Espinoso y las tres ranitas


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— ¿Tendremos que buscar un sitio húmedo, para pasar el día? Si, que ya viene clareando – dijo Violeta, con preocupación —.
— Estoy oliendo agua – dijo espinoso, moviendo el hocico —.
— Cada día  lo  pienso más, si llegamos a la gran charca, será gracias a ti  — dijo Marga —.
El agua que espinoso olía, era la del pozo de una granja, que estaba a unos doscientos metros de ellos.
Espinoso y las tres ranitas, aceleraban el paso, para que antes que empezara a calentar el sol, estuvieran en un sitio húmedo y seguro.
Cuando estaban llegando a la granja, un gato negro se cruzo en su camino.       —Adonde van ustedes— les dijo con voz ceca—.
—Ostra señor gato, vaya susto, que nos has dado.
—Soy el vigilante de la noche y el encargado, de que no entren en la finca, animales que afecten a la economía de la granja, por ejemplo ratones, esos roedores tienen totalmente prohibida la entrada.
— Nosotros solo queremos un sitio húmedo, mis amigas necesitan agua para sobrevivir.
—Ya conozco las necesidades de las ranas, no me las tienes que decir usted, señor erizo.
— Es usted un agrio señor gato— le dijo Anita, que no se pudo aguantar —.        —Calla Anita, así no conseguiremos nada —. Le dijo Marga —.
—Es verdad lo que dice mi hermana, es usted un…— le decía Violeta —.
—Síganme, los llevaré a un sitio húmedo – les dijo el gato, con su ceca voz, antes que Violeta terminara su frase —.
El sol ya había salido, cuando el gato le enseñaba el sitio que decía.
—Pueden quedarse aquí a pasar el día, esto siempre está húmedo— les dijo el gato y sin decir nada más, se marchó —.
El sitio a donde el gato los había llevado, era un largo pilón que había junto a un pozo, donde bebían los animales de la granja y le pasaba lo mismo que al de los toros bravos, por la parte de abajo estaba hueco y del agua que caía, estaba el suelo húmedo, con pequeñitos charcos.
Los cuatros se habían acomodado y se echaron a descansar en aquel placentero lugar y cuando el sueño les era más profundo, fueron despertados por los bruscos ladridos de un enorme pastor alemán.
— ¿Que hacen ustedes aquí y con que permiso habéis entrado en la granja?        —Perdone señor perro, pero vaya susto que nos has dado.
—Dar gracias que solo os haya asustado.
—Anoche nos dejo pasar un gato negro, le dijimos que necesitábamos pasar el día en un sitio húmedo y el muy amable, nos dejó pasar.
—Ja,  ja,  ja ¿Lo de que os dejara pasar me lo puedo creer, o no, pero lo de amable no me lo trago, sería la primera vez, que ese gato fuera amable con alguien?
—Es que tiene usted algún problema con el gato – le preguntó espinoso, que mantenía las espinas erguidas —.
—Yo no tengo problemas con él, es sombrío el que tiene problemas con todo el mundo. Es un tipo muy siniestro, parece que venga de ultratumba — ¿Y cambiando de tema, a donde vais, si se puede saber?
—Buscamos la gran charca – le dijo espinoso.
—Y eso que es – le contestó burlo, que era como se llamaba el pastor alemán —.
— Según nos han dicho unas amigas, es un sitio donde nunca se acaba el agua y como mis tres amigas, necesitan agua para vivir, la estamos buscando. —La charca donde Vivian se estaba secando y había que buscar otra urgentemente— le decía espinoso —.
—Nunca e oído hablar de esa gran charca (aunque yo nunca he salido de la granja), pero os ayudaré en todo lo que pueda, para que la encontréis y de momento, podéis quedaros aquí todo el tiempo que os haga falta – decía burlo, con potente y ronca voz —.
—Muchas gracias señor perro— les dijeron espinoso y las ranitas —.
—Ahora me tengo que marchar, debo vigilar todos los accesos a la granja – les dijo burlo y se marchó —.
Cuando estaban cogiendo de nuevo el sueño, se presentaron las ovejas y las cabras, que junto con cuatro vacas  lecheras harían unas cien cabezas, siendo mayoría las ovejas. Regresaban de pastar y  venían sedientas. Las ovejas venían con las cabezas bajas y muy juntas, las cabras y las vacas, que eran las primeras en llegar, llegaban con las cabezas normales. El pastor empezó a sacar cubos de agua y los iba echarlos en el pilón y al hacerlo caía parte del agua al suelo y las ranitas, que junto con espinoso, estaban asustadas entre tantas patas, el agua que caía, les relajaba.
Una de las ovejas, al terminar de beber, vio a espinoso y al verlo se asustó. Esta dio un respingo asustadizo y todo el rebaño le siguió en el movimiento, quedándose a unos cuatro metros del pilón, mirando a espinoso, que había erguido las espinas.
—No os asustéis, somos amigos vuestros.
—No esperaba ver a nadie, bajo el pilón y me has dado un susto de muerte— le dijo la oveja, que lo había visto —.
—Estamos de paso – dijo espinoso —.
—De paso¿ a donde vais?
—A la gran charca.
—A la gran charca ¿y donde está eso, que nunca hemos oído hablar de ella?
— No lo sabemos, pero unas amigas nos han hablado muy bien de ella y vamos en su busca – dijo Anita —.
—Pelos tiesos, pensaba que estabas solo.
—No estoy solo, me acompañan tres amigas.
—¡Tres amigas!
—Si son tres ranitas y necesitan agua para vivir.
—Nosotras también necesitamos agua para vivir.
—Quiero decir, que además de beber, la necesitan como hábitat.
—Ah, por eso hay  tan poca agua, por que si hay muchas ranitas y tienen que vivir en sitios así.
—Que no señora oveja, que por que su hábitat sea de agua, no quiere eso decir, que la tiran al suelo.
— No sea ignorante lana, lo que quieren decir, es que viven donde hay agua, no que la tiren – le decía una de las vacas lecheras, la de las tetas más grandes, a la cual llamaban tetosa.
— Ah tetosa, pensaba yo, que la tiraban al suelo para que estuvieran en su hábitat, mira si estaba yo equivocada – le contestaba lana, un tanto desorientada —.
Una de las cabras se acercó a ellos con fina voz y le preguntó — ¿Dicen ustedes, que están buscando la gran charca?
—Si, sabe usted algo de ella.
—Creo que si sé algo, pero si es la que yo me imagino, está muy lejos de aquí — ¿Cuando yo estaba con el otro dueño, había un lago muy cerca de la granja y alguna que otra vez, nos habían llevado a beber?
¿Y es tan grande como dicen? – Les preguntaron las tres hermanas a la vez—. —Si el que buscáis es ese, es infinitamente grande.
— ¿Y está muy lejos de aquí?
—No lo sé, pero mi dueño nos trajo en el carro y tardamos una hora más o menos en llegar.
Todo el rebaño poco a poco se había acercado y haciendo un círculo hacía ellos, comentaban cosas.
—Ahora en esta época del año hace mucho calor, podéis quedaros hasta que refresque un poco y así podréis hacer mejor el viaje – le decía la cabrita, con amable voz —.
—Pero aquí estáis muchos animales y tendréis que estar de acuerdo todos — le decía espinoso —.
—Ya sé que somos muchos, pero si se organiza, hay sitio y comida para  todos y eso sí, siempre contamos con todos, para todo lo que hacemos – le contestaba luminosa, que era como se llamaba la cabrita —.
—Haremos una reunión y si todos están de acuerdo, os podréis quedar el tiempo que queráis.
Luminosa llamó a burlo y este fue llamando a todos los animales de la granja.  Esta; una vez todos alrededor del pilón, cogió la palabra y empezó el discurso. —Queridos amigos: nos hemos reunidos aquí, por que han venido nuevos inquilinos a la granja y como siempre, el que se puedan quedar, o no, lo discutiremos como siempre lo hemos hecho y luego votaremos.
Todos comenzaron a hablar sobre el tema y  burlo tuvo que mandarlos callar.   —Silencio, que no se escucha nada —decía burlo, con potente y ronca voz —.
Al oír a burlo, todos se callaron y se pudo comenzar la votación
Burlo era el presidente y el encargado de contar los votos.
Que levante la patita, todo el que este de acuerdo, en que se queden en la granja, bueno las aves, que levanten un ala.
Burlo empezó a preguntar a los grupos.
—El grupo de las gallinas.
—La portavoz levantó el ala— a favor.
—El grupo de las ovejas. A favor— decía su portavoz, con la patita alzada —.
—Las cabras. A favor – decía su portavoz, con la patita en alto —.
—Los conejos.
—De acuerdo – decía el portador conejo, con su patita levantada —.
—Los cerdos.
—De acuerdo – decía el portavoz —.
—Las vacas aunque sois minorías, tenéis mucho peso.
— Estamos  al favor, señor presidente .
Todos los grupos estuvieron de acuerdo, en aceptar a los nuevos inquilinos y con una fuerte ovación, los aceptaron.
—Ha salido por mayoría absoluta, por lo tanto,  pueden quedarse en la granja y pertenecer de pleno derecho, a la gran comunidad de esta casa.
Las tres ranitas y espinoso le dieron las gracias y acordaron  quedarse, hasta que el tiempo fuera más benévolo.

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Capitulo 4º Conocer al vecindario

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