el papel de todas las generaciones de la familia Lyrax, sus miembros habían sido los cuidadores de aquellas criaturas que al crecer se convertían en los guardianes absolutos del mundo que daba paso a nuestro mundo. Sin embargo también existían criaturas que deseaban apoderarse de este lugar para retorcerlo y llenarlo de sombras, porque al hacerlo llenarían de sombras nuestros sueños y nuestro mundo. Ahora Ivy sabía que se encontraba en el mundo de papel para proteger a alguien, o algo … pero ¿cómo?

Ella era una niña pequeña y ni siquiera sabía atarse las agujetas ¿cómo iba ella a proteger a alguien más? Aquellas preguntas ocupaban la mente de nuestra amiga, cuando de repente, sus pies tuvieron que detenerse porque el camino se había terminado, ya no había señales, sólo estaba una gran colina hecha de virutas de cartón y cubierta por miles de hojas y rocas; Ivy comenzó a escalar, pero tan pronto posaba sus manos o pies sobre la colina, ésta se desgajaba.

– No debemos escalar la colina mi ama –decía Haibane el cuervo–

– ¿Entonces debemos sobrevolarla?

– No se puede –mientras el cuervo decía eso comenzó a remontarse en el cielo para sobrevolar la colina, pero cuando parecía que ya estaba sobre la cima, aquella colina crecía y seguía creciendo, era como si fuera una muralla viviente

– debemos atravesarla.

– ¿atravesarla? ¿cómo? ¿cavando?

– No mi ama, ven, súbete a mi lomo y abrázate a mi cuello.

–Ivy obedeció rápidamente y el cuervo comenzó a cantar así: “ por los rayos del sol en nuestra espalda, por la luz de luna que se refleja en nuestros ojos, por la luz de la aurora que nos baña, por la luz de las estrellas que nos guían, por la luz en el alma de mi guardiana que se descubra la gran entrada”, al pronunciar aquellas palabras, las manos de Ivy se iluminaron con un halo violeta que cubrió a Haibane y rodeó la colina, y entonces las rocas se movieron y encontraron un largo túnel, y al fondo podía vislumbrarse una gran construcción

– no tengas miedo Ivy, el túnel es largo pero …

– No estoy sola –interrumpió la niña mientras le daba a Haibane un besito en la cabeza–.

Continuará…

Capitulo I

Capitulo II

Capítulo III

Capítulo IV

Capítulo V

Email de contacto: [email protected]

Puedes seguir leyendo: Cuentos infantiles

El sello de Lyrax – Capítulo VI es uno de los cuentos con ilustraciones para niños de la escritora mexicana Elizabeth Segoviano.

Imprimir Imprimir

Comentarios