El sello de Lyrax

Cuentos cortos de autores mexicanos

El sello de Lyrax es uno de los cuentos cortos de autores mexicanos. En este caso presentamos la obra de Elizabeth Segoviano. Ilustración de Elizabeth Segoviano.

Ivy en el mundo de papel

Los fuertes vientos que habían capturado a Ivy comenzaron a disiparse, y la niña por fin pudo poner sus pies sobre tierra firme, el suelo estaba reseco y tenía muchas rocas, el aire era tibio y cuando la neblina se aclaró Ivy notó que estaba en un bosque, aunque no era uno como los que ella conocía, todos los troncos de los árboles estaban retorcidos de maneras fantásticas, algunos parecían signos de interrogación y otros tenían forma de espirales, pero ningún árbol tenía hojas, todas las hojas yacían en el piso, y no eran verdes o amarillas, no, todas eran color sepia, de hecho, también los árboles y el cielo; todas las hojas parecían hechas de papel de libro, aunque ninguna tenía escrita una frase, sólo un número, como el que aparece en las esquinas de los textos. Ivy tomó un puñado de follaje, lo talló y se lo llevó a la nariz, no olía a hierba … olía a libro viejo, y biblioteca, los arbustos parecían hechos de recortes de papel, algunos tenían rayas y otros estaban cuadriculados, y las pequeñas hierbas del camino tenían brotes de papel pautado, Ivy se acercó a un árbol y al tocar el tronco notó que estaba hecho de un cartón muy resistente, el color sepia en sus tonos fuertes y claros hacía que el paisaje se viera desolado y sombrío, a lo lejos podían verse unas montañas, pero todo estaba cubierto por aquel bosque tan peculiar … ¿qué clase de lugar era ése? ¿Por qué todo estaba hecho de papel?
La niña quiso comenzar a explorar, pero cada paso que daba era doloroso porque había muchas rocas y guijarros; entonces Ivy recordó como su hermano siempre le ayudaba a atarse los zapatos, o le ponía sus calcetines cuando correteaba descalza por la casa, la niña se sentó en el piso y comenzó a llorar …

Mientras tanto, en la casa de los Lyrax todo continuaba igual, la mamá y el papá estaban sumergidos en sus trabajos, corriendo todo el día de un lado para el otro, siempre al teléfono o en la computadora, nunca tenían tiempo de decir más de dos palabras, y, por supuesto no tenían tiempo de escuchar a su hijo decirles que Ivy no era Ivy.

Cuando Darian era pequeño siempre estaba inventando historias acerca de la niña, a sus amigos les decía que la habían traído los extraterrestres, o que en realidad no era su hermana, que sólo estaba de visita; pero lo cierto es que aunque Ivy era una bebé gritona y llorona que demandaba la atención de todo mundo, Darian solía levantarse a la mitad de la noche para revisar si su hermanita dormía tranquila, y, conforme la niña iba creciendo también crecía su amor por ella, hasta que un día nuestro amigo descubrió que ya no podía imaginar su vida sin Ivy, no podía siquiera concebir pasar una noche sin arroparla y leerle un cuento o que por las mañanas ella no saltara sobre su cama para que desayunaran juntos y le pusiera sus zapatitos para ir a la escuela …
Lo más bizarro era que todas aquellas cosas que tanto temía estaban ocurriendo, la Ivy que regresó a la casa de los Lyrax ni siquiera le dirigía la palabra a Darian, las mañanas eran tan silenciosas que se podían escuchar los pasos de las hormigas, ya nadie interrumpía el desayuno con cientos de preguntas extravagantes como ¿porqué el cielo era azul y no morado? ¿Por qué las serpientes no tenían piernas? ¿O quién había inventado las rosetas de maíz? Aquella Ivy no sonreía ni se la vivía cantando, tampoco correteaba por toda la casa, era como si aquella niña fuera una especie de sombra … la sombra de Ivy, pero Darian estaba seguro de que hasta la sombra de su hermanita era mucho más vivaz que aquella niña pálida y callada que pasaba todo el tiempo mirando el horizonte por la ventana.
Darian sabía que no podía esperar a que sus padres se dieran cuenta de lo que estaba ocurriendo, él debía hacer algo ¿pero qué? …

Una ráfaga de aire helado había despertado a Ivy, y al abrir los ojos supo que no había sido un loco sueño, ella seguía en ese extraño mundo poblado de retorcidos árboles tan altos que casi cubrían por completo el cielo, ya comenzaba a oscurecer; y supo que no podía quedarse ahí, tenía que buscar algún refugio por si había insectos o criaturas extrañas, así que con los listones que sujetaban sus trenzas se ató varias capas de hojas a los pies y comenzó a adentrarse en el bosque; a medida que avanzaba se hacía más y más oscuro y la pequeña comenzó a asustarse, pero entonces sonó la alarma del reloj que había tomado del escritorio de Darian, y la pantalla iluminada le dio suficiente luz para poder ver el camino; así Ivy pensó que aunque su hermano no estaba ahí, él de alguna forma seguía junto a ella; ése pensamiento poco a poco la fue tranquilizando, “mi hermano está conmigo, mi hermano está conmigo” –se repetía una y otra vez la pequeña para darse ánimo de continuar– pero era difícil no asustarse, porque cada uno de sus movimientos provocaba algún ruido, Ivy tenía miedo hasta del sonido de su respiración … cada vez que creía escuchar algo se detenía y apuntaba la luz del reloj, pero no lograba ver nada que no fueran las sombras de los árboles o el movimiento de las ramas deshojadas, así que reanudó su camino, el crujir de las hojas que cubrían sus pies resonaba por aquí y por allá, la niña estaba a punto de dar otro paso cuando lo escuchó claramente, el crujir de unas ramas que alguien o algo había pisado; su corazón se aceleró, y temblando se dio la vuelta, quiso apuntar la luz del reloj pero éste se le resbaló de las manos; al verse sumergida en completa oscuridad, pensó en gritar, pero de repente, se vio iluminada por dos luces que provenían de la copa de un árbol. –¿hola? –decía temerosa la niña– pero no obtuvo respuesta alguna, hasta el viento había dejado de soplar –¿hay alguien ahí?– dijo Ivy con una voz más clara que hizo eco por todo el lugar … silencio … sólo había silencio y nada más; la pequeña se inclinó sobre el piso para buscar su reloj, pero en ese preciso momento una sombra de lo más veloz bajó de uno de los árboles y se lo arrebató, acto seguido se escuchó una especie de graznido, y luego otro, y otro, y uno más, al levantar la mirada Ivy notó que había más luces entre los árboles, eran luces bonitas, del color de las estrellas y no le daban miedo, fue entonces cuando supo que aquellas sombras eran pájaros, uno de ellos había tomado el reloj y comenzó a brincar de árbol en árbol; Ivy pensó que debía seguir a las aves, por lo menos en su compañía no estaría a oscuras. Y sería más fácil recorrer aquel mundo de papel.

Continuará…

Capítulo I
Capítulo II

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