Dagoberto y Rigoberto hacen magia. Cuentos infantiles


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Dagoberto y Rigoberto hacen magia es un cuento de la colección cuentos infantiles de la escritora Liana Castello sugerido para niños a partir de nueve años.

Cierto día llegó al reino un gran mago, famoso y de mucho prestigio. El rey lo había llamado para una fiesta que se celebraría en el palacio.

El mago llegó con una gran maleta, una galera, una paloma, una varita, cajas con estrellas pintadas y pañuelos de todos colores.

Era la gran fiesta de fin de año, en la que el rey invitaba al reino entero a disfrutar. Ricos, pobres, comerciantes, campesinos, todos se preparaban para la gran celebración.

El rey quería ofrecerle a todo el pueblo una noche feliz, una noche distinta y que, al menos por esa noche, algunos olvidasen sus tristezas, comieran ricos manjares, bailaran y cantaran, aún sin motivo.

Dagoberto y Rigoberto ayudaron con los muchos preparativos de la gran velada. También ellos estaban ansiosos por ver la actuación del gran mago, no era para nada usual que un mago visitase el reino.

Llegó la gran noche y todos, sin excepción, entraron al gran salón del palacio que de fiesta estaba vestido. Esa noche todos eran iguales, a nadie le importaba qué hacía el otro, cuánto dinero tenía, dónde vivía o qué ropas solía vestir. Era una noche verdaderamente mágica y no por la visita del mago, sino porque todos tenían las mismas posibilidades de disfrutar, de ser felices, todo estaba al alcance de todos y todos eran felices por igual.

Llegó el momento más esperado de la noche, el mago hizo su entrada triunfal. Vestía de negro, tenía una galera y una gran capa. La música se puso a su disposición, ya nadie se movía y todos estaban expectantes. Nadie comía, ni bebía, ni siquiera hablaban. El mago comenzó a desplegar truco, tras truco, naipes, pañuelos, palomas.

El pueblo todo miraba asombrado a ese hombre que hacía cosas que parecían imposibles. Nadie entendía cómo hacía lo que hacía y eso era lo mejor, no intentar entender, dejarse asombrar.

Aplaudían sin cesar, abrían sus ojos con verdadera sorpresa. Campesinos, nobles, sirvientes, comerciantes, bufones disfrutaban por igual de algo que jamás habían visto y, tal vez, no volvieran a ver jamás. Nadie quería que el espectáculo terminase, pero el mago debía partir. Tanto era el entusiasmo de todos que tuvo que repetir varios trucos.

El mago era un hombre sabio y no precisamente porque supiese la cantidad de trucos que sabía, sino porque conocía la mirada de las personas. Se dio cuenta que muchos necesitaban más noches de magia en su vida, que con una fiesta sola no alcanzaba. La gran celebración terminó y cada uno volvió a su casa, a su riqueza o su pobreza, a su campo o a su tienda.

El sabio mago quiso hablar con Dagoberto y Rigoberto a quienes ya había aprendido a querer.

-Les dejaré un regalo-dijo conmovido.

Los amigos se miraron asombrados y dejaron que el mago continuase:

-Hoy fue una noche mágica, pude verlo en los ojos de la gente. Algo es seguro: estas personas necesitan más noches mágicas en sus vidas y yo debo partir.

El mago tomó su gran galera y se las entregó a Dagoberto y a su gato. Les enseñó algunos trucos, los mejores, los que más atesoraba, para que pudieran alegrar a la gente. Los amigos agradecieron ese gesto de bondad y se convirtieron ellos también en grandes magos. Dagoberto y Rigoberto habían aprendido algo más que trucos de magia.

Recordando la alegría de esa gran noche en la que todos eran iguales y todos disfrutaban del mismo modo, decidieron que esa magia continuase.

A partir de ese día, llevaban su magia a todas las personas del reino, sorprendían, alegraban, regalaban sonrisas y ojitos de asombro. Pero algo más importante sucedió. El rey decidió que no tenía por qué esperar a que terminase el año para dar una gran fiesta para todos.

Las grandes celebraciones en el palacio comenzaron a ser una costumbre, algo que se repetía varias veces al año. Y en cada una de ellas, ocurría algo mucho más mágico que trucos salidos de una galera: todos se unían, aprendían a conocerse y a quererse y todos y cada uno de los habitantes del reino fueron mucho más felices.

Aprendieron que la verdadera magia no está en una galera, sino en un corazón abierto que se brinda al otro.

Fin

Todos los derechos reservados por Liana Castello

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Dagoberto y Rigoberto hacen magia es un cuento de la colección cuentos infantiles de la escritora Liana Castello sugerido para niños a partir de nueve años

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