El alado pastor de las alturas



Por Juan Emilio Rodríguez. Cuentos de Navidad

El alado pastor de las alturas es un hermoso y emotivo cuento de Navidad del escritor venezolano Juan Emilio Rodríguez. Cuento sobre el ángel que anunció el nacimiento del Niño Jesús.

El alado pastor de las alturas

El alado pastor de las alturas - Cuento de navidad

La quietud celestial con nubes de arco iris que siempre van y vienen al compás de la brisa marina, estaba alterada aquella noche.

Y era frente al trono de Dios donde precisamente se localizaba el mayor revuelo.

Los pájaros y palomas desde los aleros y piletas de la casa del Padre observaban con asombro el batir de alas mayores, que volvía lejana la música del Paraíso.

Los conejos, ardillas, castores y mapaches detenían sus cabriolas y retozos en los bosques, prados y diques, y se empinaban en sus patas traseras tratando de averiguar qué estaba haciendo aquella inmensa concentración de ángeles, frente al trono mayor.

Ignoraban todos aquellos animalitos que Dios los había convocados para elegir el ángel que anunciaría esa misma noche al mundo, el nacimiento del Hijo de Dios.

Cada ángel, sin ocultarlo, soñaba con la gloria de ser el privilegiado mensajero del inmenso Milagro de Belén.

“Tarará… tarará… Reyes… Emperadores… ¡Ha nacido el Niño Jesús! Tarará.”

Aquellos ángeles que en anteriores oportunidades habían sido enviados por Dios a la tierra portando algún mensaje, eran quienes tenían mayores ilusiones.

El arcángel Gabriel, por ejemplo, con halo y túnica nueva se decía para sí:

“Soy, aunque nunca haya visto el rostro del Señor, uno de sus arcángeles predilectos. ¿Acaso no fui yo quien notificó a María su maternidad divina? Entonces, me dejo chamuscar las alas sino me mandan a mí a pregonar el Nacimiento de Chuíto.” Así llamaba secretamente este arcángel al hijo de María.

Total, que todos los ángeles contenían la respiración cada vez que el intenso resplandor del rostro del Señor les hacía bajar los ojos. Y al creerse observados, rogaban interiormente:

“Que me elija a mí. Que me elija a mí.”

Lo que los ángeles ignoraban era que Papá Dios, con la cara oculta detrás de su nube luminosa, se hacía la siguiente reflexión:

“¿Y ahora a quién mando? Todas estas criaturas tienen méritos suficientes para anunciar al mundo el nacimiento de su Salvador. No debí convocarlos, sino proceder a enviar a uno de ellos. Quizás Miguel… O el ángel que detuvo el sacrificio del hijo de… Abraham.”

Papá Dios empezó a mirar con detenimiento a cada ángel.

Y entonces, una expresión de extrañeza se adueñó de su cara. El profeta Jonás de nuevo dentro del vientre de la ballena, lo hubiera dejado menos perplejo.

A un lado del trono celestial, acostado sobre la superficie celeste y totalmente ajeno a lo que sucedía a su alrededor, un ángel de túnica azul miraba hacia la Tierra por un ventanal.

Incrédulo, pidió el Señor a la paraulata llanera que difundiera un canto de atención.

De inmediato, sobresaltando a las aves y animalitos del bosque, todos los ángeles se apretujaron más frente al trono. Todos, menos el ángel observador que apenas si levantó la cabeza por un instante, para luego seguir mirando hacia abajo.

¿Todos los ángeles del cielo deseando bajar a la Tierra, y aquél túnica azul preferían mirarla desde arriba? ¡La pistola! Allí había un turpial haciéndose pasar por arrendajo.

Papá Dios, bastante intrigado, solicitó a la paraulata que cantara de nuevo.

El resultado fue igual: El ángel ante la aglomeración de los otros, dejó de mirar por el ventanal sólo un segundo. Después volvió a concentrarse en la Tierra.

Dios decidió que ya estaba bueno.

“¿Qué broma era aquélla que allá abajo tenía mayor importancia para aquel alado, que sus cantos de paraulata?”

Rápidamente dieciocho mil quinientas setenta y cinco golondrinas unieron sus alas para que el Creador posara sus plantas, y se acercara al ángel indiferente.

Dios se detuvo a su lado, y observó lo que tanto interesaba al ángel.

Dormido sobre pieles, se veía a un pequeñín. Nada especial si se tomaba en cuenta la hora terrena.

– “¿Qué es lo que miras con tanto interés?” -preguntó Dios al ángel que casi se desprende desde lo alto, al oír la voz del Señor tan cerca-. “Aparte de la convocatoria, he solicitado dos veces atención… y tú, hijo, ni siquiera te has incorporado.”

El ángel luchando por alinear sus alas alcanzó a ponerse de pie.

Y entonces supo Dios, por el amarillo interior de sus alas, que era un adolescente recién llegado de la Tierra la semana anterior.

– “¿Lo que mirabas” -quiso saber Dios– “tendrá más importancia que mis llamados?”

– “De ninguna manera” -contestó presuroso y deslumbrado el ángel de la túnica azul-, “sólo trataba de indicarle a esa criatura en su sueño, dónde se encuentra su oveja extraviada. Lo hacía… lo hacía, Señor, para que el muchachito consiga su oveja el mismo día del nacimiento de tu Hijo. Seguramente, eso siempre le hará recordar con gratitud la Natividad de Jesús.”

Apenas terminó el adolescente de aclarar su situación, Dios desapareció la nube luminosa y le mostró su rostro de Padre satisfecho. Y al instante, mientras una brisa de rocío hacía en sus orejas flopflopflop y una gota de miel se diluía en su boca, el ángel sintió en una sola dicha tres felicidades distintas… lejanas.

La confianza que le transmitía su madre, cuando de carricito se acurrucaba debajo de ella en las noches tormentosas; el regocijo de sus ocho años la mañana que encontró su vieja espada de madera, que creía perdida para siempre; el temblor de su corazón aquel atardecer que él y una pastorcita se tomaron de las manos, para comprometerse secretamente ante la cómplice presencia del lucero vespertino.

Mágica felicidad, unida a la certeza de que su falta de atención había sido perdonada por el Señor.

– “Tu intención es grata a mis ojos” -dijo Dios al adolescente-, “pues es el primer regalo que recibe mi hijo. Pero dime, ¿por qué no estás interesado, como los otros ángeles, en ser el mensajero que bajará esta noche a la Tierra?”

El ángel miró al Creador abiertamente, y respondió sin que le temblara la voz.

– “Lo que ocurre, Señor, es que yo no tengo las cualidades de los otros ángeles que aquí están. Mi origen no es celestial; llegué de la Tierra hace una semana. Fresco está todavía en mis labios el zumo de las uvas que arranqué de los parrales… Y La boca aún se me hace agua cada vez que veo una nube blanca, pues me acuerdo de la cremocidad de la leche de cabra. Si me mandaras a mí te haría quedar mal, Señor… porque confundiría al más humilde servidor de un rey, con el rey mismo… ya que nunca vi a un rey, ni entré a palacio alguno. Yo, Señor, iría en busca de pastores de ovejas; la gente que mejor conozco… pues fui hasta hace poco, uno de ellos. Por lo tanto, no creo saber decirle a la gente importante de la Tierra que hoy nacerá el Mesías.”

Cesó de hablar el ángel, impresionado por el silencio que acogía sus palabras, y repentinamente, tuvo conciencia de su situación, y se aterró:

– “¿Él, un tosco pastor, hablando de tú a tú con el Supremo Creador del cielo y de la tierra, mientras los otros ángeles, verdaderas figuras celestiales, permanecían expectantes? ¡Cayado torcido! Dígame si se le había escapado una impertinencia.”

Dios alzó sus manos, y todos los ángeles serpentearon de inmediato como una ola enorme.

Al ver aquello, el ángel bajó la cabeza y aguardó por una reprimenda.

Pero no. Dios colocó su diestra sobre el hombro del ángel, y le dijo con voz que llenó todo el Paraíso.

– “Eres el ángel indicado para manifestar el nacimiento del Hijo de María ocurrido esta noche, en Belén de Judea. Anda y pregona a los pastores que tú conoces la grata noticia; pues mi Hijo nace para entregar a toda la gente sencilla de la Tierra, la buenaventura de una vida mejor.”

Se dio prisa el ángel al mismo tiempo que la brisa de rocío le acariciaba el rostro y la gota de miel endulzaba sus sentidos, y voló por entre soles, lunas y estrellas, para comunicar la buena nueva a los pastores que velaban los rebaños.

– “Hallarán a un recién nacido envuelto en pañales, y acostado en un pesebre”, anunció jubiloso el ángel al ver las fogatas familiares.

Y entonces, aquel pastorcito, conmovido, ante la pobreza del Pesebre Bendito, subió para ponerse al frente de las legiones celestiales, e inspirado cantó las palabras que siempre repetirá la humanidad cada vez que el mundo celebre la Noche Buena:

“Gloria a Dios en lo más alto del cielo, y en la tierra, gracia y paz a los hombres.”

Fin.

El alado pastor de las alturas es un cuento corto de Navidad enviado por su autor, el escritor venezolano Juan Emilio Rodríguez.

Sobre Juan Emilio Rodríguez

Juan Emilio Rodríguez nació en Caracas el 7 de enero de 1946.

Esposo de Carmen, padre de Israel, María y Noelia, y abuelo de cinco nietos. Reside actualmente en la ciudad de Guatire, sitio donde ha redactado parte de sus obras.

Juan Emilio Rodríguez Hernandez - Escritor

“Yo primero me dedique a mi familia y después que habían crecido, es decir, mis hijos ya estaban grandes y eran adultos trabajadores, fue que comencé a escribir y me di cuenta de ese don que tenia para las palabras, lo hacia porque gustaba, no porque quería figurar en ninguna parte, pero cuando te llega alguna distinción eso te da doble satisfacción” manifiesta Juan Emilio.

Algunas distinciones

  • Premio de narrativa Primer Concurso Literario nacional para Habitantes de Barrios. FUNDACOMÚN. Cuento Ganador: El Retorno. 1976.
  • Mención Honorífica VI Concurso de Cuentos Lola de Fuenmayor. Universidad Santa María. Cuento Ganador: Doñana no está Aquí. 1987.
  • Primer Premio en Concurso Follaje. Suplemento Literario del Diario El Guayanés de Puerto Ordaz. Cuento Ganador: La Curiosa Búsqueda de Cayupe Marceha. 1989.
  • Mención de Honor en V Festival de Cine Nacional de Mérida. Guión Ganador: La lucha barata de Ruperto Tasanta. 1990.
  • Premio Mejor Lector. Biblioteca Paul Harris. 1990.
  • Jurado de la Mención Narrativa (Novela Corta) del Concurso Literario Fundarte. 1992.
  • Concurso de Historias de Barrio Adentro. (Novela) Obra: Ahora Seremos Felices. 2009.
  • Premio. X Concurso Un Fragmento de mi Vida. Asociación Mexicana de Autobiografía y Biografía. Obra: Recuerdo de Escritor Caraqueño de Mopa y Escoba. 2015.

Algunas publicaciones

  • El retorno. Suplemento Cultural periódico Últimas Noticias. Caracas, 31.12.1977.
  • El autodidacta. Suplemento Literario Diario El Imparcial. Revista Estría. Maracay, 05.05.1978.
  • En estos tiempos. Suplemento Cultural Últimas Noticias. Caracas, 05.08.1978.
  • La Maldición. Suplemento Cultural Últimas Noticias. Caracas, 11.05.1978.
  • Desde mi ventana y Demencia. Suplemento Cultural Últimas Noticias. Caracas, 06.07.1980.
  • La curiosa búsqueda de Cayupe Marchena. Suplemento cultural Follaje. Diario El Guayanés. Ciudad Guayana. 26.11.1989.
  • El Alado Pastor de las Alturas. Boletín Cortijo Informa. Revista Corporativa de Empresas Polar C.A., Nov- Dic. 1991.
  • La maldición. Revista de Caracas. Diario de Caracas. 17.05.1992.
  • El coronel. Sección Echa tu Cuento. Últimas Noticias. 12.08.2009.

Libros publicados

  • El retorno y otros cuentos. Fundarte. Caracas. 1992.
  • La Curiosa vida de Trina Josefa. Ediciones Funsagú. Maracay. 2002.
  • Ahora Seremos Felices. Sistema Nacional de Imprenta. Estado Miranda. 2009.
  • El Retorno y otros cuentos afortunados. Editorial El Perro y lla Rana. 2010.

Algunos talleres relacionados

  • Técnica del Guión de cine y televisión. Ateneo de Caracas. 1983.
  • Cuento. Lectura Crítica. Centro de Formación Cultural Angelina Curiel. CONAC. 1989.
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