Tino de la selva, el viajero


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Por David Remigio. Cuentos de viajes

Tino de la selva es un hermoso cuento de David Remigio nos lleva a recorrer una gran variedad de lugares, tanto conocidos y turísticos como desconocidos de Perú a través de la visión de un pequeño niño Iquiteño.

Tino de la selva, el viajero

Constantino era su nombre, pero de cariño le decían Tino el pequeñín.

Tino le pusieron así por su abuelo paterno, un buen hombre trabajador, oriundo de un pueblo lejano, serio, callado, pero con grandes virtudes. Que junto a su abuelita lucharon contra grandes adversidades, para darles un futuro mejor a sus hijos, entre ellos el padre de Tino. Pero sobre todo los mejores consejos para que sean mejores personas en este mundo a veces un poco ingrato para las personas de buen corazón.

Tino vio la luz por primera vez una mañana de Febrero en la calurosa y hermosa Ciudad de Iquitos; sus ojitos chinitos y su carita sonrosada y graciosa fueron la alegría de sus padres.

Su abuela materna, siempre le prodigaba los más tiernos cariños, pues fue siempre pequeñito y delgadito, con ella aprendió a bailar dentro de su corralito. Era tan gracioso bailando la canción del caballito saltarín que provocaba la risa de quienes lo veían.

Como todo niño nacido en la Selva Peruana, pronto aprendió a convivir con la naturaleza como la flora y la fauna de este hermoso rincón de nuestro Perú.

Las primeras vacaciones

Pronto llegaron las primeras vacaciones y Tino pudo por fin conocer Lima la gran Ciudad Capital. Con sus grandes calles y edificios y cantidad de personas que él nunca había visto en su ciudad natal y siempre agarrado con sus manitas de sus padres y abuela que no se separaban de él.

En Lima pudieron conocer la Iglesia de Santa Rosa, donde Tino le pidió a su mamá que escribiera un deseo ya que el todavía no sabía escribir, para poderlo depositar en el pozo. Tambien conocieron la Iglesia de San Francisco y la Catedral donde le enseñaron a Tino a rezar.

En unos de esos días tras un breve paseo por el Jr. de la Unión, viajaron en un bus a un hermoso lugar que se llamaba el Castillo de Huacho a orillas del mar en el Norte Chico donde Tino pudo corretear a sus anchas y disfrutar la brisa marina.

Luego de unos días en la Capital, viajaron a la hermosa Ciudad Blanca de Arequipa. Con sus hermosas calles y sitios turísticos, con su imponente Catedral, luego la hermosa Playa de Mollendo donde Tino se bañó en una pequeña piscina de arena que su padre le construyo, así mismo conoció el venerable Santuario de Chapi.

De nuevo a casa

Culminadas las vacaciones de nuevo en Iquitos a proseguir sus vivencia propios de un niño.

A los 2 añitos producto de la inclemencia de los cambios climáticos fue presa de una terrible neumonía que lo tuvo postrado por varios días en un hospital. Pero quiso nuestro Señor que saliera airoso de esta enfermedad y gracias a los cuidados de su madre y abuela, ya que su padre por motivos de trabajo estuvo lejos, pudo por fin reponerse.

Fue pasando el tiempo y ya Tino estaba en el jardín de niños cursando sus primeros estudios iniciales, era tan gracioso verlo con su uniforme que constaba de un shorcito azul marino y su polito blanco con las iniciales del colegio, siempre el más pequeño del aula.

En el jardín de inicial pronto aprendió las vocales, así como los primeros números.

Algunos fines de semana cuando Papá estaba con ellos, iban de paseo al Complejo Turístico de Quistococha, que está ubicado en el Km 6 de la carretera Nauta; Luego de pasear por el zoológico y apreciar los diversas variedades de animales, como los monos y el delfín wayuri que era su preferido, se iban a la playa artificial conocida como Tunchi Playa donde Tino se daba un chapuzón siempre con el cuidado de sus padres y luego el paseo en bote.

Momento de ir al colegio

Pronto Tino cumplió 6 años y llego el momento de ir al colegio, pues comenzaría ya el primer grado de primaria y a prepararse para comenzar una nueva vida, tuvo la suerte de ser admitido en un colegio católico, pues debería aprender con los estudios: así como también a querer a Dios, ser una mejor persona para regocijo de sus padres y seres queridos.

En el colegio, algunos niños que eran más grandes comenzaron a burlarse y molestarle, pues era el más pequeñín, pero su padre le enseño que la grandeza se llevaba en las buenas actitudes y tener fortaleza para ser mejor cada día y la mejor defensa era enseñarles para que sean mejores personas; así consiguió a su mejor amigo Carlitos.

A veces se ponía triste por no compartir mucho tiempo con su padre, pues él viajaba constantemente por su trabajo, pero era la única manera de salir adelante.

En cuanto a superar la tristeza, su padre le enseño que cuando se sintiera triste, solo pensara que tanto el cómo su madre lo querían mucho; así que cuando estaba un poco triste pensaba que en ese momento su padre aún estando lejos pensaba en él y lo quería mucho y si estaba lejos, solo era para buscar el bienestar de la familia y que algún día ya nunca más se separarían y que su madre siempre estaría cerquita a él.

Y siempre esperando las vacaciones pues con lo que ahorraban podían conocer algunos sitios interesantes de nuestro hermoso Perú.

La despedida

Sucedió un hecho trágico a mitad de año, falleció la abuelita materna de una penosa enfermedad, ¿ahora quién los acompañarían en sus viajes tan esperados por Tino?

Este suceso causó gran pena y melancolía en Tino y su familia. Ahora le tocaba el turno a la abuelita paterna Rita, quien le dijo a Tino que su abuelita Hilda les acompañaría desde el cielo y que siempre estaría en su pequeño corazón: Ahora ella ahora les acompañaría, velando por el junto a sus padres.

El próximo viaje seria a Cusco, “Oh que emoción”, con sus padres la abuelita Rita, y la abuelita Hilda dentro de su billetera su foto y con gran amor les acompañaría en su recuerdo.

Fin.

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Tino de la selva, el viajero es un cuento de viajes de David Remigio

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