Espinoso y las tres ranitas


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—Que ¿como va la vuelta?— les dijo sombrío, que llegaba, cuando salían de la zahúrda —.
—Muy bien, ya nos marchamos, pronto se hará de día y nosotras no podemos estar mucho rato al sol – dijo Anita —.
—No me querrán dar una alegría esta noche— dijo sombrío —.
—Por que lo dices – le preguntó espinoso —.
—Como dicen que se marchan.
—Sí, pero al gallinero.
—Ya me parecía a mí, que se fuerais de la granja, como se vive bien  y además sin dar golpe como vosotros, quien se va querer ir aquí.
Espinoso al escuchar aquello, emergió las púas y se fue para sombrío.�
—Me tengo que marchar, que le tengo que dar el relevo a ese patán de burlo – dijo sombrío, aligerando el paso, al ver a espinoso  acercarse —.
— No se lleva usted  bien con burlo – dijo espinoso, para entretenerlo y clavarles una púas —.
—Como el perro y el gato, como el perro y el gato – le contestó  sombrío a espinoso, alejándose casi corriendo —.
—Si le pillo un  poco más cerca, le clavo alguna púa a ese desgraciado – dijo espinoso muy enfadado —.
Cuando estaban llegando al gallinero, estirado que ya estaba despierto, les dio los buenos días y se puso a cantar.
—Ya casi conocemos a todos los vecinos— dijo Violeta —.
—Si y son todos muy amables – dijo Anita —.
—Menos el gato ese – dijo Marga —.
—Aun quedan unos pocos, mañana los iremos a visitar – decía espinoso —.
— ¿Cómo están los nuevos vecinos? – preguntaba burlo, que se había incorporado a su trabajo y pasaba por allí —.
—Muy bien señor burlo, hemos conocido  las gallinas, las cabras, las ovejas, las vacas y a los cerdos —Dijo Anita, con entusiasmo —.
—Caramba, si que habéis aprovechado la noche.
— Estamos muy contentas — Dijo Violeta—.
— ¿Y no habéis tenido problemas con sombrío, con lo que habéis andado?—.     —Ese gato es un indeseable – dijo espinoso, con desprecio —.
—Que os ha pasado, con ese aburrido —.
—Que parece que le estemos quitando algo.
—Si, eso de que parece que le quiten algo, es muy suyo, pero no le hagáis caso, que esta loco — Bueno, me voy a dar una vuelta— dijo burlo y se marchó —. Caramba con sombrío, está más loco de lo que yo me imaginaba—se iba diciendo burlo, para sus adentros—.
A la noche siguiente: las tres ranitas y espinoso salieron para conocer al resto de vecinos.
—Buenas noches – dijo espinoso —.
— Buenas noches— le contestó una de las mulas, que estaba despierta —. Habían llegado a la cuadra, donde había dos mulas, una burra y un caballo.
La mula que le había contestado tenia una oreja doblada para  abajo, era muy grande y le  llamaban oreja cortada, a la otra le llamaban la mulilla, por que era más joven y un poco más pequeña.
— ¿Que os trae por aquí?— les preguntó oreja cortada —.
—Estamos recorriendo la granja, para conoceros a todos y a lo que se dedica cada miembro de la comunidad – le contestó espinoso —.
—Eso está muy bien por vuestra parte, hay que conocerse, que eso ayuda a convivir – le dijo oreja cortada, con convencimiento —.
—Sobre la pregunta, de que a que nos dedicamos, os diré que nosotras somos las que hacemos el trabajo más duro de la granja, tenemos que labrar la tierra y para poder hacer eso, nos ponen un yugo que molesta mucho y además nos hace fuertes rozaduras – decía oreja cortada —.
—Y cuando hay que llevar el carro cargado, lo tenemos que hacer nosotras también – dijo la mulilla, que se había despertado —.
—Buenas noches.
—Pensaba que estaba durmiendo —Le dijo espinoso —.
—Estaba, pero me habéis despertado – le contestó un poco molesta, por que aun estaba cansada, del fuerte esfuerzo, del día anterior—.
—Buenas noches – dijo el caballo, que también se había despertado —.
—Buenas noches – le contestó espinoso —.
— ¿Que hacéis por aquí?— preguntó arabesco, que era como se llamaba el caballo —.
—Estamos conociendo a los vecinos y a lo que se dedica cada uno — Le dijo espinoso —.
—Yo soy el que lleva al dueño a casi todos lados, mi trabajo consiste en eso, en llevarlo encima de mi lomo a todas partes.
—Menos cuando hay que llevar peso, entonces lo tengo que hacer yo – dijo ganapán, que era como se llamaba el burro, que acababa de despertarse —.
—Buenos días— dijo espinoso —.
— Buenos días – le contesto ganapán—.
—Estamos conociendo a los vecinos y  preguntando a que se dedican.
—Usted ya no los ha dicho, por lo tanto no le pregunto — Dijo espinoso—.
—Si mi trabajo consiste en eso, en llevar pequeñas cargas y cuando son  grandes, las llevan los amigos mulos—.
—Nos tenemos que marchar – les dijo espinoso y se marcharon —.
—Ya conocemos a todos los vecinos y lo que hace cada uno – decía Anita —.    —Todos tienen ocupación – dijo Marga —.
—Es verdad, todos colaboran en que la granja funcione – decía violeta—.             —Hombre, si son mis amigos los cucos – dijo sombrío, que acababa de llegar —. Espinoso se lo quedó mirando y después de haberlo mirado fijamente unos segundos, les dijo a las ranitas que siguieran andando. Este emergió las púas y se lanzo sobre sombrío, clavándole varias púas, este dio un grito de dolor y se marcho corriendo.
Burlo dormía cerca y al oír a sombrío, se acercó por si hacía falta su ayuda. Al llegar, se encontró con espinoso y las tres ranitas, que caminaban hacia el gallinero.
— ¿Que ha pasado, que he sentido a sombrío, quejarse de dolor?— preguntaba burlo —.
—Que ha llegado tocando las narices y se ha llevado su merecido – dijo espinoso, con rabia —.
—Señor burlo ¿usted nos podría hacer un favor?— dijo Anita—.
—Depende de lo que sea, claro que les puedo hacer un favor.
—Llevarnos a la gran charca.
— Eso está muy lejos – preguntó burlo —.
—Por los cálculos que hemos hecho, usted nos llevaría en un par de horas.
—Si son un par de horas, si ¿Y cuando tendría que hacerlo?
—Cuando a usted le vaya bien.
—Esta noche no puedo, tengo que madrugar.
— ¿Y por que os queréis marchar, es que no estáis a gusto aquí?
—Si que estamos a gusto, ya lo creo que estamos, pero nos gustaría conocer esa gran charca, de la que tanto nos han hablado —.
—Tener cuidado, que no es oro, todo lo que reluce – les dijo burlo y se marchó —.
Cuando se marchó  burlo, Anita les propuso a sus  hermanas marcharse lo antes posible.
— que os parece si nos marchamos en busca de la gran charca, aquí ese gato no nos dejará vivir y al final tendremos que irnos— dijo Anita—.
—Por mí, ahora mismo nos vamos— dijo Marga —. No será mejor esperar a burlo, él nos ha dicho que nos llevaría – dijo violeta –.
—Creo que tiene razón Anita, ese gato nos amargará la existencia y al final nos tendremos que marchar —. Dijo espinoso —.
¿Entonces que hacemos? – pregunto Anita —.
—Nos marchamos, — dijo espinoso —.
Siguiendo a la estrella grande, cogieron de nuevo el camino.
Llevaban algo más de una hora caminando, cuando espinoso se paró de golpe. —Que pasa — dijo Anita, que iba junto a él —.
—He sentido un ruido que no me gusta, debemos estar alerta – dijo espinoso, emergiendo las espinas —.
No se había equivocado, el ruido que había sentido, lo hacía un hurón. Este llegó husmeando y se topo con el hocico de espinoso. Las tres ranitas, que a la advertencia de espinoso, se habían posicionado  junto a el, al ver al movedizo  hurón, empezaron a temblar de miedo.  El hurón atacó a espinoso y después de una encarnizada pelea, se marchó con varias espinas clavadas en su cuerpo. Espinoso también había salido mal parado de la pelea (como siempre suele pasar en las peleas) y sangraba por el hocico y por una de las patas traseras.

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Capitulo 6º No es todo como nos cuentan

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