Mamá Pigleta ¡No hizo nada! 🚮 “¿Ensució? ¡limpie!”

Por Elizabeth Segoviano. Cuento sobre el hábito de la Limpieza.

Mamá Pigleta ¡No hizo nada! es un lindo cuento educativo sobre lo importante que es mantener la limpieza en el hogar y el trabajo, y cómo es más fácil si colaboramos entre todos. Es un cuento de la escritora mexicana Elizabeth Segoviano. Para reflexionar, es mejor esta frase del cuento: “¿Ensució? ¡limpie!”; o la que nosotros proponemos que es: “Mantenga el orden y la limpieza”. ¿Son iguales? ¿significan los mismo? Contanos qué te parece en los comentarios.

Luego, si te gusta el cuento de Elizabeth, por favor, deja algunos comentarios (✍🏼), asigna una calificación con estrellas a este cuento para que otros lo encuentren en el sitio (⭐) y compártelo con conocidos, especialmente los más pequeñitos, a través de tus redes sociales. También puedes descargarlo como PDF y enviarlo por Whatsapp, Telegram o correo electrónico (🙏🏼). ¡Gracias!

Mamá Pigleta ¡No hizo nada!

Mamá Pigleta ¡No hizo nada! 🚮 "¿Ensució? ¡limpie!"

La familia Pigleta tiene cuatro miembros, papá Pigleta, mamá Pigleta y dos hijitos, una niña llamada Pigletina y un niño llamado Pigletón, y todos viven muy felices en una casita muy hermosa de ladrillos rojos con un gran jardín a las afueras de una enorme ciudad.

Pero resulta que no todo en la vida de la familia Pigleta era color de rosa, pues nadie apreciaba lo que mamá Pigleta hacía en casa antes de irse a trabajar, y eso entristecía profundamente a mamá Pigleta que tenía que recoger cantidades increíbles de ropa sucia del piso, lavar toneladas de trastos sucios, limpiar hasta del techo las huellitas de lodo que dejaban sus pequeños, recoger los papeles que dejaba su esposo por todas partes, acomodar los juguetes, tender las camas… etcétera, etcétera, etcétera

Para cuando mamá Pigleta por fin terminaba y dejaba la casa limpia, ordenada y fragante, ya no tenía tiempo de desayunar, ni de hacerse un bonito peinado o una manicura que tanta falta le hacía. Siempre salía corriendo, a las prisas, y siempre llegaba tarde a su oficina, por lo cual su jefe, Don Chuletón la reprendía duramente.

Pero eso no era todo, porque Don Chuletón también se la pasaba ensuciando a diestra y siniestra la oficina, había docenas de tazas de café por doquier, los archivos estaban siempre en cualquier parte, menos en el archivero, todo tenía polvo y trocitos de caramelos de menta, había goma de mascar debajo de cada mesa y escritorio, y ni siquiera necesitaban persianas en las ventanas, porque con tanto lodo, no entraba a la oficina de Don Chuletón ni un solo rayito de sol.

Y cuando Don Chuletón comenzaba a sentirse incómodo trabajando entre tanta mugre, se le hacía de lo más fácil llamar a mamá Pigleta, que era su asistente y la ponía a limpiar aquel cochinero; lo único que hacía feliz a mamá Pigleta era pensar que por la tarde podía volver a casa con su familia y hacer algo divertido…

Pero aquella tarde, cuando mamá Pigleta abrió la puerta de su casa, lo primero que vio fue un montón de agujeros en su jardín, seguidos de huellas de zapatos sucios que se esparcían por toda la casa hasta llegar al sofá, y la cocina parecía un verdadero campo de batalla, con todas las cacerolas sucias y manchas de mermelada por todas partes… en pocas palabras ¡la casa de mamá Pigleta parecía no haber sido limpiada en meses!

Así que después de un muy largo día de trabajo, mamá Pigleta tubo que ponerse a limpiar otra vez. Mientras tanto, papá Pigleta y sus hijitos veían televisión, hablaban por teléfono, jugaban con la computadora, y descansaban.

Pasada la medianoche cuando al fin mamá Pigleta terminó el enorme trabajo de limpiar lo que había sido ensuciado, tomó una decisión, hizo un montón de cartelitos que decían: “¿Ensució? ¡limpie!” Y fue pegándolos por toda la casa y se fue a acostar.

Muy temprano, al otro día, mamá Pigleta se levantó antes que todos, preparó el desayuno, se puso muy guapa y se fue temprano al trabajo en donde siguió pegando sus cartelitos.

Cuando Don Chuletón vio los carteles, no le importó y siguió ensuciando a diestra y siniestra, y por la tarde, cuando era hora de salir mamá Pigleta fue la primera en irse antes de que Don Chuletón la mandara a llamar para pedirle que se quedara tarde y limpiara todo lo que él había ensuciado.

Entonces Don Chuletón pensó que no había problema, que mamá Pigleta limpiaría todo a la mañana siguiente y muy tranquilo se fue a casa.

Aquella tarde cuando mamá Pigleta llegó a casa, encontró todo hecho un desastre como era costumbre, pero esta vez la se fue directo a su habitación a acurrucarse en su cama a ver películas con los pequeños, y al día siguiente ¡NO HIZO NADA!

Llamó al trabajo para pedir unos días libres y se fue al salón de belleza, se fue de compras, salió a tomar un café con sus amigas, se puso a jugar con la computadora y no limpió nada que ella no hubiera ensuciado.

Con el paso de los días, la casa de la familia Pigleta se parecía más y más a un enorme basurero… ¡y también olía igual!

Fue entonces cuando papá Pigleta, la pequeña Pigletina y Pigletón comenzaron a darse cuenta de que ellos eran unos verdaderos puerquitos. Lo único que sobresalía entre tanto desastre eran los cartelitos que había hecho mamá Pigleta; y papá Pigleta tomó la escoba, una esponja, un balde lleno de jabón y se puso a limpiar. Entonces los pequeños también comenzaron a ayudar, porque todos se dieron cuenta que mamá Pigleta hacía mucho trabajo y no era justo que ella tuviera que limpiar.

Después de todo, los cuatro vivían ahí y, si los cuatro ensuciaban, los cuatro podían limpiar. Porque cuando cenaban, cenaban juntos, cuando jugaban, jugaban juntos, cuando se divertían lo hacían juntos, entonces, lo justo era que juntos limpiaran la casa.

Cuando mamá Pigleta salió de su habitación y vio que todo estaba limpio y reluciente, una enorme sonrisa se dibujó en su rostro y su familia le prometió que de ese momento en adelante la ayudarían con la limpieza de la casa.

Y cuando mamá Pigleta regresó a trabajar, también notó un gran cambio con su jefe Don Chuletón que al verla, en vez de recibirla con regaños, le dio un gran abrazo y le dijo que, sin ella, en la oficina se estaba volviendo loco. Porque había descubierto que él era un verdadero puerco al ensuciar de tal manera la oficina y que prometía ya no hacerlo más y ser mucho más limpio y ordenado para que todos pudieran trabajar a gusto y en paz.

Por fin mamá Pigleta estaba contenta que los demás comprendieran lo importante que era ser limpio y ordenado. Porque para vivir tranquilos y en paz, no hace falta más que limpiar lo que uno se ha puesto a ensuciar.

Fin.

Mamá Pigleta ¡No hizo nada! es un cuento de la escritora Elizabeth Segoviano © Todos los derechos reservados.

Sobre Elizabeth Segoviano

Elizabeth Segoviano nació el 2 de abril de 1982 en la Ciudad de México. Al ser estudiante de la Universidad Nacional Autónoma de México y del Instituto Anglo Mexicano de cultura orientó su carrera hacia la enseñanza y desarrolló su pasión por la literatura infantil.

Elizabeth Segoviano - Escritora

¿Qué es lo que te llevó a escribir? «Mi imaginación, desde muy pequeña he tenido una imaginación muy viva… Recuerdo que en el jardín de niños nos ponían a leer en voz alta, pero a mí no me gustaban esas historias y yo les inventaba toda clase de aventuras a los personajes y por hacer eso mi maestra me reprendía casi todos los días, diciendo que yo era una rebelde desobediente. Pero siempre sentí la necesidad de escribir lo que imaginaba.»

Si quiere leer más sobre nuestra colaboradora, la escritora Elizabeth Segoviano, puede ver la entrevista que le hicimos para EnCuentos.

Otros cuentos de Elizabeth Segoviano

Si te gustó este breve pero educativo cuento “Mamá Pigleta ¡No hizo nada!“, por favor, déjanos algunas palabras en la sección de comentarios (✍🏼), asigna una calificación a este cuento para que otros lo encuentren en el sitio (⭐) y compártelo con algunos niños y niñas a través de tus redes sociales (🙏🏼). ¡Gracias!

5/5 - (1 voto)

Por favor, ¡Comparte!



Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.