El sello de Lyrax

Cuentos infantiles para imprimir

El sello de Lyrax es uno de los cuentos infantiles para imprimir de la prestigiosa escritora mexicana Elizabeth Segovia. Literatura para jóvenes. Ilustración a cargo de Elizabeth Segoviano.

El libro del destino

Darian había pasado el día entero tratando de localizar al abogado Blicke, pero al llamarlo por teléfono sólo respondía la máquina contestadora, ya era casi medianoche y nuestro joven amigo no sabía qué hacer, tan sólo podía pensar en lo pequeña que era su hermanita y en lo asustada que debía encontrarse; entonces decidió dirigirse al único lugar en el que podría encontrar respuestas, la vieja mansión Thorfax.

parEsperó a que sus papás se quedaran dormidos frente al televisor viendo las noticias (cosa que no tardaba más que un par de minutos) y se escabulló al estudio de su padre para conseguir las llaves de la mansión; cuando al fin las tuvo se puso su abrigo y salió por la ventana, se montó en su bicicleta y pedaleando a todo lo que daban las piernas se enfiló hacia la carretera.

Luego de varias horas el muchacho se encontraba exhausto, el viento helado le cortaba el rostro y la densa oscuridad de la noche le hacía muy difícil recordar los senderos que debía recorrer, por un instante se sintió desfallecido y perdido, se detuvo a la orilla del camino y trató de recuperar el aliento, se llevó las manos al pecho y entonces sintió la placa de plata que le había puesto el señor Blicke, el chico la frotó entre sus dedos y mirando la luna pidió con todas sus fuerzas que por favor algo le mostrara el camino correcto; en ése instante, y como por arte de magia su cadena comenzó a flotar, como si alguien o algo lo tirara de su cuello, Darian ni siquiera se atrevió a pensar o a respirar, tan sólo se hechó a correr en la dirección en que era jalado.

El alba estaba por despuntar cuando nuestro amigo llegó por fin a la mansión, con las piernas tambaleantes y el corazón a punto de saltarle del pecho, el chico abrió la reja, atravesó el inmenso jardín, y comenzó a cruzar puerta tras puerta para llegar al ático en el que había desaparecido Ivy, todo se veía tal como lo recordaba, a excepción de las miles de hojas de libro que habían quedado regadas en el piso, ahora no había ninguna, aunque los zapatos de su hermana seguían ahí.

Con absoluta desesperación Darian comenzó a bajar los libros y hojearlos, la gruesa capa de polvo que los cubría lo hacía toser y estornudar; en uno de ésos repentinos estornudos el joven se golpeó la cabeza contra uno de los libreros, y para su sorpresa, descubrió que los estantes eran una puerta, al empujarla pudo ver un estrecho pasadizo, y al final de este otra puerta que era visiblemente más pequeña; sin pensarlo dos veces Darian se introdujo en el pasillo, giró la manija, y cruzó la puerta gateando, aquel lugar parecía un armario, era oscuro y olía a naftalina y ropa vieja, el chico se buscó en los bolsillos y tomó su linterna, al encenderla observó que frente a él se encontraba una vitrina y dentro de ella había solamente un libro, era muy grueso y de pastas duras color vino.

Darian quiso abrirla, pero estaba bajo llave, era una cerradura muy inusual, cuadrada y algo hundida, ninguna de las llaves que le había dado el señor Blicke le servía; así que intentó romper los virios de un golpe, pero sólo consiguió lastimarse la mano, entonces se quitó uno de sus zapatos y volvió a golpear los cristales con toda su fuerza, sin embargo el zapato había rebotado como si fuera una pelota de goma; el chico volvió a examinar la cerradura con más detenimiento y notó que en el fondo de esta había una especie de escritura, era difícil leerla con la poca luz que daba la linterna y además estaba inscrita al revés; el joven se sentó en el piso y comenzó a pensar en Ivy

… ¡eso es! –gritó el muchacho– ¡la placa!

Darian se la quitó del cuello y la introdujo en la cerradura, de inmediato escuchó un “click” y las puertas del mueble se abrieron, tomó el libro y regresó al ático, con la luz de la mañana entrando por los altos vitrales sería más fácil leer.

Al abrir el libro, tres monedas cayeron de él haciendo un estrepitoso sonido que casi hizo brincar a Darian hasta el techo; aquellas pesadas monedas de cobre eran de lo más extrañas … (como todo lo que estaba viviendo desde que les había llegado aquella carta en blanco) tenían un orificio cuadrado en el centro, por el frente tenían un grabado que parecía una garra de reptil, y por atrás una rosa de los vientos; el muchacho sujetó con fuerza las monedas y abrió la primer página; al verla se sorprendió enormemente porque estaba escrito con símbolos que jamás había visto, y, aún así, lo comprendía a la perfección, las primeras líneas eran una especie de advertencia:

sólo los ojos de los guardianes encontrarán las señales, sólo sus voces serán obedecidas, sólo sus manos decidirán el destino”.

Nuestro joven amigo no comprendía bien a que se referían aquellas palabras, pero siguió leyendo con la esperanza de encontrar algo que le permitiera traer de regreso a Ivy; de repente, las hojas del libro empezaron a moverse, hasta que al cabo de unos minutos se detuvieron y Darian leyó lo siguiente:

el destino está escrito, pero la suerte aún no está echada, tira con fe las monedas y avanza, tíralas con miedo y nada volverá a ser igual, tíralas tres veces si quieres hacer a la rosa girar”.

Los acertijos no eran precisamente algo que el chico disfrutara, pero ya había llegado hasta ahí y no pensaba irse sin su hermana; así que respiró hondo, cerró los ojos, sacudió las monedas en sus manos, y las arrojó al piso … dos de ellas cayeron con la figura de la rosa de los vientos hacia arriba y la otra con la garra; de inmediato el libro reaccionó, se sacudió, brilló y se abrió en una página que parecía estar en blanco, pero en cuanto Darian posó su mirada en ella, un dibujo comenzó a aparecer, era un bosque poblado de retorcidos árboles, parecía que era de noche, y justo en el centro de aquel paisaje se encontraba dibujada una niña con sus pantalones cortos y su blusa de mariposas, su cabello estaba suelto y algo enmarañado … y desde los árboles la veían con suma curiosidad una parvada de cuervos.

–¿pero qué es esto?–se preguntaba el chico

… ¿acaso era? …¿ésa niña dibujada con tinta color sepia en el libro era Ivy?

Los ojos de Darian se llenaron de lágrimas, con extremo cuidado acarició la imagen de su hermanita en la hoja; el muchacho no sabía que hacer, pero al darse cuenta de que el dibujo no tenía zapatos buscó en su bolsillo, sacó un lápiz y le dibujó un par de botas que resistieran el duro camino.

Continuará…

Capítulo I

Capítulo II

Capítulo III

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