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Las palabras Mágicas: «por favor» y «gracias» 🙏 【 Cuento sobre buenos modales 】

Por Elizabeth Segoviano. Cuentos educativos para niñas y niños.

Las palabras mágicas es un divertido y sencillo cuento sobre buenos modales de la escritora mexicana Elizabeth Segoviano. Es la historia de Nifá-nifú, el gato del mago Karamazú que parece que, en ausencia de su dueño, anduvo haciendo algunas travesuras que lo llevaron a una situación un poco «enredada». Veamos que fue lo que enseñó a Nifá-nifú a decir las palabras mágicas: «por favor» y «gracias«.

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Las palabras Mágicas

Las palabras mágicas, Cuento sobre buenos modales

El gato del mago Karamazú se llama Nifá-nifú.
Es un gato rechoncho, esponjoso, curioso y juguetón.
Es un gato mimoso, meloso, manchado y mimado.

Se la pasa persiguiendo aves, persigue mariposas y juega a deshojar las rosas, luego estornuda… ¡achú, achú, achú!

Nifá-nifú se estremece, se enoja… luego sonríe y ronronea.
El gato se va sigiloso sobre sus patitas a espiar a su amo.

El sabio mago Karamazú se está alistando para salir.
Se pone su corbatín, se pone su gabardina azul, cepilla su sombrero, pule sus botas grandes, pesadas y rojas.
Toma su bola de cristal, toma su maletín, toma sus llaves que tintinean como un cascabel, acaricia al gatito y le dice:

Nifá-nifú pórtate bien mientras no estoy aquí.

En cuanto el gato escucha que se cierra la puerta va corriendo a la recámara del mago, husmea por aquí, husmea por allá… recorre con sus ojitos curiosos detrás de los libros, entre los almohadones, recorre los sillones, se arrastra de panza debajo de la cama y…  no ve nada…

Sólo hay frascos con extrañas pociones, algunas tienen brillos ¡otras huelen a ratones!

Nifá-nifú no come ratones, no le apetece comer animales bigotones.
Nifá-nifú sigue buscando, busca que te busca que rebusca y vuelve a buscar ¿en dónde podría estar lo que el minino quiere encontrar?

¡EUREKA, EUREKA! ¡ALELUYA, Y MIL VECES ALELUYA! ¡El mago ha dejado olvidada su varita!

El gato piensa que es hora de aparecer algo rico que llene su barriguita.

Nifá-nifú sacude la varita y grita:

¡Dame una gran rebanada de pizza, dame un tazón de palomitas, dame una nieve de melón, dame también un bombón, dame varita una gran bola de lana, dame una gran empanada, dame un osito de peluche, una manzana bien acaramelada y una araña de hule!

La varita se ilumina, se sacude, da un giro a la derecha y otro a la izquierda, la varita flota sobre el gato que ansioso extiende los brazos, Nifá-nifú se relame los bigotes, ya casi puede saborear su excéntrico festín… pero se asusta y corre al ver que le cae encima toda la comida, se le pega a la nariz la manzana acaramelada que se enreda con la bola de lana, y el osito que pidió queda cubierto con la nieve de melón.

¡Corre, corre gato comelón! ¡corre por toda la habitación!

Entonces se escucha una llave en la cerradura, por fín llega a casa el mago Karamazú, y ve el desastre que hizo Nifá-nifú.

El mago recoge su varita y dice:

Por mis barbas risadas, por mi sombrero negro, te pido varita que por favor limpies este chiquero.

Y así de fácil queda en orden la habitación, pero el mago aún no termina y le pide a la varita una gran barra de jabón.

Gracias, muchas gracias varita, y ahora regresa a tu cajita.

Entonces toma el mago al pegajoso gato y le da un muy buen baño.
Le talla las orejas, le talla los bigotes, y la larga colita llena de caramelo y pelusitas.
Por fín el mago Karamazú deja bien limpio al travieso Nifá-nifú.
El gatito apenado se recuesta en su cojín acolchado.

Pero entonces llega el mago con un tazón de palomitas y un gran vaso de refresco con todo y pajilla, y se sientan los dos a ver sus películas favoritas.

Nifá-nifú ya no toma la varita del mago, el gato aprendió su lección, ahora todo lo que quiere se lo pide al mago con voz gentil, sin olvidar las dos palabras mágicas que todo mundo debe pronunciar:

«POR FAVOR» y «GRACIAS»

¡Es todo lo que hay que decir para poder tener un día más feliz!

Fin.

Las palabras Mágicas es un cuento de la escritora Elizabeth Segoviano © Todos los derechos reservados.

Sobre Elizabeth Segoviano

Elizabeth Segoviano nació el 2 de abril de 1982 en la Ciudad de México. Al ser estudiante de la Universidad Nacional Autónoma de México y del Instituto Anglo Mexicano de cultura orientó su carrera hacia la enseñanza y desarrolló su pasión por la literatura infantil.

Elizabeth Segoviano - Escritora

¿Qué es lo que te llevó a escribir? «Mi imaginación, desde muy pequeña he tenido una imaginación muy viva… Recuerdo que en el jardín de niños nos ponían a leer en voz alta, pero a mí no me gustaban esas historias y yo les inventaba toda clase de aventuras a los personajes y por hacer eso mi maestra me reprendía casi todos los días, diciendo que yo era una rebelde desobediente. Pero siempre sentí la necesidad de escribir lo que imaginaba.»

Si quiere leer más sobre nuestra colaboradora, la escritora Elizabeth Segoviano, puede ver la entrevista que le hicimos para EnCuentos.

Buenos Modales. Algunas reflexiones de Liana Castello.

Buenos Modales: ¿Sólo para los chicos? ¿Los adultos predicamos con el ejemplo?

Buenos modales: por favor, muchas gracias, perdón, permiso

No creo que haya padre que no se preocupe por educar a sus hijos, por inculcarles buenos modales. Cuando, por ejemplo, reciben un regalo y el «gracias» tarda en llegar, siempre nos escuchamos diciéndoles: «¿qué se dice?».

Asimismo, les inculcamos las famosas palabras mágicas, tales como por favor y gracias. Les enseñamos a que saluden cuando entran o salen de un lugar, que den «un besito» a los familiares, aunque se resistan.

Intentamos de muchas formas que nuestros hijos sean bien educados: que respeten al otro, que tengan buenos modales en la mesa, que pidan permiso, que agradezcan y un sin fin de etcéteras.

Desde ya, todo esto con la mejor intención y genuina por otra parte.

Más allá de nuestras buenas intenciones, los invito a pensar un poco, ya no en los chicos, sino en nosotros mismos. ¿Tiene relación nuestro comportamiento con lo que le decimos a nuestros hijos que hagan o dejen de hacer?, más allá de educarlos con la palabra, ¿podemos decir que los educamos con el ejemplo?

Analicemos sólo un momento nuestro comportamiento y no olvidemos que no sólo ellos aprenderán de lo que le digamos, sino de lo que nos vean hacer.

Por eso creo que vale la pena detenernos a pensar un poco en nuestros modales.

¿Cuántos de nosotros, al subir a un colectivo, saluda al colectivero y más allá de vociferar el importe del boleto o ticket emite unas gracias? Puedo asegurarles que son más que escasas las ocasiones en la que escucho, además del importe, un buen día, gracias o por favor.

Lo mismo cuando entramos a un comercio, o nos sentamos a la mesa de un bar o un restaurante: ¿usamos las famosas palabritas mágicas?

Ni hablar cuando conducimos un automóvil ¿cedemos el paso?, lo mismo si estamos del lado del peatón, no siempre de un lado o del otro nos compartamos educadamente.

Otro tema es el ceder el asiento. Seamos hombres o mujeres ¿qué pasa con nosotros cuando sube al colectivo o al subte alguna persona mayor o embarazada o con alguna dificultad para moverse? ¿cedemos nuestro asiento o aprovechamos para dormir una siesta que no nos hace falta?

Creo que sería muy interesante detenernos en pensar qué cosas hacemos o dejamos de hacer nosotros, los papás, los que les  insistimos a nuestros hijos –con la mejor intención repito- que sean bien educados y traten con respeto al otro.

No basta sólo con hablar. La palabra es importante sí, pero tanto o más lo es el ejemplo de nuestro propio comportamiento.

Si nuestros hijos ven que subimos al colectivo y no saludamos, no pedimos el boleto con un por favor, por dar sólo un ejemplo, difícil será que lo hagan ellos el día de mañana, pues creerán que ésa es la forma correcta de hacer las cosas.

Y esta conducta se puede trasladar a muchas otras cosas: que nos vean arrojar un papel en la calle, no respetar un semáforo, ocupar el espacio destinado para personas con discapacidad en un estacionamiento y aquí también un sinfín de etcéteras.

Para poder transmitir algo y que este algo sea creíble para el otro, hay que empezar por creerlo uno mismo. De otra manera, por más que desde la palabra intentemos educar a nuestros hijos, quedará en palabras nada más y con el tiempo es probable que no se traduzca en hechos.

Por eso, por el bien de nuestros hijos y también por el nuestro, tratemos de educar con el ejemplo, que nuestros actos no borren lo que transmiten nuestras palabras.

Y ya que estamos hablando de buenos modales, «gracias» por leer esta columna, «por favor», piensen en lo que leyeron y «los saludo» cordialmente hasta la próxima.

Sobre Liana Castello

Liana Castello - Escritora

«Nací en Argentina, en la Ciudad de Buenos Aires. Estoy casada y tengo dos hijos varones. Siempre me gustó escribir y lo hice desde pequeña, pero recién en el año 2007 decidí a hacerlo profesionalmente. Desde esa fecha escribo cuentos tanto infantiles, como para adultos.»

Liana Castello fue, durante varios años, Directora de Contenidos del portal EnCuentos. Junto con este sitio, recibió la Bandera de la Paz de Nicolás Roerich y se convirtió en Embajadora de la Paz en Argentina en 2011.

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