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Los saqueadores ◁ “Pero ¿cómo así? —siguió el inspector—. Usted vigilaba anoche, ¿cómo que no vio nada?”

En "Los saqueadores" del escritor colombiano Jair Nieto, una noche misteriosa en el cementerio se convierte en el escenario de una aventura temeraria para Andrés y Diana. A medida que se adentran en las sombras, buscan con codicia lo que puedan encontrar entre tumbas y panteones, desafiando sus miedos y el peligro. Con un clima cargado de suspenso y la tensión palpable en cada paso, este breve cuento promete mantenerte al borde de tu asiento mientras la trama se desenvuelve en un crescendo inquietante. ¿Qué descubrirán estos jóvenes en su audaz incursión?

Los saqueadores

Faltaba poco para medianoche. Los cálidos rayos de la luna eran vertidos con suavidad, sobre los árboles, las lápidas y las tumbas del cementerio. Ante la tapia de la parte posterior, estaban los muchachos. Andrés le dijo:

Diana, yo nunca he hecho esto.

¿Te refieres a saltarte la tapia del cementerio a medianoche? ¿qué crees querido, que yo lo hago todos los días? Estás como cobardón.

Pero, ¿si piensas que habrá que robar allí, que valga la pena?

Claro que sí, y con una ventaja, como están bien muertos, no hay quién nos sapee.

¿No? ¿Y el vigilante?

Lo eludiremos.

Escondidos en las tumbas, dijo ella:

¡Pero bueno ya! ¿Entramos o no? Saltemos la tapia y perdamos la virginidad en este asunto, al fin de cuentas todo tiene su primera vez. ¿Si o no?

Así lo hicieron. Andrés subió el muro y ella se apoyo en su pie y el la termino de ayudar halándola de la nalga. Enseguida bajaron y ya estaban dentro.

Justo en ese momento, el lúgubre sonido de un búho, cantando su triste elegía, hirió el silencio de la noche y Andrés saltó sobre Diana, poniendo su mano sobre su seno derecho al abrazarla.

Bueno, bueno. Es miedo o te estás haciendo el pendejo, —le dijo Diana—. De pronto te caliento un cachete si sigue en esas. ¿Oís?

No, no, tranquila Dianita, estoy nervioso. Fumemos algo antes —y diciendo esto sacó un porro de bareta del bolsillo y fumaron ambos.

Empezaron su recorrido por los panteones, uno junto al otro, buscaban cosas que llamaran su atención, generalmente cobre, bronce o algún metal parecido. No eran tan ingenuos para creer que habría oro, pero bueno así fuera solo con un baño del metal algo aumentaría su valor.

Nada turbaba el sepulcral silencio de la noche, solo oír murmullos, cantos de grillos y el fulgurar de algunos cocuyos. Ya llevaban a medio llenar el costal que tenían para tal ocasión.

Dos jóvenes saqueadores de cementerio caminando entre lápidas - Los saqueadores - Cuento

Corría ya media mañana. Un solecito agradable calentaba el ambiente, aunque de por si este tenía mucho de calor, ante la situación que se presentaba. El inspector de policía preguntó:

Bueno que pasa que no traen al vigilante de la noche. Lo necesito aquí rápido.

Ya lo ubicaron señor inspector —dijo el agente policiaco—. No estaba en la casa y hubo que buscarlo, pero tranquilo que ya llega.

El inspector seguía fumándose un cigarrillo Parliament. Lo saboreaba con fruición mientras esperaba. De pronto lo llamaron:

Aquí esta, ya lo trajeron.

El inspector arrojó la colilla y salió al encuentro del asustado vigilante que ignoraba para que era requerido tan temprano. El inspector, después de saludarlo, le dijo:

Venga conmigo.

Lo llevó atrás de un gran panteón, donde se hallaban varios policías y mostrándole el espectáculo le dijo:

¿Usted que sabe de esto?

La cara del vigilante cambió de miedo a terror y casi llorando, contestó:

No se señor, no sé.

Pero ¿cómo así? —siguió el inspector—. Usted vigilaba anoche, ¿cómo que no vio nada? Son saqueadores. Y si fue usted, es un atenuante. Dígame la verdad.

No señor, se lo juro, yo no fui. A veces hago trabajos extras y me llamaron hoy y ayer. Cuando llegué al turno estaba cansado y me metí en una bóveda a descansar.

Ah, y ¿qué pasó? —preguntó el inspector.

Señor me da pena, pero me quedé dormido.

El inspector voleaba la cabeza de un lado a otro. No podía creerlo. Miraba con tristeza el par de cadáveres tan jóvenes y después miraba al asustado vigilante.

Entre tanto una cabeza se medio asomaba por encima de la tapia y en baja voz mascullaba:

Los muertos se respetan, ¡carajo!

Fin.

Los saqueadores es un cuento del escritor José Jair Nieto González © Todos los derechos reservados. Prohibida su reproducción total o parcial sin la expresa autorización de su autor.

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