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Una leyenda de Reyes 👑 Todos conocemos a los tres Reyes Magos: Melchor, Gaspar y Baltasar…

Por Liana Castello. Cuentos de Reyes Magos para niños y niñas.

Una leyenda de Reyes es una muy simpática historia ¿paralela quizás? sobre cómo los Reyes Magos, Melchor, Gaspar y Baltasar, continúan a través del tiempo, entregando los regalos sin falta, todas las noches del 5 y madrugada del 6 de enero de cada año, al igual que como lo hicieron por primera vez al niño Jesús, en el pesebre de Belén. Es un cuento de la escritora argentina Liana Castello. Luego, podemos leer la «historia oficial», la que más se conoce sobre estos legendarios reyes.

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Una leyenda de Reyes

Una leyenda de reyes - Cuento
Imagen de Needpix

Todos conocemos a los tres Reyes Magos, Melchor, Gaspar y Baltasar. Muchos de nosotros tal vez nos hemos preguntado cómo siguen entregando regalos a los niños a través del tiempo. ¿Cómo puede ser que sepamos de ellos desde el día que le dieron sus ofrendas al niño Dios y luego hayan seguido entregando regalitos a nuestros bisabuelos, a nuestros abuelos, a nuestros padres y a los que hoy son niños?

Existe una leyenda al respecto. Como tal, no sabemos a ciencia cierta si es real o no, pero vale la pena contarla.

Melchor, Gaspar y Baltasar luego de entregar sus obsequios al niño Jesús se sintieron  tan felices y satisfechos con tu tarea, que pensaron en hacer regalos a todos los niños del mundo también para la misma fecha.

Pensaron también, que algún día serían ya viejitos para tanto viaje en camello y entonces encomendaron a sus hijos seguir con tan hermoso legado. Cada uno tenía un hijo varón que se llamaba igual que ellos por lo que, salvo algún rasgo físico no hubo mayor cambio.

Los hijos de los reyes pensaron a su vez lo mismo y pidieron a sus ángeles guardianes que les dieran la bendición de tener hijos varones a quienes encomendar su misión de hacer felices a los niños.

Por mucho tiempo así fue, cada Melchor, Gaspar y Baltasar tenía a su hijo varón, a quien daba el mismo nombre y a quien encomendaba su legajo cuando envejecía.

Sin embargo,  un día de primavera uno de los angelitos se distrajo y Melchor, tuvo como primer hijo, una hermosa niña.

Aunque feliz por el nacimiento de su hija, no pudo dejar de preocuparse por la misión que tenía encomendada.

Dijo que lo intentaría de nuevo y así llegó a las diez hijas mujeres, ni un solo varón.

A la más pequeña, ya sin esperanzas de tener un heredero, la llamó Melchorcita.

La preocupación de los tres reyes y sus herederos era justificada. ¿Cómo harían ahora que sólo había dos jóvenes Gaspar y Baltasar y ningún Melchor?

Ninguno estaba en contra de las mujeres, pero consideraban que sentarse en un camello, viajar miles y miles de kilómetros y cargar bolsas repletas de juguetes, era tarea de hombre. Sin embargo, el Día de Reyes, era tal vez el más esperado por los niños y no podían fallarles.

Melchorcita, siendo ya una joven y cuando empezaba a notarse el cansancio de su padre, decidió que nada impediría que ella cumpliera con el que consideraba su deber.

Se colocó el traje que su papá tenía reservado y se sintió feliz. No le quedaba muy lindo que digamos, muy holgado, por no decir enorme, pero aún así, ella sentía que le sentaba de maravillas y no se equivocada.

Luego de dos semanas, tres días y diez horas de discusión, convenció a sus primos que ella podría hacer el trabajo tan bien o mejor que ellos.

El primer Día de Reyes no fue del todo fácil. Tan grande le quedaba el traje de seda, que más allá de resbalarse del camello, se pisaba la capa cada vez que bajaba a dejar un regalo. La corona le caía sobre los ojos, lo que ocasionaba que guiara mal a su pobre camello que extrañaba jinetes más experimentados.

– Esto no va a funcionar –decía Gaspar agarrándose la cabeza.

– Creo que mejor seguimos solos nosotros dos ¿Te parece? –preguntó Baltasar.

Antes que Gaspar pudiera contestar, se escucho la voz potente de Melchorcita que decía:

– ¡De ninguna manera! Esta misión también es mía y la voy a cumplir como sea. A ver a ver si se corren que no veo –decía la joven mientras se ladeaba a un costado del camello y se corría la corona para ver un poco.

Ambos reyes se resignaron y viendo que nada podían hacer para detener a su prima, la permitieron seguir viaje.

La joven había leído atentamente cada una de las cartitas, por lo que aprendió a conocer mejor que muchos otros reyes a los niños que las habían escrito.

Cuando dejaba un regalito y sabiendo bien para quien era cada uno, dejaba notas junto a los juguetes tales como: «Toma la sopa tan rica que hace tu mamá» o «No duermas tan desabrigado, te vas a resfriar» o «No es bueno que comas tantos caramelos».

Los niños se esa época se sorprendían un poco de encontrar junto a una pelota de fútbol un cartelito rosa con flores dibujadas que dijera: «ten cuidado al patear que puedes lastimar a alguien».

Con el tiempo, todos  se acostumbraron y hasta esperaban las famosas notas que a veces ayudaban a los papás a que sus hijitos se portarán mejor.

Por varios años todo estuvo tranquilo, hasta que Melchorcita se enamoró, se casó  y comenzó a distraerse mucho.

En una casa, junto a las zapatillas, dejó una hebilla de cabello. Grande fue la sorpresa de los padres pues sólo tenían hijos varones y más aún la de los niños que ni siquiera sabían para que sirviera tal elemento.

En otra casa, al ver que la niña que vivía había dejado unos zapatos con taco poco acordes a su edad, le dejó una notita que decía: «No es bueno usar tanto taco, te puede pasar como a mi y caerte muy seguido». Desconcertada, la niña quedó pensando en por qué un rey mago usaría tacos.

En cada hogar un error, una pista que hizo pensar a los niños de esa época en que uno de los famosos reyes magos era una mujer.

El rumor corrió de tal manera que llegó a los oídos de Gaspar y Baltasar.

– ¡No podemos dejar que esto se sepa! –vociferaba Gaspar.

– Tampoco podemos quitarle su derecho de hacer felices a los niños –dijo Baltasar.

– Algo habrá que hacer, pero no se qué realmente –comentó muy preocupado Gaspar.

El angelito estaba escuchando y dispuesto a arreglar su distracción de tantos años atrás, puso manos a la obra.

En poco tiempo todo el reino supo que Melchorcita estaba embarazada. Para antes del Día de Reyes dio a luz a un hermoso varón, a quien por supuesto llamó Melchor.

Continuó haciendo su trabajo cada vez  más cuidado,  hasta que su hijo fue un jovencito. Ya no dejaba pista alguna, pero sí continuaba con su costumbre de escribir las famosas notitas.

Llegó un día en que su hijo Melchor tuvo edad suficiente para hacerse cargo del legajo que, esta vez, dejaba su madre y lo hizo con orgullo y mucha dedicación junto a sus primos.

Dice la leyenda que el angelito jamás volvió a distraerse y en cada descendencia de Melchor, Gaspar y Baltasar, siempre hubo un hijo varón.

Dice también la leyenda que los que fueron niños en esos días atesoran esas hermosas notitas escritas con letra de mamá y los que lo son ahora, lamentan no recibirlas.

Fin.

Una leyenda de Reyes es un cuento de la escritora Liana Castello © Todos los derechos reservados.

Sobre Liana Castello

Liana Castello - Escritora

«Nací en Argentina, en la ciudad de Buenos Aires. Estoy casada y tengo dos hijos varones. Siempre me gustó escribir y lo hice desde pequeña, pero recién en el año 2007 decidí a hacerlo profesionalmente. Desde esa fecha escribo cuentos tanto infantiles, como para adultos.»

Liana fue, durante varios años, directora de contenidos del portal EnCuentos. Junto con este sitio, recibió la Bandera de la Paz de Nicolás Roerich y se convirtió en Embajadora de la Paz en Argentina.

Si quiere conocer más sobre la escritora Liana Castello, puede leer su biografía Aquí.

La «historia oficial» de los Reyes Magos

Adoración de los Reyes Magos - Francisco Rizi
Adoración de los Reyes Magos de Francisco Rizi, Public domain, via Wikimedia Commons

Los Reyes Magos (también conocidos como los Reyes Magos de Oriente) el nombre por el que la tradición denomina a los visitantes, tres según la consideración más extendida, que tras el nacimiento de Jesús, habrían acudido desde países extranjeros para rendirle homenaje y entregarle regalos de gran riqueza simbólica: oro, incienso y mirra.

El evangelio sólo habla de magos, en ninguna parte se indica que fuesen reyes. Esta creencia apareció varios siglos después y se ha mantenido en la tradición popular. Tampoco se mencionan sus nombres en el Evangelio.

Estos «magos», según la creencia católica, eran representantes de religiones paganas de pueblos vecinos que el Evangelio ve como las primicias de las naciones que aceptan, por la Encarnación, la Buena Nueva de la salvación.

En algunos países, normalmente hispanohablantes, existe la tradición de representar a los reyes trayendo los regalos que los niños les han pedido en sus cartas durante la noche anterior a la Epifanía, es decir, la fiesta cristiana en que el hijo de Dios toma presencia humana en la tierra.

La palabra «Mago», proviene del elamita (Ma-ku-ish-ti) que pasando por el persa (Ma-gu-u-sha) y por el acadio (Ma-gu-shu) llegó al griego como Μαγός y de ahí al latín Magi, de donde llegó al español.

Eran los miembros de la casta sacerdotal medo-persa de la época aqueménide y durante todo el reinado de Darío el Medo (521-486 a. C).

La figura católica de los tres Reyes Magos tiene su origen en los relatos del nacimiento de Jesús, algunos, fueron integrados de los evangelios canónicos que hoy conforman el Nuevo Testamento de la Biblia.

Concretamente el Evangelio de Mateo es la única fuente en la Biblia que menciona a unos magos aunque, como dijimos anteriormente, no especifica los nombres, el número ni el título de «Reyes». Son ellos quienes, tras seguir una supuesta estrella que se destaca en el firmamento, buscan al «Rey de los Judíos que ha nacido» en Jerusalén, guiándoles dicha estrella hasta Jesús nacido en Belén, y a quien ofrecen ofrendas de oro, incienso y mirra.

Las tradiciones antiguas que no fueron recogidas en la Biblia, como por ejemplo el llamado Evangelio del Pseudo Tomás (o Evangelios de la infancia de Tomás) del siglo II, son sin embargo más ricas en detalles.

En ese mismo evangelio apócrifo se dice que tenían algún vínculo familiar, y también que llegaron con tres legiones de soldados: una de Persia, una de Babilonia y otra de Asia. Según posteriores interpretaciones, los Magos fueron considerados originarios de Europa, Asia, y de África respectivamente.

Con respecto a que se llamaban Melchor, Gaspar y Baltasar, las primeras referencias parecen remontarse al Siglo V a través de dos textos, el primero titulado Excerpta Latina Barbari, en el que son llamados Bithisarea, Melichior y Gathaspa, y en otro evangelio apócrifo, el Evangelio armenio de la Infancia, donde se les llama Balthazar, Melkon (Melchior) y Gaspard. Los nombres son además diferentes según la tradición siriaca.

Historia y leyenda de los tres Reyes Magos

La tradición más difundida o leyenda de los Reyes Magos, cuenta que los «magos» vinieron de Oriente, en número de tres, y que iban guiándose por una estrella (conocida como La estrella de Belén) que les condujo hasta el lugar del Pesebre.

Allí buscaron al Niño Jesús recién nacido y le adoraron, ofreciéndole oro (representando su naturaleza real, como presente conferido a los reyes), incienso (que representa su naturaleza divina, empleado en el culto en los altares de Dios) y mirra (un compuesto embalsamador para los muertos, representando el sufrimiento y muerte futura de Jesús).

Antes de llegar, encontraron al rey Herodes el Grande en la ciudad de Jerusalén, quien astutamente les conminó a que, de regreso, hablaran con él para darle noticia del sitio exacto donde se encontraba dicho niño; y, así, poder ir él también a adorarle. En realidad, lo que quería era darle muerte, por eso ordenó la matanza de los inocentes.

La historia sigue contando cómo un ángel se apareció a los magos y les advirtió del peligro que corría Jesús si ellos obedecían el deseo de Herodes. Así pues, no volvieron por el mismo sitio.

Parece ser que, sólo por el hecho de que el relato evangélico indicara que las ofrendas eran tres (oro, incienso y mirra), se dio por hecho que eran tres los personajes que los traían. Aunque también en algún momento las distintas tradiciones han señalado que eran cuatro, siete y hasta doce.

La primera vez que surge el nombre con que hoy conocemos a los Reyes Magos es en la iglesia de San Apolinar Nuovo, en Rávena (Italia). El friso de la imagen está decorado con mosaicos de mediados del siglo VI que representan la procesión de las Vírgenes.

Leyenda de los tres Reyes Magos
Los tres Reyes Magos es en la iglesia de San Apolinar Nuovo, en Rávena (Italia).

Esta procesión está conducida por tres personajes vestidos a la moda persa, tocados con un gorro frigio y su actitud es la de ir a ofrecer lo que llevan en las manos a la Virgen que está sentada en un trono y tiene al Niño en su rodilla izquierda.

Encima de sus cabezas se pueden leer tres nombres, de derecha a izquierda: Gaspar, Melchior, Balthassar… Poco a poco la tradición ha ido añadiendo otros detalles a modo de simbología: se les ha hecho representantes de las tres razas conocidas en la antigüedad, representantes de las tres edades del hombre y representantes de los tres continentes (Asia, África y Europa).

La llegada de los Reyes Magos es un tema tratado también en los Evangelios apócrifos. Según la tradición esotérica aplicada al cristianismo, estos personajes procedían del lugar donde se encontraba el Preste Juan.

Otra leyenda de los tres Reyes Magos cuenta que, después de la resurrección de Jesús, el apóstol Tomás los halló en Saba. Allí fueron bautizados y consagrados obispos. Después fueron martirizados en el año 70 y depositados en el mismo sarcófago.

Los restos fueron llevados a Constantinopla por Santa Elena. Posteriormente, Federico I Barbarroja, en el siglo XII, los trasladó a Colonia en Alemania, donde hoy reposan con las coronas que supuestamente llevaron durante su existencia.

Miles de peregrinos empezaron a llegar a Colonia, lo que propició que en 1248 se iniciara la construcción de la Catedral de Colonia, que llevaría más de 600 años terminarla. Hoy día es uno de los monumentos góticos más impresionantes de Europa.

Otro cuento de Reyes Magos de Liana

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