Juan y el Valle de las Muñecas 👦 Que Dios te acompañe, aunque tu destino lo dejaste atrás… tú mismo lo descubrirás.

Por Carmen María Rondón Misle. Cuentos de sueños para niñas y niños.

Juan tenía un sueño, el de encontrar sus verdaderos orígenes. Sin embargo, y aunque él puso todo su esfuerzo en lograr su cometido, su destino estaba en el Valle de las Muñecas. Pero, ¿qué era el Valle de las Muñecas y por qué lo llamaban así? Esta bella historia de la escritora venezolana Carmen María Rondón Misle nos va a tener intrigado casi hasta el final y nos va a dejar un recomendación en el último párrafo. Además, ¿Va a encontrar Juan el amor de su vida? ¡Veamos!

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Juan y el Valle de las Muñecas

Hace ya mucho tiempo, en un país lejano, existió una aldea llamada “El Valle de Hunigan“. Era un hermoso valle rodeado por unas altas montañas, y lomas desde donde Juan se quedaba horas contemplándolo.

El valle de las muñecas

Juan se levantaba todos los días a cuidar la siembra, que era la principal economía de Hunigan. Los campesinos cultivaban trigo, maíz, hortalizas y frutas, de allí las vendían a pueblos cercanos, los comerciantes se encargaban de eso.

A Juan le hubiese gustado ser uno de ellos, pues su más ferviente deseo era salir de Hunigan, eso le daría la oportunidad de ir en búsqueda de sus verdaderos padres. Juan estaba convencido que era hijo de un rey, que él era un príncipe, que había sido secuestrado por unos bandidos y que lo habían abandonado lejos de su hogar.

Soñaba con conocer a otros lugares y encontrar a su princesa. Juan se levantó y alzó su cayado, gritando:

Si yo soy príncipe y encontrare mi reino, rescataré a mi princesa si algún dragón la tiene, lo mataré y la rescataré, me casare con ella y seremos muy felices…

Juan permaneció más tiempo del acostumbrado en la gran piedra, desde allí contemplaba el valle, y se dejaba llevar por su imaginación. Sabrina se le acerco como siempre para sacarlo de su letargo y se quedaban de sus respectivos sueños. Ella soñaba en vivir tranquila en Hunigan con un hombre bueno que la amara, tener hijos, y ser muy feliz. No importaba que no fuera un príncipe, ella lo veía con intensidad, cualquiera notaba que estaba enamorada de él, pero este ni se percataba.

Juan estaba contento, dentro de unas semanas cumpliría dieciocho años, al fin podría marcharse de Hunigan e ir a buscar a su princesa y reclamar su reino.

La otra actividad de Hunigan era la elaboración de las muñecas más hermosas de ese país, aunque eran muy pocas conocidas, era una costumbre de la aldea, los hombres elaboraban la cara, las manos, y pies con la porcelana más fina del mundo, el cuerpo y la ropa era tarea de las mujeres.

Juan había planeado su partida y ese día se acercaba. Todos trabajan para las fiestas patronales, las muñecas de Hunigan concursaban con las muñecas de los artesanos de toda la región y al final hacían una gran fiesta.

Juan tenía previsto todo. Había hecho la maleta, metió pan, vino, queso y tres de sus más hermosas muñecas, él era uno de los mejores, llevaba dos años consecutivos ganando el concurso, amaba hacerlas y se inspiraba en su princesa que lo esperaba en algún lugar.

Sabrina lo secundaba en sus locos sueños y elaboraba trajes de princesa. Su amor era tanto que, aunque le causaba un gran dolor, solo quería verlo feliz. Ella y su madre cosían sin cesar, esta última la miraba de reojo y le dijo con voz pausada:

Sabrina, ese vestido té está quedando muy bello, de verdad, solo que según la tradición no son vestidos de princesa, sino de campesina y simbolizan a la mujer del valle.

Lo se mamá, pero quiero complacer a Juan. Tu sabes como lo hace feliz ver sus muñecas como la princesa de sus sueños.

Juan y sus locas historias. Dígame eso que piensa que es hijo de un príncipe, de donde sacaría esa tonta idea… además te ha llenado la mente de boberías.

No hable así madre… usted sabe que Juan tiene mucha imaginación, yo solo trato de alegrarlo… usted sabe que…

– Que estas enamorada de él.

Sabrina escondió el rostro de su madre para que no viera la lagrima que recorría su mejilla, pero su mamá la conocía, se levantó, le alzó la cara y hablándole dulcemente:

Hija mía, cuanto daría por evitarte esta tristeza, pero desgraciadamente no está en mis manos.

Madre, perdóneme pero no puedo evitarlo, ustedes nos criaron como hermanos pero no tengo la culpa de haberme enamorado de él.

No tengo nada que perdonarte Sabrina, yo hice todo para que se vieran como hermanos, pero también entiendo que en el corazón no se manda…

Esta la abrazó, le dio un beso en la mejilla.

Pobre de mi Juan, él cree que es hijo de un rey y que es un príncipe, pero la verdad es que sus padres eran unos campesinos como nosotros, que fueron asaltados en el camino, tu padre pasaba por allí y se detuvo, trató de ayudarlos pero era demasiado tarde, solo alcanzó a la madre viva. Ella le dijo que cuidara de su pequeño, que no tenían más familia, que se llamaba Juan, y tenía tres años de edad, y le entrego una bolsa de cuero con sus documentos -mientras recordaba Flor, la madre de Sabrina, lloraba.

Y ¿por qué no se lo dices?

Tu crees que me creería…

Sabrina negó con la cabeza.

En ese momento entró Antonio, las miró sorprendido de verlas llorar.

¿Qué sucede?…

Nada padre no se preocupe, tonterías mías.

Todo está bien Antonio, ¿Y Juan?

– Está en el taller, se quedó a recogerlo todo, mañana es la exposición…

Bien, serviremos la mesa…

El cumpleaños de Juan coincidía con las fiestas patronales de Hunigan. Todos celebraban con alegría, ese día hacían una gran muñeca que paseaban por toda la aldea; entre fuegos artificiales y comida Juan aprovechó el descuido de sus padres para alejarse, pensaba que nadie lo veía pero Sabrina lo siguió.

¿Por qué me sigues?

¿A dónde vas?

Me voy para siempre… tengo que encontrar a mis padres…

Tus padres están aquí…

Ellos solo me criaron. Mis padres son unos reyes, yo un príncipe… y debo encontrar a mi princesa…

Tu no eres hijo de ningunos reyes, eres hijo de… – se calló y recordó las palabras de su madre… “jamás lo creería”.

Juan se marchó y Sabrina no pudo detenerlo. Sus mejillas se inundaron con sus lagrimas, regresó con sus padres, su madre se dio cuenta de qué se trataba. Su padre, como ella siempre lloraba por todo, no le hizo mucho caso.

Flor quiso llorar también, pero se contuvo, diciendo solo en voz baja una plegaria para su hijo.

Que Dios te ayude y te bendiga, hijo mío…

Juan, miraba el valle desde la loma más alta, esta vez para siempre. Una lágrima rodó por su mejilla, enseguida la secó, respiró, dio media vuelta y continuó su camino.

Cansado ya de tanto caminar se detuvo bajo un árbol. Era pasada la medianoche, se dejó caer y enseguida se quedó dormido y su sueño repetido venía de nuevo. Se veía entre mucha gente, él como príncipe y al lado su princesa. Lo extraño era que nunca podía ver el rostro de su amada; todos reían y celebraban su llegada, su princesa lo miraba con ternura. Él se acercó y ella lo besó, luego lo besó en la mejilla, se sentía feliz, aunque el beso era algo húmedo, al despertar se dio cuenta que un chivo le lamía la cara.

Auuuch… qué asco, sal de aquí chivo asqueroso.

Hey, no lo lastimes, o te rompo la cabeza… -gritó una niña que se acerco corriendo hasta él.

Pues entonces mantenlo alejado de mí, no me gusta ser despertado por un… -¿Chivo…?

ja, jaja… -se rio burlándose de él.

No te rías niña tonta.

Eres un grosero…

Y tu una impertinente.

Grosero…

Basta, guarda silencio, niña… si yo fuera tu rey no te atreverías a hablarme así…

¿Tu?, ¿Mi rey?… ja, ja, ja, si que eres gracioso.

Será mejor que me vaya, eres una niña malcriada.

Si, será lo mejor.

Después de comer, Juan recogía las cosas para seguir su viaje, en esos instantes escuchó unos gritos, que venían del lago. Juan se levantó rápidamente y, al llegar al lugar, se dio cuenta que una niña se ahogaba. La que pedía auxilio estaba afuera muy asustada. Rápidamente Juan se lanzó al agua para rescatar a la pequeña.

Pudo notar al colocarla en el suelo que parecía un ángel. Sus cabellos dorados brillaban más al ser tocados por los rayos del sol, su piel era tan tersa como los pétalos de una rosa, le recordaba tanto a Sabrina, solo que esta tenía los cabellos más lisos, al moverse parecía una cascada en movimiento.

Más tarde, la niña era puesta en su cama, había pasado un susto pero estaba bien, solo descansaba. La madre le sirvió café y le invitó a quedarse hasta que se le secara su ropa, Juan aceptó. Al despertar Marisol, tal el nombre de la niña, era ya de noche. Juan fue a su lado. En ese momento recordó la escena del chivo, ¡si se trataba de la misma niña! Debido a su furia, al bañarse le dio un desmayo.

Hola, ¿cómo te sientes…?

Bien, gracias… mi hermana dice que tu me salvaste.

Si, siento haberte gritado… yo esta… tu sabes… tu chivo de verdad me asusto…

No te preocupes, tampoco tienes por qué sentir lástima de mí…

¿Lastima? No entiendo…

Acaso mi mamá no te dijo que me voy a morir…

¿¡Cómo dices!?

Ah, no te lo dijo. Que raro, siempre se lo dice la gente para que sea considerada conmigo.

¿Quién te dijo que te vas a morir?

– Nadie, yo escuché cuando el médico se lo dijo a mis padres. Fue por eso que papá marchó para buscar a un especialista que me cure del corazón.

Dios, cuanto lo siento, que injusto, eres solo una niña.

Siete años. Pero yo no tengo miedo a morir, he hablado con los ángeles, ellos me cuidarán, y cuidarán a mi familia cuando me vaya.

Si… ¿y hablas siempre con ellos?

Si, se que me iré, pero no ha llegado el momento. Pero dime ¿tú de dónde eres…?

De Hunigan.

¿Hunigan? Eso está lejos de aquí, ¿qué haces aquí?

Voy a buscar mi destino.

Que Dios te acompañe, aunque tu destino lo dejaste atrás.

¿Qué quieres decir?

Tú mismo lo descubrirás.

Juan quedo desconcertado.

Me gustaría ir contigo.

Lo sé, y a mí me gustaría llevarte.

Mientes, pero no me molesta… he oído decir que en Hunigan hacen las muñecas más hermosas del país.

Y del mundo… mira -y Juan le mostró una de las muñecas.

Yo nunca he tenido una muñeca.

Entonces es tuya, te la regalo…

¿De verdad? gracias… -sus ojos se humedecieron de felicidad.

Al siguiente día, Juan partió muy temprano, sin despedirse de su nueva amiga. Su madre lo despidió en la puerta, dándole un beso en la frente.

Gracias, por todo señora…

Gracias a ti, por haberle dado unos minutos de alegría a mi pequeña -se frotó los ojos tratando de disimular su tristeza.

No me lo agradezca, lo hice de corazón, y no se preocupe, ella va a estar bien.

No Juan ella va a morir, tiene su corazón débil, y no hay nada que hacer si no esperarJuan no contestó, le dio un beso en la mejilla y se marchó sin quitarse a Marisol de la mente.

Los días pasaron y, gracias a los alimentos que Ana le puso en la bolsa de tela que llevaba, pudo alimentarse. Había pasado una semana desde que se fue de su casa, recordó a Sabrina, sus padres, y a sus nuevas amigas, todos se irían a vivir a su palacio cuando fuera rey, Juan soñaba despierto…

Tres días más tarde llego a la ciudad, preguntó sobre los monarcas, pero habían muerto en un accidente hacía cinco años. El rey era un chico de su edad que pronto contraería matrimonio con una joven de la corte. Los preparativos de la boda estaban en marcha, a pesar de la economía del país, que aunque era productivo, tenía malos administradores. Juan tuvo una idea así que pidió ver al rey, quien lo recibió, pues cualquier idea era tomada en cuenta si valía la pena.

Soy Juan de Hunigan, es un valle que queda a tres semanas de aquí, mi aldea es pequeña pero somos muy trabajadores, hacemos las más hermosas muñecas del país. Si me permite su majestad, podríamos industrializarlas y exportarlas, lamentablemente las que traía las vendí, pero podría hacerle una muestra si me facilita los materiales.

No es mala tu idea, si materiales es lo que necesitas, materiales es lo que tendrás -le dijo el rey.

Así Juan comenzó a trabajar, en un pequeño taller con una costurera para que hiciera el vestido, siguiendo la tradición de su pueblo. Mientras hacía la muñeca recordó que la princesa que estaba al lado del Rey era muy bonita, pero comparada con su princesa, aunque no le veía el rostro en sus sueños, sabía que era más hermosa aún.

Juan ya había aceptado que él no era hijo de ningún monarca, pero algo le faltaba y no sabía qué era. Trabajaba noche y día tallando el rostro de la muñeca y al quinto día, estaba tan cansado, que se quedó dormido.

Su sueño se repitió una vez más, hasta verse en la misma habitación. Una luz invadió el lugar, una niña con cara de ángel entró por la ventana con voz muy dulce y le dijo:

Querido Juan, estás cerca de la verdad de tu vida.

La niña-ángel soplo una arena de colores que salió de su boca, envolvió la muñeca que estaba en trozos, y dio vuelta en la arenilla hasta quedar terminada. En ese instante Juan despertó y vio que la muñeca efectivamente estaba acabada. La tomó en sus manos, y quedó pasmado al ver el rostro de Sabrina en ella. En eso recordó al ángel, y dijo “Dios, pero si ese ángel era Marisol” y una gran alegría le invadió el corazón.

Juan y el valle de las muñecas - Cuento

Al siguiente día la muñeca fue entregada a Sebastián, el monarca de dicho país, que quedó fascinado. Dio la orden para los preparativos y que se empezara la industria lo más pronto posible, al rey le gustó tanto la muñeca, que se la dio a su novia de regalo de bodas.

Juan fue nombrado Ministro de Industrias Textiles, y encargado directo de las muñecas. Estaba feliz de volver a su pueblo, tenía muchas ganas de volver a con sus seres queridos, de vueltas junto con una orden del rey para comenzar la industria, los materiales, y ayudantes.

Pasaron de regreso por la casa de Marisol, pero era tarde y ya no estaba. Ella se fue justo el día en que a Juan se le apareció el ángel, “Claro, ella es un ángel de verdad, y quería que yo me diera cuenta de lo ciego que he sido…”

Juan descansaba al pie del árbol donde conoció a Marisol, la fogata que habían encendido los ayudantes ya se estaba extinguiendo.

Mientras él se quedaba dormido… el mismo sueño volvió pero ya no era un rey, estaba en su aldea, todos lo rodeaban y a su lado la princesa no era otra que Sabrina, que le miraba con un amor infinito.

Juan despertó y todos se levantaban para irse, cuando Juan gritó:

¡Claro es ella!, ¡es Sabrina! Ella es mi princesa, mi amor, mi vida.

Todos le miraron como si estuviera loco, Juan los ignoró. Siguieron su camino hasta finalmente llegar a Hunigan. Juan corrió al encuentro de Sabrina, era todavía de mañana y ella estaba en el prado con las ovejas. Ella al verlo abrió sus brazos y sin preguntas lo recibió con amor, él la besó y ella le correspondió.

Perdóname Sabrina, fui un tonto por no darme cuenta antes, perdóname.

Sabía que volverías a este es tu lugar con tu gente.

Si, si, si… -mientras la besaba-. Te amo Sabrina, ¿quieres casarte conmigo?

¡Claro que sí!, ese es mi sueño dorado, te amo Juan, desde niña te he amado en secreto.

La boda se celebró, y el sueño de Juan se reveló ante él. La industria se abrió y Hunigan comenzó a hacer las muñecas más hermosa y el país comenzó a prosperar, nadie igualaba las hermosas muñecas.

El rey estaba tan complacido que viajó junto con su esposa y su pequeño de dos años. Juan y Sabrina lo recibieron en su hogar con su niña de apenas seis meses a quien llamaron Marisol en honor del ángel que le hizo comprender a Juan su destino.

Juan estaba feliz. Desde la colina donde observaba al valle, recordó a todos los que lo cobijaron y le dieron su amor.

Por último, da gracias a Dios, aunque a veces tengas que vivir nuevas experiencias que te lleven lejos de lo que quieres, así como Juan se dio cuenta que su corazón siempre estuvo en ese maravilloso lugar, que ahora era conocido en todo el mundo como “El Valle de las Muñecas“.

Fin.

Juan y el Valle de las Muñecas es un cuento de la escritora Carmen María Rondón Misle © Todos los derechos reservados.

Sobre Carmen María Rondón Misle

Carmen María Rondón Misle - Escritora

Carmen María nació el 6 de abril de 1966 en La Victoria, estado de Aragua en Venezuela. Se graduó de Bachiller en Humanidades de la secundaria, no realizó estudios universitarios solo cursos de redacción literaria, de teatro, actuación para televisión y se formó como escritora solo leyendo, y con mucha imaginación.

Su primer cuento fue “El Burrito Inteligente” que escribió a los doce años, fue reescrito a los 30 y revisado varias veces hasta que fue publicado en EnCuentos a los 44 años, conjuntamente con cinco cuentos mas, “La cúpula de cristal”, “El maravilloso mundo de los libros”, “El futbol no tiene la culpa”, “El valle de las muñecas”, y este mismo, “El viejo y el tren”. Posteriormente escribió su novela Buenos días buen amigo y luego El Piano roto. También tiene escritos en casa Eolo varios artículos de diferente temas.

Actualmente tiene terminada dos novelas más sin publicación y, estrenándose en el género de terror, escribió un cuento llamado “La piñata” que participó en la categoría de terror del concurso Solsticio de verano.

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