Gustavo. Barrio «Los Membrillos»


Por Susana Ballaris. Cuentos de aventuras para niños y adolescentes

Gustavo es un divertido cuentos sobre la aventura de un grupo de niños, y especialmente de un niño llamado Gustavo, del Barrio «Los Membrillos». Cuento de la escritora argentina Susana Ballaris.

Gustavo

Gustavo. Barrio "Los Membrillos"

Mi nombre es Gustavo pero desde hace una semana me llaman «Pelado».

– «Pelado, pelado» -me gritan los chicos-, «Pelado, préstanos tu cabeza para jugar a las bolitas.»

“En la calva de un calvito un clavito clavó Pablito”.

Seguro que anduvieron averiguando en algún libro, que al ser pelado soy calvo. Todo porque en el barrio «Los membrillos», hay una docena de comercios y entre ellos, vive Don Miguel, dueño de una peluquería. Hubo un tiempo en que mi frente estaba toda tapada por un gran flequillo. Una cierta mañana, mi papá muy amigo de Miguel, peluquero del barrio, le dijo, sin consultarme:

– «Miguel, cortale el pelo a mi hijo, bien cortito, bien rapadito.»

Ahora camino agachado y a veces uso la gorra de mi papá, o un echarpe con tres vueltas alrededor del cuello, aún en plena primavera. Cuando me miro al espejo veo unas rayitas rojas en mi pelada. ¿Qué hizo Don Miguel? ¿Casi me saca el cerebro?

¿El cerebro? ¿Y si me lo hubiera sacado? Con el trabajo que me dan las divisiones de dos cifras…

Los chicos del barrio, somos inseparables. Es que todos vamos a la misma escuela y en las horas verdes de la siesta, nos encontramos en los patios para jugar bajo los membrillos, mientras vemos cómo saltan las ranas amarillas en las alcantarillas. Y espiamos a Don Jaime, el escritor sentado como un ovillo, y nos ponemos a cantar: “Nosotros somos los pillos del barrio Los Membrillos. Que llueva, que llueva las ranas amarillas están en la cueva”. Y trepamos los árboles y quedamos colgados como cabezas de ajos, cabezas redondas sin ojos ni frente y solamente dientes, mientras miramos con asombro cómo el escritor se desovilla.

En la peluquería de Don Miguel, todos hablan de él que vive en un altillo. Cuentan que cuentan, dicen que dicen que Don Jaime, el escritor, sabe ponerles: «alas a las bicicletas”, «girasoles a los barriletes”, «cuerdas al viento”, «pájaros a los molinos”, «lluvia al sol”, «bicicletas a las alas”, «barriletes a los girasoles”, «viento a las cuerdas”»molinos a los pájaros”. Y yo pienso: es claro, escribiendo cualquiera lo hace.

Ayer tarde, discutimos bajo los membrillos. Chuchi, y su hermana Cecilia decían, que el escritor escribía novelas de amor. Todos comenzamos a hacerles burlas:

 – «¡Chuchi tiene novio!, ¡El novio es Lorenzo!» 

– «Pero si Lorenzo, lo único que piensa es ir a su viaje de estudios» -agregó-.

Juanito, Chiche y Fito, en cambio, dicen que Don Jaime escribe historias de fútbol.

– «Basta, chicos, por favor, con el fútbol» -grita Chuchi.

Pedro piensa que escribe cuentos de acción.

Siempre volando este Pedro. Y yo, para vengarme, porque me gritan: “Pablito clavó un clavito en la calva de un calvito», les digo:

– «El escritor escribe historias de terror y de fantasmas que se esconden en el membrillar. En el altillo hay fantasmas que saltan de la ventana todas las noches.» ¡Jajaja! Y todos se largan a correr a sus casas. 

En un atardecer, decidimos investigar el famoso altillo y para ello tuvimos que subir por una angosta escalera.

– «Yo seré el valiente que entrará, seguido por Chuchi» -que me sigue a todas partes y ya me tiene cansado.

Los demás dicen que van a hacer de campana; es decir, van a vigilar. Subimos escalón por escalón y por ser varón, no quisiera pensar que mis propias burlas sobre los fantasmas me están haciendo efecto; pues me tiemblan el ombligo, los agujeros de la nariz y las uñas de todos mis dedos meñiques. Abrimos la puerta y nos abalanzamos sobre la mesa llena de papeles. Con las dos manos tratamos de agarrarlos a todos, como si fueran el tesoro más valioso. Se nos escabullen algunos; otros, vuelan por el aire. Nos apretujamos en la escalera angosta, bajamos corriendo y ¡zas! nos tiramos por el tapial. Caemos sobre una lluvia de ranas amarillas. Los otros chicos nos están esperando. Y de un tirón, nos arremolinamos otra vez bajo los membrillos, curiosos, ansiosos.

Chuchi toma una de las hojas, así al azar, y lee en voz alta:

“Hace un año que vivo en el barrio «Los membrillos”. Siempre estoy rodeado de hojas en blanco y miles de palabras. Y alguna que otra noche, oigo unos ruidos. ¿Ruidos? ¿ A qué? ¿Zapatillas sobre el pasto?, ¿Alguna rama que se quiebra?, ¿Un despertar de alas en un nido?. ¡Sé que son ellos, sé que son ellos, los pillos del barrio Los membrillos!. Aunque estoy de espalda a la ventana, siento sus alientos entrecortados espiándome y me quedo quieto, sonriendo detrás de la nuca, y hasta a veces largo largas carcajadas silenciosas en el hueco de mi pecho, cuando alguno de ellos cae en el pasto. Ellos no saben cómo los espero, cuando sé que trepan a los árboles que viven cerquita de la ventana de mi altillo”.

Chuchi empieza a llorar y frunce la nariz. Lorenzo le tapa la boca para que no despierte a los vecinos. Fabián corre a esconder las hojas bajo su cama, donde duerme una rana amarilla que saltó de la alcantarilla. Nos miramos. Los ojos se nos agrandan, creo que todos tenemos las bocas secas. Nadie se anima a decir nada. A la noche siguiente, espiamos bajo los membrillos. El altillo está a oscuras. ¿Tenemos miedo? ¿Estamos tristes? No. Sentimos vergüenza y estamos arrepentidos. ¿Qué hará el escritor sin sus palabras?

– «Vamos a devolverles las hojas» –propone Cecilia

– «Pero están todas estropeadas» -dice Lorenzo.

– «No importa, seguro que él las necesita» -les grito a mis amigos.

Conversamos y discutimos. Discutimos y conversamos.

Más bien no decimos mucho. Pero, decidimos ir a golpear a su puerta. Para ello tenemos que subir. Nos empujamos. Nadie quiere ser el primero. Cuando sale el escritor, le contamos lo que hemos hecho. Mira sus papeles arrugados, con tachas de tierra por todos lados. Nos hace pasar y nos pide que lo ayudemos.

Ummm. No sabemos cómo. En fin, lo que podemos hacer es apilar las hojas. Nuestras caras están rojas como remolachas y parecen hilachas. El escritor tiene la mirada triste. Pero también, parece que está contento porque no está solo. Los papeles escritos se van alisando lentamente. Mientras, desde lo alto, los patios se cubren de sombra por los membrillos.

Le preguntamos, al escritor, de dónde saca tantas palabras. Y nos contesta:

– «Del viento. De las bicicletas. De los barriletes. Los ríos. De las ventanas abiertas.»

Chuchi le dice:

– «¿Por qué no nos enseña a cazar palabras en el aire?»

– «Cómo no» -contesta el escritor- y se ríe feliz.

Al día siguiente, Don Jaime, calzado con negras alpargatas sentado en la vereda de ladrillos rojos, inspira profundamente bebiéndose de una sola vez, toda la primavera. En la siesta verde miramos cómo caza palabras y es entonces, que nos enseña a jugar.

A poner nuestras manos sobre los oídos como si fueran pantallas y allí empieza lo mágico.

Comenzamos a escuchar el aleteo de alas y el pi, pi, pi de los picos de las aves comiendo semillas. ¡El sonar de las campanas de la iglesia cercana! El runruneo que hacen las hojas de los árboles, sobre el suelo. Los chasquidos de las zapatillas sobre la hierba. El trote de las ruedas de las bicicletas. El canto de los grillos. Hasta el silencio del sol cuando comienza a anidarse a nuestros pies.

Ahora me doy cuenta, de dónde saca tantas palabras. ¡De todos los movimientos que hace la vida! ¡Hasta de los latidos de nuestro corazón!

Gustavo dice:

– «¿Cantan conmigo?, ¡que llueva, que llueva, las ranas amarillas están en la cueva! ¡Nosotros somos los pillos del barrio Los Membrillos!»

Fin.

Gustavo es un cuentos infantil y juvenil enviado por la escritora argentina Susana Ballaris a través de nuestro formulario de publicación. Gustavo es un cuento que pertenece al libro Barrio «Los Membrillos».

Sobre Susana Ballaris

Susana ejerció la docencia en escuelas primarias de las localidades de Providencia, Loma Alta, Bernardo de Irigoyen y Gálvez, en la provincia de Santa Fe.

En el año 1996, fundó el taller de lectura «Cuenta Cuentos”. A través de él guió a niños en la ciudad de Gálvez y en las escuelas de San Eugenio y López, como en otras localidades de la zona.

1998 Premio Santa Margarita de Escocia, Literatura, Gálvez2009 -Completó la “Diplomatura Superior en Lectura, escritura y educación”, en Flacso (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales) Buenos Aires.
2009 Integró el voluntariado de lectura para el programa “La hora del Cuento”, perteneciente a la Secretaría de Cultura y Educación Municipal de Rosario. Participación que le permitió asistir como narradora para niños, en escuelas e instituciones de enseñanza dentro de dicha ciudad.
2011 Presenta el libro Novela/ Lunazul en Librería Ross -Y en la ciudad de Gálvez- cuna del poeta José Pedroni.
2013 Fundó el taller para niños Brujitos y brujitas narradores. Con niños de seis y siete años. Rosario- Apertura con el taller en la feria del libro. 2013 Rosario.
2018 Presentación del libro Infantil Juvenil Barrio Los Membrillos. En la ciudad de Rosario.

Obras de Susana Ballaris

Escribió:

✅ Moños Rojos
✅ Juanito,
✅ Porque yo soy poeta,
✅ Rulo,
✅ Doña Etelvina,
✅ Zapatillas florecidas,
✅ Membrillo de luz,
✅ Pájaros rojos en la ventana,
✅ Mi pancita llena de nubes,
✅ La almohada cuentera,
✅ Un sol en la mirada,
✅ Estrellitas con azúcar y limón,
✅ Caramelos de frutilla,
✅ Frutillita india,
✅ Caravanas de cebollas,
✅ Barrio Los Membrillos. Todos dedicados a los niños.
✅ Lunazul Novela para adultos.

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