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Por Magali Fernandez.

El puente de los cinco brazos es una bella historia escrita por Magali Fern谩ndez y sugerida para ni帽os de todas las edades.

El puente de los cinco brazos

Sucedi贸 hace mucho tiempo, en un pueblo muy lejano que naci贸 al lado de la monta帽a, una historia tan loca, pero tan loca que pocos se animaron聽a contarlo por miedo a que se los tomara por locos. Esto pas贸聽cuando los chicos todav铆a miraban tele en una caja cuadrada, y las noticias no se enteraban de todo.聽Jugar era llenarse de tierra en la calle, meterse a la acequia o perseguirse con los ojos vendados.

Todo comenz贸 el mismo d铆a que Florencio sinti贸 el primer rayo de luz y se enamor贸 de la vida, de la sonrisa de su mam谩 y los juguetes de sus hermanos mayores. Antes del mes abri贸 sus brazos聽y mir贸 con un brillo muy especial a quienes lo sacaron de la cuna,聽ese que dec铆an las abuelas que ojeaban por la fuerza que tienen los ojos negros. Lo envolvieron en una frazadita muy tibia que conservaba el calor de todos sus hermanos al nacer, desde entonces cada vez que una emoci贸n muy grande le sal铆a del pecho abr铆a los brazos, bien pero bien grandes y se prend铆a del cuello de las piernas o de los brazos de pap谩 y mam谩. Pas贸 el tiempo y el d铆a que Florencio, ya estaba crecido se fue a estudiar a una escuelita que quedaba al otro lado del pueblo vecino. Cruzando el r铆o, se abr铆an caminos de margaritas, blancas pero tan blancas que te cegaban con el sol, los cactus llenaban los cerros y cada tanto jugando se pinchaban y llegaba el pantal贸n con alg煤n agujero. Igual era una gran distancia para ser tan chiquito, y los maestros levantaron unas piezas pusieron unas camas y durante la semana todos se quedaban a dormir por eso la llamaban 鈥淓scuela Albergue鈥.聽Los fines de semana cada uno regresaba a casa en una bicicleta, como una bandada que pedaleaban en marat贸n hasta sus casas. Otros volv铆an en mula o la familia los ven铆a聽a buscar.

Pero un fin de semana ocurri贸 lo inesperado, comenz贸 a llover y llover desde el mismo lunes y no paraba. Cay贸 tanta agua que el r铆o se volvi贸 loco y cambi贸 su ruta, se fue por acequias, sanjones, y la espuma se o铆a de lejos como pegaba cada vez que pasaba bajo el puente tal es as铆 que hizo un socav贸n tan grande en la entrada del camino al albergue como en el puente y sin puente ya no se pod铆a cruzar, a menos que fuera en balsa, bote o cualquier otra cosa que flotara. Esperaron mucho pero el agua sub铆a, ese fin de semana deb铆an quedarse ah铆, desde la escuelita enclavada en el cerro se ve铆a todo. Las se帽os les hicieron una fiesta donde festejaron los cumplea帽os de todos, hicieron chocolate y torta supertorta. Hasta unos payasos del pueblo aparecieron para animar. El r铆o no baj贸, ni el primer fin de semana ni el segundo, aunque tampoco subi贸 m谩s. Los chicos muy chiquitos ya extra帽aban, y el problema fue que Florencio empez贸 a sentir algo extra帽o, no le dol铆a nada, ni se rascaba era como si se le alargaran los brazos.

Un d铆a para salir de dudas tom贸 una regla y se los midi贸. 隆Siiii, efectivamente! Dos cent铆metros, tres, cuatro.. Fue al fin de semana siguiente cuando se ven铆a una nueva fiesta. Hab铆a que lanzar bombitas de agua, y se formaron dos equipos. Por verg眉enza a las burlas no dijo nada. Los m谩s grandotes contra los m谩s chicos. 隆Buuuuhhh! 鈥 les gritaban mientras se re铆an de los m谩s chiquitos. La verdad es que las cosas eran desiguales un poco injusto a simple vista: canillas flacas, flequillos largos, pocos dientes, (que seguro traer铆a el rat贸n P茅rez cuando el agua bajara), chicles en los bolsillos y galletas de chocolate.聽Teniendo en cuenta que los m谩s grandes no bajaban de 1.30 de altura. Y ninguno ten铆a problemas con la r ni le colgaban los pies de la silla. Las reglas eran las de jugar al quemado pero con bombitas. Los equipos se enfrentaron, se miraron y los m谩s chicos inflaron el pecho cuando son贸 el silbato. Corrieron con las bombitas en la mano, muy cre铆dos los grandotes saltaban y con firmeza hac铆an sonar los plash!! Pl谩ssh!!! Cada vez m谩s fuerte y las burlas empezaron a subir el tono de la jugada. Entonces fu茅 que del suelo se levantaron las zapatillas y los mocos, no qued贸 ning煤n diente en el camino, y sin explicaci贸n de repente las bombas ten铆an m谩s y m谩s velocidad, m谩s fuerza, m谩s punter铆a y el coraz贸n de los chicos les sac贸 ventaja. 鈥 Ey!! 隆Qu茅 lejos! 鈥 dijeron mientras se quedaron con boca abierta hasta que聽la 煤ltima se perdi贸 de vista al otro lado del puente roto.

La victoria de los m谩s chicos fue total, y ah铆 Florencio se dio cuenta que no era el 煤nico que hab铆a ganado poder en sus brazos, sino que era cosa de todos los m谩s chiquitos. Ya no era un misterio, se pusieron de acuerdo y a la noche hicieron reuni贸n secreta en la cucheta de abajo. Tal vez ten铆an un nuevo don, la magia de a lluvia, o se estaban volviendo superh茅roes. Si los brazos estaban m谩s largos solo deb铆an idear un plan para llegar a casa el pr贸ximo s谩bado. Ten铆an el poder. As铆 cada ma帽ana comenzaron a prepararse y hac铆an algo diferente desde hamacarse, treparse a la higuera del patio, saltar la soga聽etc. Hab铆a que observar bien de que forma volver a casa, un mes hab铆a sido demasiado. As铆 fue que una tarde se le hizo m谩s que tarde a Don Pascual, un obrero muy sabio y muy antiguo que conoc铆a bien las m谩quinas m谩s pesadas y trabajaba arreglando caminos. Como ten铆a gran voluntad, lo mandaban seguido a la ciudad, y lo llenaban de pedidos. Este viernes no llego a buscar su gran pala mec谩nica, una bestia amarilla que rug铆a y no le ten铆a miedo al agua ni a los derrumbes, con ella estaba removiendo聽las piedras para armar un puente hasta el albergue.聽Esperaron a la noche y los grillos les avisaban si ven铆a alguien. Tomaron la llave colgada en la cocina, se subieron al gran tit谩n y mientras uno mov铆a los pedales otro sentado manejaba. Avanzaron lentamente hasta la orilla del socav贸n y le clavaron el freno. Lanzaron con mucha fuerza una soga que se agarr贸 de una columna de hierro que los estaba esperando y聽como si fueran malabaristas se treparon por todo el armatoste y uniendo sus manos, se colgaron si soltarse y cruzaron uno a uno formando un puente de 5 abrazos para llegar hasta el otro lado. -隆No miren abajo!- se dec铆an llenos de coraje y as铆 lo lograron.

Imaginen la sorpresa cuando ese s谩bado en la puerta de cada casa estaban frente a sus familias, para las tostadas frescas el olor a la leche con chocolate y el mate cocido. Fu茅 incre铆ble, tanto como el susto de Don Pascual y los maestros. Pero鈥maginen cuando del municipio se enteraron los llevaron a jugar al b谩squet y ganaron muchos campeonatos, claro est谩 que desde entonces los obligan a correr el doble de km. por d铆a, porque ya que se les alargaron los brazos esperan que las piernas se le alarguen tambi茅n. Por mientras son muy felices adem谩s de grandes deportistas, descubrieron que tienen el mayor talento, el de luchar siempre por estar unidos a sus familias.

Fin.

El puente de los cinco brazos es una bella historia escrita por Magali Fernandez y sugerida para ni帽os de todas las edades.聽

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