Descansa noche… descansa

Descansa noche

Descansa noche

Descansa noche… descansa. Página para niños. Cuentos infantiles con moraleja. Literatura hispana.

Tema del cuento: Para todos los niños que le tienen miedo a la noche o a las luces apagadas.

 

– Pero ¿porqué tienes miedo tú, mi cielo?

– Todo está muy oscuro, no se ve nada, mami, mejor ¡no apagues la luz!.

– Vale, entiendo, la dejaré encendida de nuevo, pero llevas ya muchos días durmiendo con la luz encendida y eso no es bueno, así no descansas, tampoco dejas descansar a los demás…

– Pero es que tengo miedo…, -protestó la niña- además a nadie le molesta que yo duerma con la luz encendida, ¿verdad? – dijo la niña con una mirada punzante buscando la aprobación de su madre a sus palabras.

– Mira, hija, – dijo entonces la madre, – quiero contarte una historia, en realidad es una historia real aunque muy pocos creen que eso sea así ¿quieres oirla?

– Sí, sí, mami, me gustan las historias que cuentas, son tan bonitas… cuéntamela… pero, eso sí, tú no apagues la luz ¿vale?

– Vale, mi amor, yo no apago la luz pero tú recuéstate para que puedas escuchar mejor esta historia…

– Había una vez, -comenzó así la madre -, una niña que le tenía mucho miedo a la oscuridad. Siempre al irse a la cama llevaba consigo una pequeña linterna y cuando todo estaba a oscuras sacaba su pequeña luz y sin que nadie le viera, bajo la almohada para no despertar a su hermanita la encendía, al principio solo lo hacía durante unos minutos, tenía miedo a que alguien pudiera reñirla al verla, pero al comprobar que nada sucedía, que nadie le decía nada, cada día prolongaba más tiempo su luz y así pasaba buena parte de la noche con esa claridad en su camita. Por no dormir las horas suficientes al levantarse era perezosa, no hacía su cama y muchas veces no estaba de buen humor, más bien se levantaba casi siempre enfadada.

Un buen día al ir a acostarse, ¿sabes qué sucedió? pues que la linterna, que llevaba muchos días encendida y estaba ya muy acalorada le habló a aquella pequeña niña de esta manera:

– ¿Sabías que la noche te observa?, cuando no la dejas dormir… la noche se incomoda, -dijo descuidadamente la linterna.

– Eh, ¿quién habla ahí? – preguntó la niña muy asustada.

– Soy yo… tu linterna, no tengas miedo, verás, solo quiero hacerte una pregunta: ¿Sabías que la noche se incomoda con la luz?, – repetió seguidamente la linterna.

– ¿Qué la noche se incomoda? ¿qué quieres decir?, – preguntó la niña sorprendida.

– Pues eso, que no dejas dormir a la noche… tienes siempre mi luz encendida y de esa forma es imposible poder cerrar los ojos, y descansar ¿y sabes qué pasa si la noche no descansa?

– ¡No!, – dijo la niña confusa, – la verdad es que no había pensando que la noche tuviera que descansar.

– Claro que sí, es como tú y como yo, – dijo la linterna – ¿no descansa el día haciendo que el Sol se recueste en el horizonte?, pues igual hace la noche, por el día no vemos a la noche, pero ahí está y cuando todos se van a dormir,.. ella hace lo mismo, ¡se va a su cama! y se tapa con una mantita negra, de color muy oscuro, para no coger frío, la noche siempre está muy arriba, muy alta, a veces duerme un poco más destapada porque la Luna de cerca le da calor con su blanca mirada, pero el resto de las veces se tapa bien para no coger ningún resfiado y se duerme… pero, – prosiguió la linterna,- sí tú me enciendes, no dejas dormir a la noche, la desvelas, se destapa y entonces… a la mañana siguiente la Luna intenta convencer a la noche de que descanse, y ¡hay un lío tremendo!, verás ¿no te has fijado que a veces mientras empieza a salir el Sol, la Luna aún anda luciendo su cara pálida?

– ¡Sí!, -dijo la niña como haciendo un descubriento a través de las palabras de su amiga la linterna, – ¡es verdad!, yo a veces he visto a la Luna y ya era de día!!

– Pues es por eso, – continuó argumentando la linterna, -porque algún niño poco considerado no deja descansar a la noche y la Luna ha de brillar más horas para ver si se duerme un poquito y no se levanta tan malhumorada.

– ¿La noche se enfada?, – preguntó con vocecita apenada una inocente voz.

– Pues sí, – le contestó la linterna, -cuando un niño enciende una luz, ella se desvela, y tarda en coger el sueño, se destapa en la camita y luego va y… coge frío, se resfría y… el sol que quiere mucho a la luna al verla así, tan ojerosa y cabizabaja, pasa un día entero muy muy triste porque no entiende porqué hay niños que solo se preocupan de ellos mismos y no les importa que su amada la noche… se ponga mala.

Y esa es la historia,- dijo la madre concluyendo su relato. Ese es el motivo por el que algunos días, esos, en que la noche no ha podido descansar sus horas reglamentarias, las personas se levantan tristes, perezosas o malhumoradas, la noche no ha podido descansar bien y eso… se refleja en nuestra caras.

Así que ahora, -prosiguió la madre,- vamos a ver qué podemos hacer para que la noche hoy descanse ¿a ti se te ocurre algo?,

La niña bajó un poco su cabeza avergonzada y contestó:
– no, bueeenooo, hummm, no sé, no se me ocurre, deja que piense, tal vez mañana se me ocurra algo, – dijo la niña tratando de evadirse de la pregunta.

– Vale, -dijo la madre que tenía plena confianza en el corazón de su hija, – ya lo pensamos para mañana. Buenas noches mi cielo.

– Buenas noche mami, hasta mañana.

Solo la noche pudo ver que en una pequeña habitación a oscuras una manita, se coló por debajo de su almohada, se oyó un click, y una vocecita infantil dijo en un susurro: – perdona noche ya te dejo dormir, siento haber sido tan desconsiderada. Buenas noches hermanita, descansa.

Y todos empezaron a dormir desde esa misma noche, por fin, con la luz apagada…

Fin

 

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