El bosque enfadado 😤 La naturaleza tiene sus propias herramientas.

Por Liana Castello. Cuentos sobre el cuidado ambiental

El bosque enfadado es un brillante cuento sobre la enseñanza del cuidado del medio ambiente realizado por la escritora argentina Liana Castello. Es una historia que se ha utilizado e ilustrado infinidad de veces en videos, exposiciones escolares y, hace algunos meses, en la Expo Ambiente 2020, realizada en forma virtual en su 25º edición.

Luego, si te gusta el cuento de Liana Castello, por favor, déjanos tus comentarios (✍🏼), califícalo para que otros lo lean (⭐) y comparte con otras personas, especialmente niños y niñas, a través de tus redes sociales, o puedes descargarlo como PDF y compartirlo por Whatsapp (🙏🏼). ¡Gracias!

El bosque enfadado

Hace muchos muchos años, existía un bosque que estaba situado justo en el corazón de lo que era -en ese entonces- un pueblo pequeño. En esos tiempos el bosque se erguía firme y orgulloso, brindando sombra y un cálido refugio a muchos animalitos. Sus árboles eran fuertes, altos, sanos.

Aves, reptiles, ardillas, lechuzas, ciervos y muchos animalitos pasaban sus días en armonía, se alimentaban de la hierva siempre fresca, tomaban el agua limpia de los arroyitos y dormían bajo la sombra generosa de la copas de los árboles.

Así fue por mucho tiempo, tanto que ni siquiera el abuelito más viejo recuerda.

Era un bosque “encantado”, pero no porque allí ocurriesen cosas mágicas o extrañas, simplemente era “encantado” pues estaba encantado de ser un bosque tal y como era.

Pasaron los años y con ellos muchas cosas cambiaron.

El pueblito que rodeaba al bosque ya no era tal, se había convertido en una ciudad. Había más casas, más fábricas, más gente y sobre todo mucha, pero mucha más basura.

Casi sin darse cuenta, el bosque fue cambiando su paisaje. El agua ya no era transparente y limpia. Los animalitos muchas veces enfermaban por tragar bolsas de plástico o basura que la gente dejaba luego de hacer un picnic.

La hierba ya no crecía feliz, pues en muchos sectores del bosque el fuego había dejado su marca para siempre. Los árboles no respiraban igual, porque el aire estaba contaminado y tampoco podían alimentarse bien, el suelo ya no era el mismo. Es más, no había la misma cantidad de árboles que antes, muchos habían sido talados para utilizar su madera.

Todos los animalitos se asombraban cuando escuchaban los relatos de los añosos árboles que les contaban cómo era la vida antes que el pueblito fuese lo que era hoy en día.

Les costaba creer que antes el agua podía tomarse sin que a nadie le doliese la barriga y que no hubiese peligro de tragar algo que no fuese un rico fruto.

– “¡Esto no es vida!” –dijo un buen día un ciervo cansado ya de comer pasto quemado.

– “¿Hasta cuándo viviremos así?” –preguntó un pino mientras tosía y su copa se mecía.

– “Habrá que pensar algo amigos” –contestó un conejo que se agarraba su pancita con sus cuatro patas y sus dos grandes orejas– “el agua del arroyo no se puede tomar”.

– “Bosques encantados eran los de antes. Miren nuestro aspecto ahora, más que encantado, parecemos un bosque enfadado” –comentó el árbol más viejito de todos.

No eran ellos en realidad quienes debían tomar cartas en el asunto, sino las personas que habitaban la ciudad y no cuidaban la naturaleza como debían.

Aún cuando los animalitos del pobre bosque enfadado nada habían pensando, la fuerza de la naturaleza se hizo sentir solita, sin ayuda de nadie.

El estado en que el bosque se encontraba, no era triste sólo por su aspecto, sino por sus consecuencias.

Al haber talado tantos árboles, ya la ciudad no tenía la sombra fresquita de antes, el clima estaba enrarecido y el calor era mayor del que la gente podía aguantar.

Ya no había tantas copas generosas que taparan la fuerza con la que el sol se hacía sentir. Abundaban las gorras en la cabeza y la gente empezó a salir menos de sus casas.

El agua enfermó también a los habitantes de la ciudad, no sólo a los animalitos.

Los cultivos y las flores comenzaron a escasear y con ellos sobrevino el hambre y la tristeza.

Parecía una pesadilla, donde los habitantes de la ciudad veían en el bosque una especie de monstruo enojado que mostraba su furia y la hacía sentir.

Y, como en una pesadilla, la realidad no era la que se cree ver.

Aún así, sin que el bosque hubiese querido asustar a nadie, ni se hubiese convertido en un monstruo, la gente comenzó a tener miedo por primera vez.

Los animalitos que muchas veces se hacían una escapadita a la ciudad, que no eran todos por cierto, se enteraron que la gente estaba muy asustada y más preocupada todavía.

– “Escuché que la gente piensa que todo el bosque está muy enojado con ellos” –comentaba una ardillita que venía de una feria donde había comido todas las nueces posibles.

– “Yo escuché que creen que los estamos castigando” –decía un pino muy alto que movía su copa a su antojo para escuchar conversaciones lejanas y ajenas.

– “¡Eso no es verdad! No estaremos de lujo, pero no queremos hacerle daño a nadie” –contestó el conejo que seguía agarrándose su pobre barriga.

– “Déjenlos que crean lo que quieran, ellos han sido los responsables de este desastre. Un buen susto no les vendrá nada mal” –sentenció el árbol más añoso y al cual todos escuchaban y respetaban.

El viejo árbol continuó:

– “Es más, cuando alguien venga a pasear lo ayudaremos un poquito más a tomar conciencia.”

El ciervo empezó a preocuparse, tenía miedo que los años hubiesen echado a volar el buen tino que siempre había tenido el árbol.

El viejo árbol decidió que por primera vez en su vida, se daría el gusto de hacer una travesura, que en definitiva, sólo tenía un buen fin.

Les pidió a las ardillas que a cada persona que pisase el bosque le arrojasen en la cabeza cuanto fruto encontrasen.

– “¿Es necesario?” -preguntaba dudoso el ciervo que ya estaba seguro que el árbol había perdido la cordura.

– “Será divertido y voy por más” –contestó seguro el viejo árbol.

– “¡Ay no! ¡qué alguien detenga a este anciano por favor!” –gritaba el ciervo sin agarrarse los cuernos porque no le era posible, nada más.

El árbol ordenó a todos los búhos que vivían en las ramas de los árboles del bosque que, cada vez que alguien quiera cobijarse bajo la sombra ya escasa de alguno de ellos, empezaran a hacer “buhhhh” o el sonido que pudiesen, pero que provocase miedo.

– “¿No será demasiado?” –preguntaba el ciervo ya en forma de súplica.

– “No será la mejor forma, reconozco, pero creo que los ayudará a cuidarnos y cuidarse un poquito más.”

El bosque entero se puso en marcha, bajo la constante queja y duda del pobre ciervo.

No hubo persona que entrase al bosque, que no notase algo extraño, y como ninguno tenía la conciencia tranquila, entendieron lo que la naturaleza solita había tratado de explicarles antes.

La voz corrió muy rápido en la ciudad, ya nadie tenía dudas que el bosque –de una u otra manera- se estaba quejando, sonidos extraños, frutos lanzados, ramas que asustaban. Todo esto sin contar lo que venían notando hace tiempo en la ciudad, la temperatura, el agua intomable, la poca vegetación.

Muchas veces, a las personas nos cuesta entender cosas que, en realidad, son muy sencillas y que saltan a la vista. Fue necesario que el bosque tomara cartas en el asunto, para que la gente, ahora sí consciente del daño que le estaba haciendo, lo cuidara un poco más y en definitiva se cuidara a ella misma.

Todos comenzaron a cambiar su actitud y si bien el daño causado ya no podía revertirse, sí podían evitar daños mayores.

Así fue que la gente de la ciudad comenzó por no cortar más árboles, siguió por plantar nuevos, no usó más bolsas de plástico, no hizo fuego en el bosque y muchas más cosas que protegieron no sólo al bosque, sino a todos. De esa manera vivieron mucho más tranquilos y felices, sobre todo el ciervo que ya no tuvo que preocuparse por las ideas del viejo árbol.

Fin.

El bosque enfadado es un cuento de la escritora argentina Liana Castello © Todos los derechos reservados.

Sobre Liana Castello

«Nací en Argentina, en la Ciudad de Buenos Aires. Estoy casada y tengo dos hijos varones. Siempre me gustó escribir y lo hice desde pequeña, pero recién en el año 2007 decidí a hacerlo profesionalmente. Desde esa fecha escribo cuentos tanto infantiles, como para adultos.»

Liana Castello fue, durante varios años, Directora de Contenidos del portal EnCuentos. Junto con este sitio, recibió la Bandera de la Paz de Nicolás Roerich y se convirtió en Embajadora de la Paz en Argentina en 2011.

“Respecto de los cuentos para niños puedo escribir cortos y largos, en rima o prosa, lo que todos tienen como hilo conductor, es el mensaje que trato de transmitir. Siempre pienso en un valor para transmitir a la hora de escribir y esto puede ser a través de una historia corta o de un cuento largo.”

Si quiere conocer más sobre esta impresionante escritora, puede leer su biografía Aquí.

“El bosque enfadado”, cuento realizado por la Escuela Naciones Unidas

Un hermoso trabajo realizado por los docentes y alumnos de la Escuela Naciones Unidas sobre el cuento El Bosque Enfadado, de Liana Castello y con motivo del Año Internacional de los bosques.

“Nuestra escuela se llama Naciones Unidas y, en honor a su nombre, cada año, festejamos el Patrono de la Escuela a fines de octubre tomando como motivo central el que cada año declara la Organización de las Naciones Unidas.”

Este 2011 fue dedicado al Año Internacional de los Bosques y, entre otras actividades se trabajaron todos los cuentos clásicos infantiles en los que intervinieran los bosques.

Al momento de definir lo que se realizaría para el acto del Patrono, trataron de buscar algo para representar la importancia del cuidado de los mismos y, buscando en la red, encontraron un cuento de Liana Castello llamado “El bosque enfadado” que adaptaron con su permiso y con el que realizaron una obra interpretada por alumnos de 1°, 2° y 3er grado, a través de la cual se intentó concientizar en los pequeños (y también en los grandes) acerca del cuidado e importancia que merecen los bosques.

Se agregaron al texto diálogos con los personajes de los cuentos clásicos y otros de la realidad actual y la vida cotidiana. A modo de escenario se utilizó un video proyectado sobre el fondo del salón que acompañaba las diferentes escenas de la obra y las voces de los chicos fueron previamente grabadas por ellos mismos para armar la pista de audio y así utilizarla a modo de “playback” y pudieran actuar más libremente ese día.

“Creo que lo logramos…”

Cuentacuento “El bosque enfadado”

Con motivo de la Expo Ambiente 2020, realizada por primera vez en forma virtual en su edición número 25, se utilizó el cuento “El bosque enfadado” y aunque no se solicitó el permiso 😥 ni se referenció a la autora 😭 de este didáctico cuento, vamos a compartir el enlace del cuentacuento hermosamente ilustrado por la Fundación Hélice A.C.

Expo Ambiente 2020 “La hora de la naturaleza”

“Exposición originada de la necesidad de crear más espacios para lograr un acercamiento entre la comunidad y las organizaciones de todos los sectores que trabajan a favor de la conservación y protección del medio ambiente; su objetivo es concientizar y promover la participación de la ciudadanía en esta importante labor.”

Y si te gustó el cuento “El bosque enfadado”, por favor, déjanos tus palabras en los comentarios (✍🏼), califícalo con estrellas para que otros lo encuentren y lean (⭐) y comparte con los más pequeños a través de las redes sociales, o puedes descargarlo como PDF y compartirlo (🙏🏼). ¡Gracias!



5 comentarios en «El bosque enfadado 😤 La naturaleza tiene sus propias herramientas.»

  1. Creo que el cuento es precioso, y esto es lo que debe importar. He visto mucha gente que critica su extensión, lo cual creo que no es relevante. El buen lector se enfoca únicamente en el contendio y en el empleo de recursos literarios. El que se preocupa por la extensión y se “cansa” es el lector mediocre

  2. Liana, me gustó y me pareció interesante para poder incluir en nuestro proyecto escolar de medioambiente en conjunto con el taller de lectura. Soy docente primaria y hace años que tomo esta modalidad del recurso del cuento ambientalista para disparador del proyecto.

  3. Bello cuento, Liana. Para leer y reflexionar sobre las pequeñas cosas que podemos hacer cada uno de nosotros para cuidar el medio ambiente ¡Felicitaciones!

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