El capricho de Matías


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El capricho de Matías

El capricho de Matías. Cuento infantil. Página de cuentos. Cuentos de autores argentinos. Cuentos infantiles con audio. Lecturas infantiles. Escritores de literatura infantil.

Tema del cuento: El hacerse cargo de una responsabilidad propia – Cuidado de mascotas

Matías tenía doce años, era hijo único y muy, pero muy caprichoso. Como no tenía la suerte de tener hermanitos, no había aprendido lo que era compartir. Estaba muy acostumbrado a hacer siempre su voluntad y a que sus caprichos siempre fueran cumplidos.

Sus papás eran muy buenos, pero a veces el amor mal entendido y mal distribuido hace cometer errores.
Matías no era un niño muy colaborador ni responsable. Estaba acostumbrado a que su mamá le preparara la mochila, le hiciera la leche, le preparara la ropa, etc. En el colegio también pretendía hacer su voluntad y que los chicos jugaran siempre a lo que él quería, pero claro, allí no era lo mismo y por eso no tenía demasiados amigos ni en el colegio ni en otra parte tampoco.
Lógicamente, se sentía un poco solo y pasaba mucho tiempo en la computadora, mucho realmente, cosa que tampoco está del todo bien. Sus papás estaban preocupados porque querían que tuviera más amigos, pero por más que invitaban a algunos chicos del colegio a su casa, no eran demasiados los que aceptaban la invitación.
Un día, Matías se levantó más caprichoso que de costumbre. Mientras tomaba el desayuno, les dijo a sus papás:

—¡Quiero tener un perro! ¡Hoy mismo!
Los papás se miraron sin saber qué decir y no muy convencidos de la idea, pero realmente les costaba decirle que no a algo.
—Mati —dijo la mamá—, tener un perro no es algo sencillo, requiere muchos cuidados y responsabilidad, trabajo, amor, dedicación.
—¡No me importa, quiero un perro, estoy solo y quiero un perro que me acompañe!
—¿Y quién lo va a cuidar? ¿Quién lo va a sacar a pasear, quién va a juntar sus necesidades en una bolsita, quién va a hacerse cargo de él? ¿Vos? —intervino el papá.
—¿Por qué no? Yo ya soy grande, puedo hacerlo.
—Mati, ¿ni siquiera te preparás la mochila del cole y querés hacerte cargo de un perro? —le dijo su mamá.
—¿No se dan cuenta de que estoy solo, de que casi no tengo amigos? ¡Quiero un perro y lo quiero hoy!
Cuando Matías se fue al colegio, sus papás se quedaron muy preocupados. No tanto por el capricho del perro, sino por la soledad de su hijo.

Sin estar del todo convencidos de que Matías verdaderamente se haría cargo de su mascota, como de costumbre cumplieron su capricho y cuando volvió del colegio, Matías ya tenía un hermoso cachorrito que sus papás no habían demorado en adoptar. Era un perrito hermoso y desvalido que se había quedado sin hogar,  pero gracias a la generosidad de los vecinos a los cuales consultaron los papás de Matías, pronto el perrito encontró una nueva familia .
Matías se alegró de verdad al ver al cachorro, lo abrazó y también abrazó a sus papás, dándoles las gracias.
—Bueno, Mati, el perrito es todo tuyo, acordáte de que vos dijiste que te harías cargo, así que vos solito lo vas a cuidar, ¿entendido? —dijo su papá.
—Sí, Papi, no habrá problemas.
Mati se fue a su cuarto con su nuevo amigo. Al rato bajó la escalera corriendo y con cara de pocos amigos. Como buen cachorrito, Bartolo (ese era el nombre del perrito) había agarrado la mochila del colegio de Mati y la había transportado por toda la casa hasta destrozarla.
—¡¡¡Mamaaaaaaá!!!! ¡¡¡Bartolo rompió mi mochila!!!
Esa fue la primera de un montón de frases que empezaron a oírse en la casa.
—¡Mamá, Bartolo ensució adentro! ¡Bartolo se subió a la mesa! ¡Bartolo me comió la merienda! —y así todo el día: Bartolo, Bartolo, Bartolo.
Los papás de Matías trataron de mantenerse firmes y cada vez que su hijo se quejaba por algo que hacía su pequeño perrito, ellos le recordaban que el responsable de educar al animal no era ni más ni menos que él. Y así fue que se empezaron a oír otras frases:

—Tenés que sacarlo a pasear para que tome aire y se canse un poquito.
—Tenés que llevar bolsitas y recoger lo que deja en la vereda.
—Lleválo al veterinario que le toca la vacuna.
—No dejes a mano comida tuya porque se la come y le hace mal.
—Tampoco le des golosinas, los perros no pueden comer cosas dulces.
—Dale las vitaminas que todavía es chiquito.

Y así durante mucho, mucho tiempo.
No hace falta decir que Mati no cumplió con ninguna de estas responsabilidades, que jamás se hizo realmente cargo de lo que había pedido, o sea, su perrito, que –a pesar de lo que le habían dicho sus papás– no tomó conciencia de que un perro o cualquier mascota requiere un cuidado responsable y cariñoso de su dueño. Tanto así fue que los papás tomaron una triste decisión: buscarían otra familia para Bartolo, una que  pudiera realmente hacerse cargo de él como era debido y sólo cuando la hubiesen encontrado, se lo darían para que ellos sí lo cuidase como realmente correspondía.
Esta vez, de nada sirvieron las excusas de Matías ni su llanto. Bartolo se iría.
Como muchas, muchísimas personas, Matías recién tomó conciencia de lo que tenía cuando estaba a punto de perderlo. Por primera vez en su cortita pero caprichosa vida se puso a pensar en otro ser que no fuera él. Se dio cuenta de que no había cuidado a Bartolo como hubiese debido, como se había comprometido a hacerlo. También pensó que seguramente, el cachorro, como sus papás y tantas otras personas, habían sufrido a raíz de su comportamiento y que no había sido responsable ni del perrito ni de ninguna otra cosa en su vida,  que siempre los demás habían hecho todo por él.
Matías pidió una última oportunidad. No sólo quería probarles a sus papás que podía cambiar. Necesitaba probárselo a sí mismo y, por qué no, a Bartolo también.
Y la tuvo. No fue fácil, pero con el tiempo aprendió a ser responsable. Bartolo fue su primer desafío y lo cumplió muy bien. Matías le enseñó muchas cosas a su perrito: a dar la patita, a tirar y traerle un huesito, también una pelota y hasta a llevarle el diario al papá En fin… un montón de cosas. Pero mucho, mucho más le enseñó Bartolo a Matías, aunque ninguno de los dos se diera cuento.

Fin

Hecho el depósito de ley 11.723. Derechos reservados. Prohibida su reproducción total o parcial.

Para pensar un poquito:

– ¿Sos caprichoso?
– ¿Te das cuenta que debes hacerte cargo de las cosas que les pedis a papá y mamá?
– ¿Sos conciente que, aún siendo chiquito, tenés responsabilidades que cumplir?
– ¿Te cuesta se responsable? En este caso ¿pedís ayuda a tus papás?

 

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