Por Pablo Rodriguez Prieto. Cuentos cortos misteriosos

Todo parecía preparado para convertirse en un divertido viaje para celebrar las fiestas patronales de San Pedrito en Carac, sin embargo, todo terminó de una forma abrupta por algo que “Solo ellas supieron“. Es un cuento de misterio del escritor peruano Pablo Rodríguez Prieto. Cuentos para adolescentes y adultos.

Luego, si te gusta el cuento de Pablo, por favor, déjanos tus comentarios (✍🏼), califícalo para que otros lo encuentren y lean (⭐) y comparte con otros a través de las redes sociales (🙏🏼). ¡Gracias!

Solo ellas supieron

Camino a San Pedro de Carac

Habiendo partido de Huaral, por un camino carretero ascendente y accidentado lleno de curvas y precipicios, estaban por llegar al pueblo de San Pedro de Carac. El verdor de las chacras colindantes contrastaba con el color de los cerros que se mostraban áridos. Sobre el camión un tanto destartalado, unas veinte personas gritaban alegres al saberse cerca del terruño. Todos jóvenes y entusiastas, volvían para la fiesta en honor a San Pedro, patrón del pueblo. Ni siquiera la incomodidad del viaje, arruinaba el gozo que expresaban.

Paty era la única extraña del grupo, viajaba junto a Vilma su entrañable amiga, compañera de clases y de alguna que otra fiestecilla cada fin de ciclo. La emoción les embargaba, muchos de ellos volvían a Carac luego de algunos años y la fiesta era prometedora. Habría corrida de toros, procesión, buena comida, abundante bebida y baile. Las celebraciones estaban programadas para desarrollarse en cuatro largos días. En cada curva, el conductor reducía la velocidad del vehículo y con mucho cuidado realizaba una peligrosa maniobra por lo estrecho del camino.

A la entrada del poblado, al detenerse el camión, los pasajeros saltaron llenos de euforia. Paty y Vilma fueron las últimas en descender. Quizá esperaron la ayuda de algún cortés caballero que nunca llegó.

El pueblo era pequeño, unas cuantas casas se apiñaban en torno a la plaza principal y más allá las viviendas se ubicaban a la vera de caminos que se alejaban serpenteando el inclinado terreno. Las chicas tuvieron que caminar algunos minutos hasta llegar al hogar de la abuela de Vilma, antigua residente de Carac por ascendencia y por edad, quien se mostró muy alegre con la llegada de su nieta a quien no veía desde hacía mucho tiempo.

El ajetreo en la morada era la expresión que la fiesta había empezado.

Era cerca de media mañana, el día era soleado, pero dentro de la casa se sentía frio. Algunas nubes oscuras amenazaban lluvia, por lo que todos rogaban al santo patrón del pueblo que las aleje para no malograr la fiesta.

El fastuoso almuerzo era acompañado de botellas de cerveza que no dejaba de circular una tras otra. Para la ocasión habían sacrificado un toro y las viandas eran repartidas generosamente. Dos bandas de músicos acompañaban intercaladamente a los convidados en la plaza del pueblo.

Los alegres compases y las cervezas hicieron que las primeras parejas se animaran a bailar. La jarana comenzó con mucha algarabía y no paró hasta el día siguiente en que sacaron de la iglesia, acompañados del cura y su sequito, la imagen de San Pedro.

Luego de recorrer las calles de la explanada en procesión solemne, en las que más de una vez San Pedrito, como llamaban a la imagen, se vio en riesgo de rodar al suelo desde sus andas, retornó a la Iglesia donde un grupo de damas repartía ponche a los trasnochados acompañantes.

La fiesta en las calles continuó durante gran parte del día donde los músicos no paraban de tocar las canciones que estaban de moda. Las largas horas de diversión y los efectos del alcohol ingerido se manifestaba en muchos vecinos, que no pudiendo llegar a sus domicilios se quedaban dormidos en las veredas.

Para la noche se anunciaba la fiesta de gala con una orquesta y a la que solo tendrían acceso los que tenían una invitación especial. Paty y Vilma decidieron descansar por la tarde para disfrutar la difundida reunión.

Por la noche antes de ponerse los vestidos fiesteros, optaron por dar una vuelta por la plaza para disfrutar algo de la festividad popular. Para ello caminaban desde la casa de abuela por una calle oscura y desolada en la que por un lado había una colina elevada y por el otro un barranco de varios metros de profundidad.

En este trayecto sintieron ganas de orinar.

Como quiera que estaban solas y las acompañaba la oscura noche, decidieron hacerlo en medio del camino.

Sin entender por qué, las dos sintieron miedo y se levantaron antes de lo previsto en el momento que de la colina descendía algo que no pudieron entender que era. Avanzaba en desordenado tropel rugiendo como un toro, relinchando como un caballo, mientras se abalanzaba hacia donde estaban las amigas.

Las dos coincidieron que unos enormes ojos rojos fue lo único que pudieron ver en medio de la oscuridad. Se abrazaron muy fuerte mientras gritaban con todas sus fuerzas.

Ojos rojos - Solo ellas supieron - Cuento

Lo que fuera, pasó muy cerca de ellas y saltó por el despeñadero dejando tras sí un último roznido. Luego, un silencio absoluto, pudieron oír el silbido del viento y sentir el frío de la noche que les congelaba la sangre.

Corrieron de vuelta a la casa de la abuela, donde todos estaban en ajetreo alistándose para continuar la fiesta de la noche. Al contar lo sucedido, nadie les creyó. Tal vez por la farragosa explicación los presentes pusieron en duda que hayan gritado tan fuerte, como decían, sin que nadie haya escuchado nada.

Sus gargantas secas y la afonía de sus voces era lo único que evidenciaba el extraño suceso. Enviaron a dos jovencitos para indagar por el lugar, los que retornaron pronto para decir que no había nada extraño.

Ellas insistían que era aterrador lo que vieron, sintieron y escucharon. Igual, nadie les creyó. La abuela les preparó un vaso con agua de azahar para calmar los nervios. Ante la evidente disensión, entendieron que era inútil seguir explicando lo que les ocurrió.

Como resultado, una fuerte abulia se apoderó de ellas, estaban pálidas, sentían que se iban a desmayar, terminaron vomitando.

Para ellas la fiesta se acabó, no les quedó ganas de volver a salir.

Al día siguiente renunciaron a seguir disfrutando las celebraciones de San Pedrito y antes de alejarse del pueblo decidieron investigar por su cuenta en el lugar. Hicieron el recorrido de la noche anterior y encontraron los vestigios de los orines.

En el polvoriento camino solo vieron sus huellas que, al estar asustadas, dejaron dando vueltas en el mismo sitio y más nada. Ni una rama rota, ningún rastro de animal, ni una pista del bulto gigantesco que casi las atropella. Nada en la colina, nada en el barranco. Solo ellas supieron lo que en realidad pasó.

Fin.

Solo ellas supieron es un cuento del escritor Pablo Rodríguez Prieto © Todos los derechos reservados.

Sobre Pablo Rodríguez Prieto

Pablo Rodriguez Prieto - Escritor

“Siento que escribir es una pasión que la llevo muy dentro y lo hago desde muy joven. Hay una selección de mis cuentos que fueron autopublicados en el libro ‘La huida y otros cuentos’. Además, tengo varios cuentos y un par de novelas cortas que espero alguna vez puedan editarse.”

“El Perú es un país muy rico en paisajes y destinos turísticos, con innumerables regiones y climas muy variados. Yo nací en Pucallpa, una ciudad de la región Ucayali en la selva. De niño, por el trabajo periodístico de mi padre radicamos en muchas otras ciudades, esto enriqueció mi espíritu de usos y costumbres muy disimiles que posteriormente se traducen en mi trabajo literario.

Mis inicios fueron escribiendo crónicas que las repartía entre mis amigos sobre experiencias locales que las denominaba ‘Crónicas de la calle’. Prefiero escribir cuentos, pero e incursionado en novela corta y poesía. Soy casado y tengo tres hijos quienes son mis mayores críticos. Cuando ellos eran niños jugaba a escribir sus ocurrencias diarias y casi siempre fueron desechadas, aún cuando guardo esas historias en mi memoria.

Actualmente radico en Lima y desarrollo actividades vinculadas a las artes gráficas. Tenemos una imprenta familiar y en las pocas horas disponibles escribo de a pocos, pero con muchas ganas que mi trabajo lo lea el mundo entero”.

“Soy un convencido que la lectura hace que los seres humanos seamos empáticos, con lo que se puede lograr un mundo más amigable y menos conflictivo. Sueño con un mundo mejor que el que tenemos hoy.”

Puede verse parte del trabajo literario de Pablo en https://pablorodriguezprieto.blogspot.com/

Más cuentos de Pablo Rodríguez Prieto

Si te gustó este cuento corto de misterio “Solo ellas supieron“, te invitamos a dejarnos algunos comentarios (✍🏼), a calificarlo para que otros lo lean (⭐) y a compartirlo con otras personas a través de tus redes sociales (🙏🏼). ¡Gracias!

5/5 - (2 votos)

Por favor, ¡Comparte!



Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *