El ruiseñor y la princesa


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El ruiseñor y la princesa

El ruiseñor y la princesa. Cuentos de hadas.

Vivía hace mucho tiempo atrás, en un gran palacio, una hermosa princesa llamada Rosmar, famosa por su belleza.

Tenía rizos rubios, ojos azules muy bellos y usaba vestidos hechos por sus modistos que dejaban impactados a todos los habitantes de ese reino.

Llegada la mayoría de edad, su madre quiso que la princesa se case y forme una familia, como lo hacían antiguamente, muy jovencita.

Pero esta princesita tenía un gran defecto, era muy presumida y soberbia, lo que opacaba su belleza.

De todas partes del mundo, al enterarse de la noticia, comenzaron a llegar príncipes….

Todos quedaban asombrados de su belleza, pero luego de la, y ver lo altiva y presumida que era se iban decepcionados a sus catillos.

Pasaron los días, y no había quedado ningún príncipe que quisiera casarse con Rosmar, quedado sola y sin boda.

Un día de verano, estaba sentada junto a una gran fuente del palacio, cuando sorpresivamente se le acercó un ruiseñor, que posándose en una rama y viendo cómo lloraba, le preguntó qué le pasaba.

La princesa, un tanto asustada, le contó que no había podido cumplir su sueño de casarse y ser feliz como todas las demás

El ruiseñor le habló dulcemente, y le aconsejó que cambiara, que mirara dentro de su corazón y con humildad tratara a sus semejantes con amor y respeto.

-Yo mismo -le dijo el ruiseñor – he sido hace muchos años un príncipe que por su soberbia he sido convertido en un pájaro, y por mi necedad no pude casarme como tú y ser un príncipe feliz como todos.

La princesa no podía creer lo que le contaba el ruiseñor, pero ella encontró una solución, irían juntos a la casa de un hada muy famosa a pedirle ayuda y cambiar sus vidas.

A la mañana siguiente cruzaron el extenso bosque en carruaje y llegaron a la casa del hada.

Ésta los escuchó con mucha atención, y con unos pases mágicos convirtió al ruiseñor en un apuesto príncipe que, emocionado, besó a la princesa y le declaró su amor incondicional.

Ambos felices, le dieron las gracias a la bondadosa hada y regresaron al palacio a preparar su casamiento.

Todos en el palacio quedaron asombrados de este príncipe desconocido que con paciencia y sabiduría acompañó a Rosmar el resto de su vida.

La princesita cambió mucho y se convirtió en una mujer muy buena gracias a este ruiseñor.

Fin

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